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Frankestein en el Liceo

Andres Rojo Publicado: 10 junio, 2011

Para el oficinista o el empleado público que va caminando por la calle, pensando qué consecuencias tendrá para su ajustadísimo presupuesto los problemas por los que pasa La Polar y la inflación real, el encontrarse con una marcha de estudiantes secundarios o universitarios puede constituir un verdadero shock frente al cual puede reaccionar con simpatía o franco malestar.

Inevitablemente tendrá que escuchar las consignas estudiantiles, demandando una educación de calidad, y es posible que llegue a pensar que si él mismo hubiera tenido mejores oportunidades en la vida no estaría ahora sufriendo una úlcera por pensar la forma de llegar a fin de mes. La verdad es que no le importa mucho que el Ministro de Educación diga que son una minoría o que los jóvenes están infiltrados por los comunistas. Lo que ve es que son muchos y, sin darse cuenta, tiene que decidir en su inconsciente si se siente reflejado por los muchachos o si, por el contrario, los percibe como a unos monstruos, como a un Frankestein al que hay que acorralar hasta eliminarlo encendiéndole fuego, pero inevitablemente tomará una opción de acuerdo a sus propias expectativas.

Es por esa razón que cuando se deja hablar a los apoderados, la mayor parte de las veces apoyan a sus hijos porque entienden que, de lo que se trata, es que ellos puedan tener mejores oportunidades de progreso personal que el que han tenido sus padres. Quienes no lo ven de esa forma, es probable que piensen que están ocasionando un desorden que, en definitiva, perjudicará más a los estudiantes que al resto de la sociedad, además de sentirse violentados en su tranquilidad por los inconvenientes creados por las manifestaciones.

Ante la tentación de desechar las protestas estudiantiles como un simple divertimento juvenil y asumir la posición de lucha generacional, hay que insistir que este no es un movimiento en contra de los adultos sino contra el legado que los adultos hemos ido dejándoles a los jóvenes, junto con las habituales declaraciones rimbombantes sobre la relevancia de la educación en nuestra sociedad.

Los liceanos y universitarios no quieren la censura de sus mayores, sino su cooperación y lo único que deben entender los adultos es que tienen una responsabilidad con los estudiantes -aunque no sean sus hijos- porque es a través de ellos que se construirá un país mejor.

Si de verdad creemos que los jóvenes son el futuro, que la educación es el motor del desarrollo, que tenemos un deber ético legando a las nuevas generaciones una posibilidad real de progreso, tenemos que apoyar las demandas estudiantiles, sugerir ideas, acompañarlos, indicar alguna corrección necesaria, pero no perseguirlos como a Frankestein con antorchas en la mano y pidiendo la destrucción de aquello que nos molesta simplemente porque no lo comprendemos.

 



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1 Comentario

  1. Alejandra YermanyAlejandra Yermany ha comentado

    Suuper bien dicho! es vital entender que tal como tu dices “este no es un movimiento en contra de los adultos sino contra el legado que los adultos hemos ido dejándoles a los jóvenes”…no se trata de ir en contra porque sí…es muucho más que eso y lamentablemente hay quienes no quieren darse el tiempo de reflexioanr sobre las razones de estas manifestaciones.. Gracias por tu artículo! :)

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