SITIOCERO

Yessica UlloaVictoria Uranga HarboeMalucha PintoHernán DinamarcaMauricio TolosaMariluz SotoAndres RojoCarolina CádizAlberto Fuentes CecereuAlejandra YermanyPatricia MoscosoJuan RodesFesal ChaínJosé Manuel VelascoGustavo Adolfo BecerraDavid MartínezAntonieta Dayne
Semana 156

Francisco Varela: Muchos talentos, un gran corazón

Gustavo Jiménez Publicado: 6 julio, 2011

Han pasado más de diez años de su muerte. En este texto, Gustavo Jiménez, compañero de infancia y de camino de Francisco Varela, recuerda a “un científico y pensador más conocido y admirado fuera que dentro de su país.”

Francisco en su vida fue eminentemente un científico, pero también un gran pensador que trascendió las fronteras del conocimiento.   Se educó en un colegio cristiano, pero abdicó de sus postulados y creencias tempranamente, al completar la secundaria en la década de 1960, al igual que con la política, unos pocos años después.

Con frases como “Orden sin fundamento: Una paradoja que algunos llaman Dios”, muestra que manejaba una epistemología sutil y profunda, y que más allá del juego de palabras, decía lo que pensaba y hacia lo que decía.

Desde la ciencia, Varela decía que a pesar que todo aparece como tal cual, y las cosas, se nos aparecen con “todo detalle”, nada de lo maravilloso que nos aparece -en todos sus múltiples detalles- tiene una sustancia completa y sólida que la constituya en sí misma, es decir que hay un quiebre en esa sutil “frontera” donde termina la realidad y comienzan los sueños, que es similar a los “saltos cuánticos” de los electrones de energía del mundo subatómico.

Las cosas aparecen pues, pero no son tan sólidas como parecen. Aquel límite, algo incómodo, es el que Varela, tempranamente, supo distinguir con bastante lucidez gracias a su intuición y su posterior investigación sobre estas. Y al desarrollo “del ojo de sabiduría” que le proveyó el  meditar  regularmente y estudiar budismo casi 25 años.

En su afán por avanzar hacia una unión algo extraña de la experiencia, una especie de ambigüedad en el conocer -incluso en la percepción- que da margen a que la vida se nos aparezca tan maravillosa, y a la vez tan impredecible, Varela dedicó la última parte de su vida (1990 – 2001) a promover una convergencia entre ciencias cognitivas y la espiritualidad.

Hizo varios intentos fallidos con Lamas, swamis y científicos, que resulto ser un cacofonía de egos en que nadie escuchaba a nadie. Luego de varios intentos, estableció una alianza sutil con Dalai Lama, filántropos norteamericanos y científicos budistas y taoístas y fundo el “Mind and Life Institute”.

Fundó, junto con el Dalai Lama el “Mind and Life Institute”, un fructífero diálogo de científicos con maestros de la ciencia de la mente provenientes del budismo, en lo que puede considerarse una experiencia científica y espiritual.

¿Cuál es el poder de la ciencia?   En síntesis, son tres: Es falible, es predictiva y duda sistemáticamente. Sus conclusiones son tentativas y provisorias. En ciencia nada es definitivo, puede cambiar. Toda teoría se puede disolver y convertir en otra teoría nueva; es predictiva porque usa generalmente modelos matemáticos o biológicos y hace afirmaciones basadas en la probabilidad; y en cuanto a la duda sistemática de la ciencia, está muy cerca del escepticismo, el no creer nada hasta ser comprobado.

Varela comenzó a dudar sistemáticamente muy temprano, y por ello también se alejó de la política. Cierta vez, habiendo leído el libro llamado “Dialéctica de la Naturaleza” de F. Engels, dijo:”habría que escribir otro libro, que se llamara -naturaleza de la dialéctica”-.

