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Semana 156

Gracias Alejandro Navarro

Andres Rojo Publicado: 5 agosto, 2012

Si no fuera por el senador Alejandro Navarro, es posible que las críticas y la siempre presente disposición de la gente para burlarse de los políticos se concentrarían más en los demás actores de este estamento de la sociedad, pero con Navarro todos están más tranquilos porque saben que acapara sobre sí la sorna ciudadana

Lo que no es mérito exclusivo de Navarro es que las personas sientan la necesidad de reírse de los políticos, pero no puede dejar de reconocerse que el senador del MAS ha hecho un gran esfuerzo por frivolizar esa necesidad y evitar que se convierta en una indignación activa, que pudiera llegar a afectar a la clase política.

Dar un paseo en una moto de nieve y pretender que caerse sea considerado como un accidente laboral es tan absurdo que la reacción que se produce es la de la burla, en vez de exigir que se sancione el abuso, al menos éticamente.

Antes ya se las había arreglado para llamar la atención por motivos ajenos a lo que debe ser su labor, como cuando se descubrió que un proyecto de ley de su autoría había sido copiado parcialmente de Wikipedia, cuando se supo que no había pagado el crédito universitario o cuando, en medio de una protesta, se enfrentó a golpes de pies y puños con los carabineros y luego alegó violencia policial cuando le respondieron, todo ello bajo la atenta mirada de una cámara de televisión.

Antes, cuando intentó ser candidato presidencial ya fue centro de otro escándalo cuando mandó a hacer cerca de 16 millones de “Navarrines” (sí, 16 millones), unos muñecos con su propia figura que servirían para financiar su campaña y respecto de los cuales se le acusó de no haber pagado a la empresa que los fabricó.

Lo último fue cuando acusó por Twitter a los senadores Chahuán, Pizarro y a Ena Von Baer por su votación sobre la televisión digital, y se llevó una violenta escena con Pizarro y las correspondientes burlas en las redes sociales.

De una u otra forma, con o sin intención, el senador Alejandro Navarro se las arregla para concentrar sobre sí gran parte de las quejas de la gente respecto a los políticos, y aunque los políticos puedan no comprender ni su estilo ni sus propósitos, no pueden dejar de agradecer que desvíe el malestar ciudadano hacia su propia persona.



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