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Semana 170

¿Qué se vota?

Andres Rojo Publicado: 21 octubre, 2012

Habitualmente las elecciones municipales se la analiza desde dos puntos de vista: Por un lado, como la expresión de los liderazgos locales, lo que impide sacar conclusiones de alcance nacional y sobre la adhesión a los pactos políticos; o por el contrario, como elecciones netamente políticas, en las que los porcentajes alcanzados por los partidos de manera específica en las elecciones de concejales permitiría hacer cálculos respecto al peso real de cada partido, aunque en este caso se ignora el factor de los caudillismos locales.

Por lo general, los análisis que hacen los supuestos especialistas no tienen nada que ver con la opinión de los votantes, que se quedan en argumentos relativos a la capacidad de gestión de los candidatos, su honradez, coherencia y otros atributos que son de índole personal y no política.   Los votantes están lejanos de interpretaciones y se limitan a expresar su preferencia dentro de las opciones que se le presentan, y ven incluso como una especie de juego sin sentido el afán de los expertos por interpretar su voto.

Hay que considerar además que el sistema electoral municipal, al menos en el caso de los alcaldes, presenta las opciones en blanco y negro.   Sin considerar los candidatos alternativos a los pactos tradicionales -que de todos modos no hay en todas las comunas- cuando se trata de los dos principales pactos han sido los partidos los que han elegido por la ciudadanía el nombre por quien se puede votar.  Si se simpatiza con la Alianza y dentro de ella con RN, por ejemplo, pero el candidato es UDI, no se puede sostener seriamente que ese votante respalde a la UDI.   Lo mismo ocurre en el caso de la Concertación.

Posiblemente lo único que puede deducirse de una elección municipal es el grado de respaldo de los votantes respecto de determinados modelos de gestión comunal, aunque definidos en líneas muy gruesas. Por lo general, y aunque los candidatos disimulen su militancia, estos modelos se distinguen por el grado de asistencialismo que se promete, en contraste con la propuesta de promover la organización social.   Evidentemente, ambos esquemas son complementarios y es difícil distinguir dónde comienza y termina cada modelo, lo que hace improbable extraer conclusiones definitivas.

Lo que sí resulta claro es que cada bloque y cada partido tendrá argumentos para esgrimir un triunfo electoral, ya sea porque se eligieron más candidatos o en comunas más importantes.   Desde ese punto de vista, los análisis electorales son como las estadísticas y se puede decir cualquier cosa.  De lo que se trata es de decirlas con convicción para que parezcan creíbles, por lo menos por algunos días porque apenas terminen las elecciones municipales empieza la campaña por la elección presidencial y parlamentaria y estos comicios van a haber pasado al olvido.



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