Respecto a la educación chilena, Francisco Varela es una influencia desde que en 1994 escribió con Fernando Flores, el articulo “Educación y Transformación: preparemos a Chile para el siglo XXI”, a pesar de que no se publicó y se aspiraba a que fuera un libro.   Quienes lo leyeron, vieron que Varela, sin ser un futurista, anticipó la revolución digital de Internet y su impacto mediático en la cultura, y anticipo en parte, —sin querer—, un “malestar general”  con el modelo mercantilista, estático y reduccionista,  de gran parte de la educación chilena.

Una reflexión pausada sobre el posible impacto del trabajo de Varela en educación con un nuevo paradigma, es la del maestro chileno, Jaime Valdés, director del Colegio “Altamira” de Santiago por diez años. Sus reflexiones sobre neurociencia y educación son muy potentes. Valdés, revisa el concepto de “Enacción” que Varela dejó enunciado y que quizá no alcanzó a desarrollar.

En su ingreso al mundo de la espiritualidad, algo más allá o acá de la religión, Varela expone que ésta responde a una búsqueda de la verdad de la vida, por diversos medios. A semejanza de la ciencia, el buscador espiritual se enfrenta con paradojas (verdaderos “dragones” y “monstruos”). Tanto el verdadero científico,  como el buscador espiritual,  dudan profunda y sutilmente de lo que ven y encuentran. Lo analizan, lo siente, lo “huelen”

Esta búsqueda nuevamente lo expone, como el científico de frontera que era, a una dulce y severa “agonía” de la “noche oscura” del alma”: un mundo de muchas preguntas, y de pocas respuestas, y, desde luego, sin muchas certezas, pero Varela se atrevió a transitar por todo ello porque toda su vida fue un hombre de preguntas que un periodista calificó de “incómodas” para la rutina oficial.  No fue un conformista o un repetidor de ideas: Buscaba innovar y llegaba a los límites del conocimiento. Esto  ha sido poco habitual en las personas, incluso para los científicos, en esto, fue excepcional.

Su primer libro con el Dalai Lama, titulado en ingles Gentle Bridges, [Un Puente para Dos Miradas] reflexiona sobre el encuentro de la ciencia y la espiritualidad, desde las ciencias cognitivas (en tercera persona, los correlatos electrofisiológicos del cerebros medio por las maquinas como el EEG y la resonancia magnética funcional) a las ciencias de la mente (en primera persona, la auto observación de refinar la experiencia en la meditación), que aportan la meditación contemplativa desde el budismo. Este dialogo anual prosiguió hasta hoy en el “Mind and Life Institute”, con diversos tópicos.

En su rápida vida de 54 años, Varela unió mundos tan diversos como la cultura latina, la europea, parte de la asiática y la de Norteamérica. En su carrera profesional como pensador y científico, pudo unir “el tiempo reloj” en que casi todos vivimos apurados, el tiempo de la finitud, de los negocios, de una vida acotada; con el “gran tiempo”, o el sin-tiempo, o tiempo “eterno”, a veces llamado “un eterno presente”, que reconocen los lideres espirituales en cualquier tradición de sabiduría. Una especie de no-tiempo estelar y cósmico.

A medida que maduraba, no daba la impresión que Varela vivía apurado, a pesar, de que supo diez años antes de morir, que tenía los años contados, y se preparó muy bien. Espero con paciencia un transplante de hígado, que finalmente obtuvo como ciudadano francés, y su calidad de vida mejoró mucho hasta que falleció, sin querer luchar con la muerte, sino aceptándola.

En este sentido, Francisco, pudo encontrar en su vida y en su obra: “un orden sin fundamento”; esa paradoja que algunos llaman Dios.

Inteligencia Artificial y Conciencia

En muchos sentidos, Varela fue un ser humano atípico y excepcional. De cultura impresionante, hablaba cinco idiomas, y escribía en varios de ellos. Leia y asimilaba la literatura de todo el mundo y la comentaba amenamente. Concentró toda su vida profesional en varios temas.   Pero lo que nos interesa especialmente son dos: la Inteligencia Artificial (IA) y la conciencia.

