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Semana 171

Tea-Bag y el asunto de las fronteras

Patricia Moscoso Publicado: 16 marzo, 2012

Tea-Bag es una de las novelas de la serie de Africa de Henning Mankell, uno de los escritores suecos más leídos y difundidos en el mundo, y que lleva por título el nombre que se inventó una joven inmigrante en un campamento de tránsito español.

Aunque es más conocido por sus novelas policiales y por su inquietante personaje Wallander, que también se puede ver por teve cable Mankell dice que se concibe  como un escritor de novelas policíacas, sino como alguien que “usa el espejo del crimen para examinar a la sociedad, los tiempos y el mundo en el que te tocó vivir”. Nada mejor que leerlo para juzgar.

Con Tea-Bag  el escritor toma otro camino y asumiendo el tono de la narración oral habla sobre la inmigración en Suecia y aunque se publicó hace diez años ( fue traducido al español  recién en 2010) conserva su vigencia.  A diario nos enteramos que el tema se ha transformado en una preocupación global y hemos visto las trágicas consecuencias del desborde xenofóbico o la paranoia surgida del prejuicio, que lleva a sucesos como lo ocurrido en Noruega hace un año .

Según Mankell, los personajes y hechos relatados en Tea-Bag son reales. Tres muchachas procedentes de distintos países – Estonia, Irán y de un lugar de Africa cuya identidad es parte del misterio- coinciden en un suburbio de Gotemburgo con el próspero, pero decadente poeta Jesper Humlin.  Forzado por su editor para que escriba una novela policial, porque la poesía ya no vende, el encuentro con las chicas significará un cambio fundamental en su vida. A regañadientes, durante una gira de promoción se ve obligado a enseñarles a escribir y en este trance les pide que narren sus historias. Allí, la inquietante “Tea-Bag” dará la tónica: sin trazar una línea, la africana de deslumbrante sonrisa hará un relato soberbio en la más pura tradición oral. Otro mérito del autor cuya vida transcurre entre Suecia y Mozambique

La inmigración desde países pobres es un tema recurrente en el cine y la literatura europea. También en las páginas de los periódicos y hasta las artes visuales. El año pasado la artista chilena radicada en Francia Emma Malig presentó una instalación plena de poesía en el Museo Nacional de Bellas Artes. En su trabajo  hacía un paralelo entre los pájaros migrantes que atraviesan el estrecho de Gibraltar en un vuelo de luz y los africanos que naufragan en el mismo lugar en un viaje de sombras buscando, paradójicamente, un destino de felicidad. Tea Bag hizo esa travesía y allí parte el relato: “Europa nos abandonó antes de llegar, pensó. Jamás lo olvidaré pase lo que pase en el futuro. No sabía cuántos habían naufragado y tampoco quería saberlo”

“Nosotros no somos racistas”

En Chile se habla poco de los inmigrantes, quizá porque el aumento paulatino de extranjeros en nuestro país sea un fenómeno reciente. En el  sitio web Chileajeno, se señala que en 1992 había en el país cien mil extranjeros y en 2002 habían aumentado a 184 mil, llegando a los 354 mil en 2009.

¿Cuánto sabemos de ellos?  Poco; generalmente a través de la crónica roja cuando se produce una riña o se quema un conventillo o en un caserón donde  viven hacinados. En algunos textos históricos podemos encontrar  información sobre los inmigrantes del siglo pasado y antepasado; hubo entre ellos europeos aventureros que llegaron  buscando nuevos derroteros para hacer fortuna; otros fueron invitados a colonizar el país por el gobierno de Manuel Montt, en1845 , mediante un  decreto que se considera hoy de espíritu  racista,  porque tenía como fin dotar al país de una “estructura cultural superior” (se llamó  Ley de inmigración selectiva).  Así, a fines del siglo XIX había en Chile cerca de once mil extranjeros europeos entre alemanes, franceses, españoles, ingleses e italianos. De allí surgió buena parte de la clase gobernante y quienes hoy ostentan grandes fortunas (Edwards, Luksic, Matte), por nombrar algunos.

