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Comunicación y redes sociales, la Carta y la Tercera Guerra Mundial

Mauricio Tolosa Publicado: 10 diciembre, 2011

El mismo día, la “Tercera Guerra Mundial” y la difusión de una “Carta del Partido Comunista” que acordaba un pago de $350.000 a un dirigente secundario, fueron noticia en las redes sociales en Chile. Ambos hechos se transformaron en TT, Temas del Momento, en Twitter. Con la “Tercera Guerra Mundial”, los bits de la red alarmaron y generaron miedo: una amiga me llamó por teléfono angustiada preguntando “¿Qué va a pasar? ¿Qué vamos a hacer?”. Con la “Carta”, el gobierno estuvo al borde de vivir una nueva una crisis comunicacional.

En YouTube, Facebook y Twitter circulan a diario las insólitas conversaciones de la diversidad humana. Recuerdos familiares e ídolos, teorías conspirativas, religiones y sectas, esperanzas y autoayuda, fantasmas y extraterrestres: todo lo que alguna vez escuchó hablar y mucho menos de lo que escuchará. Lo que llama la atención de los dos hechos que nos ocupan, es que ambas están al límite de ser “verdad”, considerando que ese límite es bastante móvil dependiendo de nuestras creencias, experiencias o estado de ánimo, y, sobre todo, de nuestra confianza en quién lo dice.

La “Carta” –se supo posteriormente- era una broma entre estudiantes, y efectivamente visto desde hoy, con forma y contenido propios de una broma. Pero en un contexto sensible la lectura fue otra. La “Carta” rebotaba en Twitter en un lánguido viernes semi-feriado, hasta que Pablo Matamoros, Asesor Web de la Presidencia de la República de Chile (según su perfil en linkedin), se hace parte. El experto en comunicaciones twittea la carta con un comentario personal “Así con la cosa: el PC le ofrece un sueldo a los dirigentes secundarios  http://bit.ly/tutRTR”. Por su cargo y credibilidad, el tweet se transformó en “Acusación de Estado contra el Partido Comunista”.

A partir de ahí, en Twitter se expresan varios mundos. Uno de derecha que retwitea y amplifica al asesor, que descubrió una prueba concreta “de la intervención y las formas de operar más sucias del Partido Comunista”. Por otra parte, una lectura crítica de la forma, el contexto, la calidad de la información, de la carta develaba un “montaje” de mal gusto. En minutos, el asesor se desdijo y pidió disculpas y la cosa pudo haberse cerrado ahí. Pero con los antecedentes de Chile y la desconfianza instalada, emergía la sospecha “del origen de la carta en alguna oscura oficina de la policía del estado”.  Todo se desinfló con el reconocimiento de una “dirigente secundaria indignada” que reconocía que se trataba de una broma de mal gusto gestada por un grupo de amigos.

Algo similar sucedió con la “Tercera Guerra Mundial”. Un blog llamado “La Hora del Despertar, la verdad os hará libres” debuta en la red, publicando como primer artículo una  narrativa sobre la Tercera Guerra Mundial digna de Misión Imposible 18. El artículo es rebotado en Facebook y Twitter, causando alarma, indignación y llamados a la acción en los internautas chilenos.  Asumiendo que una noticia tan importante estaría en los medios de comunicación de todo el mundo, para confirmar la información bastaba Googlear “Tercera Guerra Mundial” para darse cuenta que la noticia no existía. Sin embargo, “El Mostrador, el primer diario digital de Chile”, que durante la década pasada alcanzó un cierto prestigio por la calidad de su información e investigación,  valida la información, copia, y titula “China estaría ordenando a su ejército prepararse para una Tercera Guerra Mundial” utilizando “La Hora del Despertar” como única fuente.

Ambos hechos, la Carta y la Guerra, confirman distintos ámbitos de preguntas que adquieren vitalidad con la aparición de las redes sociales y los movimientos ciudadanos del 2011. ¿Cómo se forman las nuevas verdades colectivas en tiempos en que todos pueden postular “una verdad y expandirla”?  ¿Ante la debilidad de las instituciones validadoras de verdades comunes, quiénes son los nuevos filtros validadores de los consensos y acuerdos?  ¿Con ciudadanos parapetados en sus creencias, dispuestos a creer lo que quieren creer como se generan conversaciones, diálogos y nuevos acuerdos de convivencia? ¿Cómo aprenden los ciudadanos a practicar una mínima lectura crítica de los medios y la avalancha de producción informativa que cualquiera puede generar desde su computador?



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