La tecnología, que fácilmente nos seduce, no es, sin embargo, ciencia, aunque la aprovecha. En cierta manera la tecnología es como “el hijo prodigo” de la ciencia. Los grandes científicos no siempre son grandes inventores. Varela fue un científico y un epistemólogo, no un tecnólogo, aunque usaba mucha tecnología también

Uno de sus libros poco conocidos es “Conocer: Una cartografía de ideas actuales” (“Conâitre en francés).   En este libro retoma, expande y profundiza las ideas aparecidas en la década del 1980, en uno de sus primeros libros “El Árbol del Conocimiento”, que escribió con Humberto Maturana en al década del 1980.

En “Conocer”, revisa los fundamentos biológicos del conocer, revisa los fundamentos de la Inteligencia Artificial, a la luz de la biología, de la epistemología fenomenológica, y de la IA y hace una revisión sucinta de las ideas de auto-regulación (mecánica y biológica), además de proyectar algunas aplicaciones prácticas y teóricas.

Las potentes ideas de IA son un fundamento de los sistemas “cibernéticos”, de la autorregulación mecánica (como el silencioso WC de la casa, y los termostatos) e imitan al mundo natural (la homeostasis de los organismos de los mamíferos, los animales de sangre “caliente” termo-regulan la temperatura del cuerpo, los animales de sangre “fría”, no lo hacen, “hibernan”).

El otro tema que le fascinaba era la conciencia, que hasta la década de 1980, era un tema cuestionable en las conferencias internacionales de neurociencia, que sólo se hablaba en el café—decía informalmente Varela. Poco a poco,  aparecieron revistas especializadas de la conciencia, y con los escáneres cerebrales, la Resonancia Magnética funcional, el cerebro y la conciencia (que son diferentes) fueron validados por la comunidad científica especializada.

Aunque Varela no participó mucho  en el –M & L I- y hoy es “mainstream”, ejerció influencia indirectamente en este ámbito con el “Mind Life Insititute” sobre el laboratorio del Dr. Davidson, en Madison, Wisconsin, que hizo la investigación y las mediciones, de los efectos cerebrales de meditantes avanzados.

Lo que Varela pudo establecer, desde lo que él llamó la “fenomenología experimental”, siguiendo los trabajos del fenomenólogo francés, Merleau-Ponty, es que la conciencia “no es una cosa”, sino un proceso sutil, muy interactivo e inestable, del mundo “externo e interno” -sin hallarse en ninguno, sino circulando en ambos– en una narrativa, o en imágenes y sentimientos, muy sutil. Varela creía y confiaba que la conciencia puede entrenarse, cultivarse y clarificarse. Es aquí donde aparece la meditación de calma e intuición (shamatha viipahsyana, en sanscrito).

Varela no perseguía dogmas o religiones, sino hechos e intuiciones profundas. La meditación de calma y claridad mental y de compasión, sostenida y cultivada como disciplina, prueba que las cualidades de la conciencia humana, se pueden “elevar” a niveles asombrosos, que resplandecen en salud, y sabiduría.

Por ello, Varela no se fascinaba sólo con maquinas o prodigios digitales, que admiraba, sino que confiaba también en los humanos y nuestra capacidad de evolucionar culturalmente. De ahí su interés en trabajar con el Dalai Lama, que se interesa por al ciencia en todo su espectro, en una línea convergente que podríamos llamar “conciencia lúcida”.

Aunque las máquinas sean más confiables como aparatos cuando funcionan y un  son  un “desastre” cuando se echan a perder, es la interacción entre las máquinas y los humanos la que ha cobrado especial relevancia con los implantes biónicos y las interfases de cerebro y computador.

“Cognitivismo” radical

Entendemos por cognitivismo las teorías del conocer, pero hay varias.   Varela profesaba una manera de conocer, especialmente poderosa pero muy sutil y difícil de asimilar.