El enriquecimiento de algunos no estuvo exento de controversia: en el sur se produjeron episodios de despojo y brutalidad cuyo resabio persiste en el presente. En el norte fue conocida la sobreexplotación en las mineras y salitreras por parte de los capitalistas ingleses.

Sobre el impacto de la inmigración que se ha producido desde fines del siglo XX y lo que va del siglo XXI,  en la actividad productiva o económica hay estudios en curso, pero todavía nada concluyente. Nadie desconoce el beneficio en nuestra cocina, tras la inmigración peruana, o la influencia  del magín argentino en la publicidad y el marketing; las transformaciones en barrios comerciales por la llegada de chinos y coreanos es otro mar de fondo. Como también lo es el origen de la migración, porque si bien algunos vinieron a hacer negocios otros (as) llegaron con la ilusión de una mejor perspectiva de vida a un país que aparecía mejor situado económicamente. Y como en todas partes, quienes tienen  menos recursos son  los más vapuleados.

Colombianos, cubanos, dominicanos y  haitianos de ascendencia afro además  de los mismos africanos sufren también la discriminación racial. A la hora de mirar el color de la piel aquello de que “los chilenos no somos racistas” no pasa la prueba de la blancura

En diciembre del año pasado a la entrada del Metro Plaza de Armas, una mujer de Ghana acompañada de sus dos hijitos esperaba en un banco de la plaza. Un hombre borracho y desaseado la acosaba, ante la impasibilidad de los transeúntes y vecinos de banco. La mujer intentó disuadir al beodo mediante el silencio y la mirada reprobatoria. El insistió hasta casi tocarla. Entonces le gritó que la dejara en paz provocando la respuesta feroz:  ”¿Por qué no se van a su país, negros de mierda?” Conseguí que una policía echara al borracho y traté de consolar a los niños y a la madre, la cual me dijo “Vivo acá hace cuatro años, tengo un trabajo, no estoy mendigando como ese señor ¿por qué la policía permitió que me amenazara?”

Las prostitutas de color que se instalan a diario en la calle San Antonio tienen algo en claro: “en este país no nos quieren”,. Y no es solamente por la barahúnda que arman, cuando ofrecen a viva voz sus curvas exuberantes. Un taxista me dijo que la culpa era de la Concertación “que tuvo la mano abierta con estos inmigrantes de segunda categoría”.

Es cierto que en este barrio rojo no oficial se producen peleas violentas y ha habido hasta muertes en plena calle. Pero el acoso a hombres y mujeres menos de otra raza se produce a  menudo. ¿Se acuerdan del “huaso negro” que despertó la ira de los chauvinistas. en un supermercado de Santiago?

Y es que aunque no lo aceptemos, aparte de intolerantes somos percibidos como racistas clasistas e ignorantes. Así lo ha sentido, por ejemplo, el congoleño Prince Isenwami Nzanzu, quien llegó a Chile a estudiar leyes y derivó a la gastronomía: “El chileno sabe a quién discriminar, a mi cuando me miran piensan que soy de Estados Unidos por mi altura”, dice

En Europa pasa lo mismo y sobre eso nos ilustra Mankell con Tea-Bag. No hace falta ser africano para ser mal visto; más de algún cabeza negra o sudaca que esté leyendo estas líneas lo puede haber experimentado.

Hoy en Chile un grupo de diputados promueve la instauración de un Día de la Tolerancia, sumándose a la propuesta de Naciones Unidas que busca que los Estados “asuman un papel protagónico en la promoción de la diversidad a través de leyes y políticas que apunten a prevenir y atenuar todas las formas de discriminación”.

 




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2 Comentarios

  1. Patricia MoscosoPatricia Moscoso ha comentado

    Gracias por la música y las imágenes. Es justamente eso lo que quiere decir la nota. Todos humanos

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