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Feuerbach y cómo el hombre creó a Dios

Juan Rodes Publicado: 27 febrero, 2013

Ludwig Feuerbach (1804-1872), filósofo alemán iniciado en el pensamiento kantiano y seguidor inicial de Hegel y del movimiento idealista alemán, como correspondía a su época y a su medio, pronto decidió apartarse para seguir su propia orientación. Mientras Kant limitaba la razón para dar cabida a la fe, Feuerbach desmitificó tanto la razón como la fe para dar cabida a su concepto materialista de una “conciencia humana encarnada”, que integraba razón e instintos en una forma de espiritualidad originada en el mismo ser humano. Su “método de crítica transformadora”, invirtió el principio de Hegel de que el individuo era una función de lo absoluto con el concepto de que “el Absoluto es una función del individuo”. También a diferencia de Hegel independizó la religión de la filosofía por considerar como función de la filosofía criticar a la religión y no fundamentarla. Para él la teología no era más que la conciencia religiosa sistematizada, y la religión un simple “sueño de la razón”. Reducía metafísica, teología y religión al estudio de la conciencia humana encarnada y sus características específicas con los deseos y las pretensiones humanas, porque el centro del pensamiento de Feuerbach era ante todo relacionado al ser humano.

En “La esencia del cristianismo”, dice que Dios es para el hombre el contenido de sus sensaciones e ideas más sublimes. Que la religión es el reflejo de la esencia humana en sí misma. Feuerbach también invierte las ideas creacionistas afirmando que Dios es una creación humana. A Dios atribuye el hombre sus propias cualidades humanas y en Dios refleja los deseos humanos no realizados. Lo que el hombre necesita, desea y no puede lograr, es para Feuerbach lo que el hombre proyecta en Dios. “La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inmanente en boca de la necesidad, la miseria y la privación”. Los hombres que sufren son los que han creado a Dios, no son, como piensan muchos, los gobernantes o los sacerdotes, éstos lo que hacen es valerse de él. “Dios es el eco de nuestro grito de dolor”. “La conciencia de Dios no es más que la conciencia de la especie”. Para Feuerbach, Dios es producto del hombre que se vuelve ajeno a su productor y lo domina, causando una enajenación en la conciencia humana, entendiendo como enajenación el sentido preciso de la palabra, algo ajeno al ser humano que él mismo ya no controla, situación cuya provocación, sin embargo, puede solucionarse con la actuación misma de la conciencia.

En “El ateísmo como visión positiva”, Feuerbach habla de deseos que en realidad el hombre no desea satisfacer y que es un error suponer su satisfacción porque no son deseos reales y sólo tienen valor para su imaginación. La satisfacción de ellos sería para el hombre una amarga decepción. Si se llegara a satisfacer el deseo de vida eterna, el hombre se mantendría tan hartado de vivir que hasta anhelaría la muerte. Lo que simplemente quiere el hombre es evitar una muerte prematura y violenta o espantosa. Al final nos cansamos de todo, incluso de la vida, y llega un momento en que deseamos la muerte. Por lo tanto no hay nada aterrador en una muerte normal, la muerte natural de una persona que ha cumplido consigo misma y vivió su vida. Igual que el deseo de la vida eterna, los deseos de perfección y conocimiento absoluto, también son sólo deseos imaginarios. La historia y la experiencia diaria demuestran que la supuesta lucha humana por el conocimiento ilimitado y la perfección son un mito; el hombre no tiene deseo de saberlo todo, él sólo quiere conocer las cosas a las que está particularmente proyectado.

En “La esencia de la religión”, Feuerbach dice que si Dios satisficiera o realizara los deseos humanos de felicidad, perfección e inmortalidad, se podría deducir que privar de Dios al hombre sería destrozar su corazón; por ello Feuerbach impugna las premisas por las cuales la religión y la teología deducen la necesidad y la existencia de Dios, o de la inmortalidad, que es la misma cosa, y sostiene que los deseos que sólo se satisfacen en la imaginación, o los que se deducen de la existencia de un ser imaginario, son deseos imaginarios y no los reales del corazón humano; sostiene que las limitaciones que anula la imaginación religiosa con la idea de Dios o de inmortalidad, son determinaciones necesarias de la esencia humana y  no pueden ser disociadas de ella, por lo tanto no hay más limitaciones que las existentes en la imaginación humana.

Dice que el cristianismo se fijó el objetivo de cumplir con deseos humanos inalcanzables, lo cual hace ignorar los deseos alcanzables. La promesa de vida eterna priva al ser humano de la vida temporal. Enseñar a confiar en la ayuda de Dios le quita al humano la confianza en sus propias fuerzas; infundirle fe por una vida mejor en el cielo, destruye su fe tanto en la posibilidad de una vida mejor en la tierra, como la fe que requiere en sí mismo para lograrla. El cristianismo, al dar deseos para que la imaginación desee, no da lo que él ser humano desea real y verdaderamente.

No era la idea de Feuerbach la especulación sobre la realidad a partir de la negación de Dios, ni ser un crítico de la religión; su motivación era la comprensión del ser humano y de las cosas, con la preeminencia de los sentidos sobre la razón, y con la idea esencial de la alienación humana resultante de la renuncia a su autonomía y a sus posibilidades ante el poder ilusorio cedido a la divinidad. Por ello consideraba que se debía denunciar a la religión como indicio de malestar humano. El sentido de luchar contra la religión resultaba para Feuerbach de comprender la miseria humana que implica la necesidad de consuelo.

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3 Comentarios

  1. Ariel ha comentado

    La idea y su pensamiento estructurado que anula a un dios divino es por la siguiente razón; la falta de
    experimentar y ver milagros y tal vez no comprenderlos
    ateismo y agnostismo es el reflejo de de la falta real de fe un si mismo y la humanidad y a su vez de un dios o varios también negar su cacapacidad intelectual y

  2. Juan ha comentado

    No será el bastoncito dónde apoyarnos y poder caminar mejor la vida terrena . Luego la fe , algo inconsistente propio de lo que creó para vivir mejor. Juan Rubinat

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