Definitivamente había dicho en su segundo libro “El Árbol del Conocimiento” que el cerebro no es un computador, lo que lo alejaba de la mayoría de los científicos  de la neurociencia de la corriente predominante de los “representacionistas” que, sin decirlo abiertamente, se adscriben a una postura según la que el cerebro “copia” la realidad. Es decir, que el cerebro es una especie de “copia” del allá afuera” de las cosas.

Para hacer todo más sutil, Varela decía que la construcción mental que tenemos, que llamamos ideas (experiencias emociones, percepciones), no están “allá afuera ni aquí adentro”, sino que son una especie de danza circular entre “la realidad” y “el cuerpo”. Por ello creía en una “mente encarnada” –embodied, en inglés- y asignaba un rol central al cuerpo. Similar postura tuvo Merleau-Ponty, y otros lucidos pensadores. Esto es algo muy sutil, complejo tal vez de entender pero muy fundado en las ciencias cognitivas y en la meditación budista.

Yendo más allá del juego de palabras, solía decir: “una idea me tiene” y un “mantra me recita” en vez del habitual “tengo una idea” o “yo recito un mantra”.  No era un mero e ingenioso juego de palabras, sino una postura de frontera epistemológica.

En su vida encarnó lo que pensó, (algunos lo llaman “predicar con el ejemplo”) cosa rara en el mundo de hoy. Su obra cumbre es quizá: The Embodied Mind: Cognitive science and human experience” que escribió con la psicóloga contemplativa norteamericana Eleanor Rosch, de la Universidad de California, y con el filosofo cognitivo canadiense Evan Thompson. En este libro, Varela hace un análisis exhaustivo y lucido, entre meditación de primera persona, y registros neurales del cerebro de la cognición en tercera persona.

Vemos así que Francisco Varela, como ser humano, era múltiple: No se quedaba tranquilo ni en la ciencia, ni en la epistemología e incursionaba en las fronteras de la cultura. Incluso promovió un modelo cerebral para ayudar a los pacientes epilépticos a anticipar sus ataques.

Fue entrevistado en la TV  chilena (y otras) varias veces por Eric Goles para su programa “Enlaces” y  también por Christian  Warnken para su “Belleza del Pensar” Fernando Flores le invito un par de veces y dejó registros de videos. Finalmente el cineasta suizo, Franz Reichle, filmo un video llamado “Montegrande” donde registra su historia. Parte de este aparece en YouTube.

En una de sus últimas entrevistas -sabiendo que la muerte estaba cerca- en video dijo: “Life is so fragile, and the present is so rich”; (“la vida es tan frágil y el presente es tan pleno”).

Francisco vivió y trabajo en Chile, Estados Unidos, Alemana y murió en Francia.

Fue cremado en Francia y sus restos descansan en Montegrande, Chile, en una parcela de sus abuelos, donde solía vacacionar con su familia.

Su vida, de muchas formas, fue una paradoja. Muchos talentos, un gran corazón.

 

*Edición de Andrés Rojo



7823 Personas han leído este artículo

3 Comentarios

  1. Juan pablo Weason ha comentado

    Agradezco profundamente este artículo
    Vengo llegando de Montegrande de hacer un trabajo espiritual y me he encontrado con la maravillosa sorpresa totalmente inesperada de laexistencia de un Ser con un calibre tal que me a impactado.
    Pregunta como poder saber de actividades en monte grande o en otras partes del país o extranjero respecto del Sr. Varela
    Muchas gracias por el artículo y la información que me puedan dar
    Saludos
    Juan pablo

  2. Muchas gracias por darnos claridad sobre este gran pensador y neurocientífico. Interesante no sólo por su obra sino también por su vida. Es uno de los grandes chilenos, orgullo de nuestra cultura latinoamericana.

  3. Maria ha comentado

    Hola, interesante artículo, lo he citado en mi entrada sobre Espiritualidad y Neurociencia. La trascendencia en el cerebro: http://periodistia.blogspot.com/2012/02/espiritualidad-y-neurociencia.html

Escribe un comentario

Los campos marcados con * son requeridos