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Semana 157

Komein: devolver el poder a la comunicación

Mauricio Tolosa Publicado: 28 abril, 2012

Desde los primeros pasos fuimos en comunidad.

Sólo viviendo juntos los primeros humanos podían defenderse, cazar, cultivar, aprender, ser parte. Nos hacemos humanos en la medida que vivimos con otros seres humanos.

Hace más de 5000 años los pueblos indoeuropeos llamaron “ko” a ese  “vivir juntos”. “Ko” nos hizo posibles y es el inicio de muchas de las palabras que describen actividades vinculadas a nuestra supervivencia como especie, como colaborar, conocer, coito, conservar, e incluso, comer.

Los pueblos indoeuropeos se especializaron en distintos oficios: pastores, criadores, mineros, herreros, alfareros, o sacerdotes. Para sobrevivir juntos, necesitaban intercambiar para complementar sus diversas labores. Eran nómades, migraban llevando, enseñando e intercambiando sus saberes, sus distintas especializaciones, sus diferentes haceres. A ese intercambio le llamaban “mei”.

De la unión de las dos palabras “ko” y “mei”, surge “ko-mei-n”, que describe ese constituirse y ser juntos intercambiando desde sus diferentes haceres o identidades, de donde derivaron las palabras comun-icar y comun-idad. Ese intercambiar juntos, los unía en un con-vivir en que la diversidad era complementaria y necesaria.

“Komein”,  no se refería ni a hablar, ni a la escritura, ni a las vías, ni a la transmisión, ni al mensaje, (mucho menos al emisor y al receptor), que son las asociaciones instantáneas que le surgen a muchos, al escuchar la palabra comunicación. Recuperar ese sentido de “ser juntos intercambiando” es renovarle a las palabras comunidad y comunicación el poder del diálogo transformador, el requisito del respeto y el reconocimiento del otro, la necesidad de convivir para vivir.

 

Este post es parte del proceso de escritura del libro “Comunidades y redes sociales, el desplome de las pirámides” .

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7 Comentarios

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  7. Uchi ha comentado

    Los inicios de las comunidades humanas tienen mucho de cooperación, del cuidarse, del complementarse, del respeto por los otros como necesarios en la comunidad y de respeto también al planeta y todos sus demás hijos; se sentían parte integrante de un sistema vivo mayor. Son los valores y medios que permitieron ser exitosa a nuestra especie en su supervivencia y propagación, todo ello fortalecido por la guía y rituales de sus líderes tribales y espirituales que reconocían ese como el camino a seguir.

    A través de los milenios “mucha agua pasó bajo el puente” y hoy somos una “aldea global”, sobrepoblada, y en términos de comunicación y transmisión, dominada por los medios masivos que, contrariamente a los valores entrañables de las primeras comunidades, nos bombardean con ideas relacionadas con el consumir, competir, ser exitosos, ser individual y “libre”, y ser comunidad sólo para andar uniformados con marcas, tecnología, modelos de organización imperfectos y “un cuanto hay”, para que al revés de lo que debería ser, sólo nos empequeñezcamos y estemos en peligro.

    Entonces me pregunto, ¿es la comunicación a través de sus medios masivos, la llamada a transmitir los mensajes hacia el cambio cultural? ¿cómo se contrarresta el bombardeo de los otros mensajes sin sobrepasar la ética, en un mundo dónde los hombres viven engañados en el supuesto de ser poseedores de la libertad de elegir? En suma, ¿como se interviene este mundo, cada vez más cercano a una realidad Orwelliana, con recursos efectivos, capaces de influenciarlo y visualizar como recuperable ese “ser y estar juntos intercambiando”, con las nuevas implicancias que desafía la masividad de comunidades y su complejo orden, teniendo en consideración que el medio no puede transgredir la nobleza del fin?

    ¿Y como se transmite el mensaje sin tener en concreto el cómo, cuándo y a dónde, si evidentemente la meta no puede ser la imagen añorada y nostálgica, no por ello indeseable, de nuestros albores como especie humana en comunidad?

    Valoro la puesta de este tema, es el espíritu perdido que hay que encontrar y mostrar, a pesar de las tantas sin-respuestas que en lo personal me inquietan.

    (Tengo claro que debo aprender a ser sintética, pido disculpas)

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