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Semana 174

# No Al Mall Barón

Diego Villavicencio Publicado: 20 agosto, 2012

Una vez más me centraré en un tópico alejado –hasta cierto punto– de la crítica musical: Valparaíso. Mi ciudad está inundada de apelativos que se refieren a ella como capital cultural, en ese punto es justo cuestionarse por qué ésta no se cuida a sí misma.

Caminar por el centro de Valparaíso (llamado Plan por ser la única zona plana de la ciudad) es un acontecimiento muy alejado de lo que llamamos capital cultural, y muy cercano al pragmatismo del comercio y a su respectiva vulgaridad. Es interesante pensar en el plan como una mera invención humana, y lo es; pues gran parte de éste no es más que la construcción humana robándole territorio al mar. Al saber esto se entiende que la frase Valparaíso está en los cerros es mucho más que una metáfora: es una realidad (aunque, en rigor, toda metáfora es una realidad), ya que –efectivamente– la ciudad, en su estado natural, son los cerros; por eso mismo su identidad se encuentra allí.

¿Pero cuál es esa identidad? Lo obvio en pensar en la cultura, pero en realidad toda ciudad es cultura pues está construida por el hombre; entonces ¿qué diferencia a Valparaíso de las demás ciudades? Es la poesía, esa es la cuestión. Valparaíso es más que una ciudad de poetas e intelectuales buscando la belleza, la belleza hostil; se trata de una ciudad que es poesía. Este puerto escribe en su estructura, en su concepto, en el aparente desorden que lo forma –sí aparente–. La diversidad arquitectónica que baña los cerros es una selección de estilos, épocas y conceptos que se lucen, hermosamente, en sus calles; cada bar, cada café marca el pulso de este poema habitable. Si damos un recorrido por la bohemia de esta ciudad nos encontraremos con una rica improvisación y variedad artística que no hace más que nutrir el intercambio cultural y la creación intelectual.

Un edificio comercial siempre es una aberración en una ciudad-patrimonio, pero lo es aún más en Valparaíso; un mall en las costas de nuestra ciudad equivale a llenar de groserías un poema de Borges, a interpretar a Beethoven con cada uno de los instrumentos desafinados, a utilizar cuadros de Dalí para tapar agujeros en la pared. Lo que menos quiero es sonar exagerado, lo que describo es real, Valparaíso es más que una ciudad de artistas y poetas, Valparaíso es un poema, un poema habitable.

No pretendo hacer activismo en esta columna, pretendo que chilenos y porteños nos preguntemos qué realmente queremos para nuestra joya del pacífico, ¿realmente deseamos arruinar no sólo el paisaje de nuestra ciudad sino su ritmo, su poesía y su concepto con un centro comercial?, ¿realmente queremos matar lo que hace de este puerto uno tan peculiar? Una vez respondidas estas interrogantes también debemos cuestionarnos cómo rescatar esta joya de los estragos de la despreocupación ciudadana.



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1 Comentario

  1. carmen marchant ha comentado

    Notable el artículo, realmente capta lo que es Valparaíso, referirse a ella como “poema habitable” es lejos la mejor descripción que he leído. Como dice ud., los que tenemos el privilegio de vivir en Valparaíso tenemos que hacer valer nuestra voz ciudadana y denunciar aquello que atenta contra la identidad de la ciudad, ya es terrible observar como se han levantado en los cerros infinidad de torres de departamentos que rompen la armonía paisajística. Las inmobiliarias son entidades siniestras que sólo buscan el lucro fácil y pasan por sobre lo que deber ser respetado y mantenido como identitario.

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