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Semana 156

Para recuperar la conversación, calibrar la comunicación (Parte 2)

Carmen Garay Publicado: 15 mayo, 2012

En las conversaciones, es fundamental la retroalimentación (Wienner,1948)  un ejercicio que debe explicarse  más allá de las funciones  del lenguaje (apelativa, fática, expresiva, entre otras) que planteó RomanJackobson (1960). Al retroalimentar el sistema de comunicación (la conversación entre madre e hija exasperadas, por ejemplo), se añade información valiosa acerca de la comunicación misma y de cómo se cumple o no su propósito de poner en común sueños, anhelos, preocupaciones, ideas, sentimientos.

La retroalimentación, no siempre trae buenas noticias. Cuando la niña pide un permiso y la madre lo niega, la comunicación se fractura momentáneamente pero si no explica el por qué de la negativa, la fractura puede ser permanente. Entonces la retroalimentación negativa suele ser la más edificante para las conversaciones efectivas y afectivas: se irrumpe en la inercia de “lo que está mal” y da paso a la posibilidad de modificar expresiones, instrumentos, representaciones y conductas.

La noción de control propuesta por Norbert Wienner  (1948) no es de orden político sino de carácter funcional: en este caso, la calibración que logran madre e hija al decirse qué falla, les permite mantener el control del intercambio y que siga funcionando la conversación.  En el ejemplo anterior, la  retroalimentación negativa, no es la negación del permiso, si no las razones por las cuales se niega.

Si la madre parte de una representación errónea, sólo si se comunica con  su hija, la niña podrá,  a su vez, retroalimentarle negativamente: “no madre, no me escuchas”. Si la madre “nunca escucha y por eso nunca entiende” ¡es bueno saberlo!; la falta de retroalimentación negativa oportuna puede ser catastrófica, así como no considerar la importancia del contexto de la comunicación (hija adolescente, horario, escenario)

Llegado el caso, también  la retroalimentación positiva será indispensable “gracias por decirme” “así me gusta”. Después de todo,  hay que poner en práctica lo aprendido, los comunicólogos somos muy afortunados porque no hay médico ni un ingeniero, ni un abogado que pueden ejercer su profesión en todo momento, mientras descansan en casa y miran la televisión con los hijos. Ante todo la conversación.



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