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Semana 156

Susana Bloch, el poder de las emociones

Mauricio Tolosa Publicado: 24 noviembre, 2012

Té y galletas hechas en casa con cariño, leve gesto de temor al recordar momentos opresivos, irritación cuando menciona injusticias y abusos, un dejo de tristeza al evocar sus últimos años en la academia francesa, pasión todo el tiempo por el descubrimiento y la vida, risas mirando con humor la humanidad pasada y presente. Gran conversadora, Susana Bloch comparte con generosidad su paso por la ciencia y la investigación, sus escapadas y noviazgo con el arte y el teatro, sus viajes de encuentros y revelaciones hasta llegar a su potente creación: el método Alba Emoting, que propone un camino práctico para la observación y  el conocimiento de las emociones.

Una cosa es leer y conversar discursivamente sobre la natación y otra muy distinta es meterse al agua, hundirse una y otra vez hasta lograr flotar y finalmente nadar. En nuestra cultura, a menudo el discurso no va de la mano con la práctica. Las personas leen y consumen “conocimientos” en distintos formatos, algunas incluso son constructoras de discursos explicativos y teóricos, pero no necesariamente los practican o encarnan. El lenguaje es tramposo, abundan los expertos en natación que nunca han visto el agua.

Susana Bloch desafió esa lógica desde sus primeras investigaciones sobre las emociones. En los años sesenta y comienzos de los setenta, al interior de una Universidad de Chile vital e innovadora, Susana unió la fisiología, la psicología y el teatro en un equipo interdisciplinario que desarrollaba experimentos científicos para aproximarse de manera directa al mundo emocional. Todo se interrumpió en 1973. Pero su visión y obsesión impidieron que se extinguiera para siempre.

Luego de un breve paso por Brasil, a mediados de los setenta, Susana llegó a París, donde se integró al Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), una de las instituciones de investigación científica más prestigiosas del mundo. En esos años, en la ciencia gala,  las emociones, “eran consideradas como una palabra cochina”. Se vio obligada a dejar de lado, por lo menos “oficialmente”, el universo de las emociones. Volvió a la investigación cognitiva sobre  la visión de las palomas. Pasó  una década en el “pigeon world”, el mundo de las palomas, hasta que en el propio CNRS logró realizar un experimento mediante el cual registró y comprobó la existencia de patrones respiratorios efectores específicos asociados a cada una de las que ella define como las seis emociones básicas de los seres humanos. Rabia. Tristeza. Miedo. Amor/ternura. Amor/pasión. Alegría.

Hoy el tema emocional está de moda. Numerosos científicos, investigadores y divulgadores explican discursivamente cómo nuestra racionalidad se desarrolla sobre un telón de fondo emocional que determina nuestra comprensión, decisiones y acciones en el mundo. Lo prodigioso del descubrimiento de Susana Bloch es que, a través de la respiración, abre una puerta directa a la vivencia y observación de las emociones, sin pasar por las explicaciones y el lenguaje. Imaginemos la potencia que significa para creadores, intérpretes, terapeutas, profesores, comunicadores, líderes, que en 10 segundos puedan proponer o instalarse en una emoción que tiña una pieza musical, un espacio de aprendizaje, una reunión de toma de decisiones o una sesión de terapia.

Susana Bloch ha desarrollado un camino de conocimiento de las emociones haciendo de la respiración un acto lúcido y consciente. Haciéndose responsable de la puerta que está abriendo, enfatiza siempre en la ética y el cuidado con que se debe manejar una práctica tan simple como efectiva, que tiene el poder de modificar el fondo emocional sobre el que suceden las acciones comunicativas.

En una época donde la abundancia discursiva puede transformarse en un ruido constante, descubrir que es posible cambiar nuestro mundo a través de la respiración es profundamente esperanzador. Inspirar… espirar… inspirar… espirar…

Inspirar.

Respirar.

 

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