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Semana 171

Nietzsche y su sentido del bien y del mal

Juan Rodes Publicado: 1 octubre, 2012

Para Nietzsche, el mundo es una aventura sin objetivo y cualquier juicio de valor acerca de él conduce a calumniar la vida. Considera que se juzga por referencia lo que debería ser imperativo moral; pero, lo que debería ser, no es. Las cosas de este mundo no pueden ser juzgadas en nombre de nada, no podemos condenar su situación confusa y alborotada como tratándose de un mundo armonioso que es imaginario.

El sentido de moral de Sócrates en la antigüedad y del cristianismo que le dio la continuidad al pensamiento socrático, tratado como un comportamiento para ángeles, nada tiene que ver con la conducta humana, ya que ésta se basa en estados emotivos. Nietzsche refuerza literariamente sus argumentos acudiendo a figuras de la antigua mitología griega. Rechaza la ilusión del Apolo racional, contra la realidad del Dionisos emotivo.

Nietzsche explica el error de Sócrates pretendiendo hacerlo todo inteligible, intelectualizando la pregunta sobre la virtud, sobre el sentido de la vida, afirmando que sólo lo que se puede entender es bello, descartando lo instintivo por lo didáctico hasta llegar a la moraleja. Sócrates cree en la vida inteligible negando lo demás, lo cual para Nietzsche es negar la vida misma.

Apolo, dios del sueño, de la luz y del arte, plasma la belleza serena del mundo para cuidar al hombre del caos del universo y la existencia, sumergiéndolo en una tranquila ensoñación.

Dionisos en cambio se manifiesta como una explosión de vitalidad, donde incluso desaparecen los límites de la individualidad. El hombre fuera de la noción del yo se identifica en el caos vital, esencia del mundo. Afirma la vida en su belleza y su crueldad.

Para Nietzsche el socratismo en sus interpretaciones también pervierte el espíritu de Apolo, al hacer creer que la ilusión es lo real, lo cual conduce a un rechazo de la vida misma. El nihilismo no sólo es la impotencia para creer en Dios sino “la impotencia para creer en lo que es, para ver lo que se hace, para vivir lo que se ofrece”. Es la enfermedad base de todo idealismo. La moral tradicional es para Nietzsche un caso especial de inmoralidad. También el socialismo y todas las formas de humanismo son para él un cristianismo degenerado porque mantienen la creencia en un objetivo de la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, sustituyendo fines reales con fines ideales y contribuyendo a invalidar las voluntades y las imaginaciones.

Nietzsche también consideraba que se podría vivir sin creer en nada, haciendo de la falta de fe un método, asumiendo el nihilismo hasta las últimas consecuencias, desembocando en un desierto donde se ha de sentir un mismo movimiento primitivo de dolor y de alegría. En 1958, en Medellín, surgió un movimiento semejante, liderado por Gonzalo Arango y que se denominó “Nadaísmo”, cuya motivación básica era combatir la mojigatería que asfixiaba el ambiente cultural de Colombia. Fue algo  benéfico en muchos aspectos, aunque le faltó ir más lejos. Este paréntesis puede ser válido como muestra de las influencias culturales que generalmente llegan tarde a nuestro continente latinoamericano; pero, nos muestran también las posibilidades de revivir acontecimientos intelectuales, aunque hayan perdido trascendencia donde se originaron, porque pueden ser importantes en nuestro medio actual.

Nietzsche distinguía entre la moral del “señor” y la moral del “esclavo”, para rechazar esta última, que él consideraba como la moral dominante del mundo moderno. Exaltaba la moral del “señor”, no para el grupo de quienes ostentaran algún tipo de poder, sino para todos, especialmente para grupos y tipos humanos menos favorecidos, los cuales no debían optar por una “moral de rebaño”, adecuada a las exigencias y flaquezas de los mediocres que, aunque sean la norma en los humanos, los hacen estúpidos y perjudica el desarrollo de las excepciones para superar esa debilidad, que a pesar de ser demasiado humana, constituye una negación de la vida.

Para la moral de señor, bien y mal equivalen a noble y despreciable. La moral de señor debe despreciar como malo lo que es resultado de la cobardía, del temor, de la compasión, de lo que sea débil y disminuya el impulso vital. La moral de señor debe apreciar como bueno todo lo superior, altivo, fuerte y dominador. Debe basarse en la fe en sí mismo y el orgullo propio.

El origen de la moral del esclavo es condenar los valores y cualidades de los poderosos. Después de denigrar el poderío, el dominio y la gloria de la moral del señor, la moral del esclavo determina como buenas las cualidades de los débiles. Dice Nietzsche que los esclavos inventan una moral que haga llevadera su condición y consideran buena la obediencia porque tienen que obedecer y el orgullo malo porque se opone a lo obediencia. El sentirse esclavos los hace débiles, mansos y esperanzados en la misericordia, críticos del egoísmo y de la fuerza que los oprime.

Las características básicas del bien y el mal, resultantes de la moral de esclavo o rebaño, tienen su origen en el resentimiento. Es la moral como herramienta de control social para la defensa, la venganza y la afirmación de los débiles ante los fuertes, tanto actuales como potenciales.

Él sugería una “moral superior” que sustituyese las categorías básicas de bien y mal, resultantes de la moral de esclavo o rebaño, por la categoría característica de una “moral del señor”, con un contenido variable ajustado a las formas intensas de vida que los seres humanos excepcionales pueden alcanzar.

La noción de “humanidad superior” y su correspondiente “moral superior” es más una creación de la sensibilidad estética que del conocimiento y un modo de vida que refleja la mayor capacidad de los seres humanos. El arte para Nietzsche constituye una función humana creativa de un modo de vida más intensa y que refleja la mayor potencialidad de los seres humanos.

El hombre para Nietzsche es un ser incompleto, puente entre el simio y el superhombre, que debe ser superado. El ideal de superhombre tiene una moral de noble que acepta la voluntad de poder, es un legislador que crea sus propias normas de vida, ama la vida y a este mundo. Acepta el placer y el dolor sin renegar de ninguno de los dos. No se trata de un ideal concebido para privilegiados sino para cualquiera que pueda superar su moral de rebaño, de esclavo resentido.



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2 Comentarios

  1. marcelo ha comentado

    Tal como critiqué su publicación anterior sobre Nietzsche, en esta le doy mis felicitaciones. Es un buen resumen del pensamiento de Nietzsche. Saludos.

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