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Chile dividido

Andres Rojo Publicado: 19 agosto, 2012

Es un lugar común señalar que Chile está compuesto por varios países: El de Santiago y el de las regiones; el que puede acceder a los beneficios de la vida moderna, con todo su consumo y uso de las más nuevas tecnologías, y el que lo ve en las vitrinas sin muchas veces siquiera saber cómo se usan algunos aparatos; el de los que forman parte de las élites políticas y económicas y el que se tiene que conformar con acudir a votar.

En estos días parece estar añadiéndose una nueva variable, la de un Chile joven y la de uno viejo.   Y cada uno de estos Chile funciona aparentemente con reglas distintas y tienen que aprender a comprenderse unos a otros para no seguir profundizando las divisiones nacionales, esta vez con una dimensión que se venía anunciando pero ya parece haber llegado a instalarse.

Para los jóvenes, por ejemplo, resulta evidente la frustración de que sus reclamos no sean atendidos y consideran legítimo e incluso necesario recurrir a medidas que los mayores califican como violentas para hacerse escuchar.   Para los mayores, las cosas se solucionan por medio del diálogo y de la participación de las instituciones formales, las que para los jóvenes han perdido credibilidad a tal punto que ya no dudan en calificarlas como obsoletas o, peor aún, al servicio de unos intereses que los jóvenes no comparten para nada.   Obviamente hay adultos y jóvenes que piensan, respectivamente, como jóvenes o como adultos.

Para los mayores, tener un empleo y una fuente de ingresos suficiente para sentirse partícipe del mercado son motivos de satisfacción y les resulta poco realista aspirar a mucho más, sobre todo cuando piensan que la generación anterior no tenía acceso a los bienes de consumo que se tienen en la actualidad.   Para los jóvenes, el acceso a esos bienes forma parte de su normalidad y los reclaman casi como si fueran parte de sus derechos ciudadanos.

Para los mayores de edad que vivieron buena parte de su vida bajo la dictadura -digamos los que tienen hoy unos 30 años de edad más o menos-. la sola posibilidad de salir toda la noche si se quiere, de poder decirle a un carabinero que no, de poder gritar un par de insultos, es lo mismo que la libertad.   Los jóvenes, en cambio, asumen que esa libertad siempre ha estado presente para todos.

Sin embargo, todos estamos en el mismo país y sería bueno que pudiéramos convivir, al menos, sin agresiones ni imposiciones, para ver luego si podemos ponernos de acuerdo, entendiendo que para poder avanzar en un consenso mínimo hay que ponerse en la piel del otro, entender sus razones y reconocernos.



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