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La Ignominia y el escarnio

Juan Fredes Publicado: 15 julio, 2012

El 28 de abril de 1945, un grupo de partisanos captura al líder fascista italiano Benito Mussolini y cumple la orden de ejecución que había sido  decidida por el Comité de Liberación Nacional. Él y su amante son abatidos y trasladados a Milán, donde el día siguiente son izados por sus tobillos y expuestos a los habitantes de la principal ciudad  del norte de Italia. Los cuerpos del Duce y su amante Clara Petacci colgados como carne en el matadero, ultrajados de modo diverso, escupidos, golpeados, insultados, orinados y escarnecidos, hasta que son retirados el día siguiente.

La escena dramática y terrible refleja el  odio y la ira del pueblo italiano contra 22 años de  opresión fascista y también por  el entreguismos del otrora dictador con las tropas nazis que ocuparon Italia en 1944 fue la culminación de un proceso donde los líderes de un amplio espectro estimaban como necesario que el dictador fuese ajusticiado para que no quedase en duda cualquier atisbo de impunidad. Se temía que las tropas aliadas lo capturaran y lo sometieran a un proceso del cual  luego podría salir liberado o con una pena menor.

Los líderes italianos estimaban que era necesario dar tal escarmiento. Entre los que  firmaron la decisión de ejecución estaban Sandro Pertini (futuro Presidente) y Alcide De Gasperi (re constructor de la democracia y uno de los Padres de  la Europa moderna). No se ha sabido, hasta la fecha, que tal decisión haya  sufrido retractación de quienes la adoptaron.

En la Ilíada, Homero nos relata en el Canto XXII, la muerte de Héctor cometida por Aquiles en venganza por la fallecimiento, a su vez, de Patroclo; dice el poeta ciego “y para tratar ignominiosamente al divino Héctor, le horadó los tendones de detrás de ambos pies desde el tobillo hasta el talón; introdujo correas de piel de buey, y le ató al carro, de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magnífica armadura, subió y picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba el cadáver mientras era arrastrado: la negra cabellera se esparcía por el suelo, y la cabeza, antes tan graciosa, se hundía en el polvo; porque Zeus la entregó entonces a los enemigos, para que allí, en su misma patria, la ultrajaran.”

La idea del ultraje persigue al hombre desde los inicios de su andadura consciente en la tierra. Ese sentimiento atávico de vengar la afrenta y escarnecer a quien lo cometió, es el gran terror de los tiranos en la  historia.

En mayo de 1945, cuando Berlín estaba acechada por las tropas soviéticas, la única preocupación de los jerarcas nazis, aparte de escapar, era cómo morir sin caer en las manos de quienes lo someterían a su justicia. A Hitler le impresionaron tanto las noticias sobre el tratamiento dado a su ex aliado italiano que  dio expresas instrucciones para que su cuerpo fuera cremado y así evitar el ultraje en manos  eslavas (fuerte agravio para un ario). Cuando en 1989 vimos las escenas de la ejecución de Ceacescu, el dictador rumano fusilado sumariamente con su esposa, recordamos esas mismas escenas, al igual cuando  presenciamos el asesinato de Gadaffy en las cercanías de Trípoli, Libia.

Ese mismo temor al ultraje y al escarnio fue lo que motivó seguramente a la familia y cercanos a Augusto Pinochet para cremar sus restos. Sus cenizas están en paradero desconocido hasta hoy. Es nuestro único Jefe de Estado que no posee una tumba conocida o un monumento que recuerde su largo mandato.

Esta misma idea del ultraje o de destrucción de la evidencia de la existencia fue lo que motivó que el cadáver del Che fuera sepultado anónimamente. Cómo no mencionar la historia del cadáver de Eva Duarte, al cual se le cortaron sus manos, fue secuestrado,  recorrió medio mundo, hasta terminar nuevamente en Buenos Aires luego de un periplo de más de 20 años desde que fue profanado. Eva Duarte, la gran inspiradora de los descamisados y luego de los Montoneros (del cual era su icono revolucionario), era más peligrosa muerta que viva para los militares y la ultraderecha argentina.

Pero ¿a qué viene esta reflexión?. Ella surge luego de  ver en televisión lo sucedido con el homenaje al ex dictador Pinochet realizado el  de junio en el Teatro Caupolicán. Más específicamente ver como un Ex Ministro del dictador, hombre que  estuvo en el riñón del poder total y que tomó decisiones  como despedir a cientos de empleados públicos, ser cómplice de  violaciones a derechos humanos y profitador y abusador de la autoridad; es perseguido por enojados manifestantes,  escupido  y zamarreado por mujeres, pedir lastimosamente que el taxista  iniciara su marcha, y convertirse en un momento en una persona escarnecida y humillada, a sentir la ignominia de ya no ser un poderoso.

Esa sola imagen, con lo brutal que pueda ser, es una  lección que todos aprendimos. Nunca más habrá un homenaje a Pinochet. Nadie soporta el escarnio ni la ignominia.

 

En twitter: @juaniquillobau

Fotografía de Mariluz Soto



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