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Humor y discriminación en Chile

Fernando de Laire D. Publicado: 27 mayo, 2013

La conmoción suscitada por el inexcusable “chiste” de Murdock, que derivó en un fuerte reclamo de la comunidad judía de Chile y en una oleada de reclamos ante el Consejo Nacional de Televisión, quizás sea la ocasión para debatir con más calma el tema general: humor y discriminación en Chile, que invita a una reflexión societal más profunda. Mi tesis es que buena parte del humor que se aprecia en nuestra televisión y en festivales como los de Viña del Mar y Olmué, está asociada, cuando no fundada directamente, sobre algún grado de discriminación. Reitero: buena parte, no todo.

Abordaré el tema sintéticamente, desde una perspectiva de análisis de discurso. Quiero sustentar mi tesis en la idea que el humor discriminatorio se basa en una categoría que llamaré, en términos abstractos, una distinción ridiculizante. En efecto, en este tipo de “humor” (lo pongo entre comillas, porque no me hace ninguna gracia), se trata de identificar a un otro, un colectivo o una minoría, cuyos rasgos se exageran o se llevan al límite para ejercer una ridiculización que provoque hilaridad en el espectador.

Si uno pone atención a las rutinas de nuestros humoristas (hay muchas disponibles en youtube) verá que se repiten hasta el hartazgo varias de estas distinciones ridiculizantes, lo que, de paso, hace este “humor” altamente predecible. Una de las distinciones “clásicas”: los homosexuales. Homosexuales escenificados como “locas” que no pueden refrenar sus impulsos, promiscuos y otras atribuciones arbitrarias que, hasta hace unos años, reflejaban los estereotipos de una sociedad que era muy condescendiente con la homofobia. En la medida que se han producido avances culturales en contra de la discriminación, estas rutinas no han desaparecido, por cierto, pero son objeto de mayores grados de impugnación (así por ejemplo: cuestionamientos al personaje “Tony Esbelt, desarrollado en la TV por Mauricio Flores; querella criminal de Jordi Castell contra el destacado imitador Kramer, quien claramente se excedió en su parodia del comentarista de farándula; escándalo por la abierta discriminación, basada en la ignorancia, que realizó hace un par de años un humorista en Viña del Mar, al asociar homosexualidad con VIH).

Otra distinción “clásica”: los extranjeros. Pero, desde luego, no cualquier extranjero, sino aquellos que tienden a ser vistos como “inferiores” a los chilenos (como si esta “inferioridad” pudiera tener un fundamento serio). El caso más típico es el de los peruanos, escenificando en las rutinas al peruano de bajo nivel de formación, remedando su modo de hablar, subrayando modismos como el “pé”, invocando “la pollada” como lugar de reunión, etc. Y todo ello, obviando el hecho que el peruano medio suele tener un nivel de manejo del lenguaje mejor que el chileno medio.

Otra categoría a la que se ridiculiza o sobre la que se hace escarnio es el judío, exagerando supuestos rasgos, arbitrariamente atribuidos, como la avaricia. En el caso del “affaire Murdock”, este escarnio llegó a un nivel de brutalidad tan grave, que provocó la reacción conocida, entre otras cosas por banalizar un hecho tan traumático para ese pueblo –y para la humanidad entera– como el holocausto.

En otro plano, una base importante de discriminación en el humor está dada por distinciones ridiculizantes basada en características físicas: los gordos o las gordas, los calvos, el hombre o la mujer feos. Tanto o más grave es la discriminación que resulta de ridiculizar a categorías de personas caracterizadas por una discapacidad motora, visual, auditiva o intelectual. Cabe destacar que en la medida que ha avanzado la toma de conciencia y el desarrollo de instrumentos jurídicos destinados a proteger los derechos de estas minorías, tales como la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, las sociedades han comenzado a combatir cada vez con más fuerza las conductas discriminatorias (incluido lo que se dice y acepta en el espacio público y en los medios de comunicación). Nuestro país no ha estado exento de esos avances, pero es evidente que queda un enorme camino por recorrer.

Quizás ya no en la categoría de distinción ridiculizante de colectivos o minorías, en el humor encontramos también un uso frecuente de estereotipos. Un caso paradigmático: la suegra, a quien se representa como la “vieja metiche”, una  “gorda” y “bigotuda” manipuladora, preocupada de la condición social de la pareja del hijo, sobreprotectora, etc. Obviamente, resulta difícil discernir si de un estereotipo resulta un caso de discriminación. Así como el humor puede ser sutil, es también sutil establecer un juicio sobre el mismo. Con todo, no hay que olvidar –como enseña la sociología– que el estereotipo y la estigmatización son fuentes recurrentes de exclusión social.

A estas alturas del análisis, creo pertinente traer a colación la definición de delitos o crímenes de odio, objeto de sanción penal en varios países desarrollados. Según una definición convencionalmente aceptada, se considera delito o crimen de odio cuando una persona o un grupo atacan a otro y lo eligen como víctima en función de su pertenencia a un determinado grupo social, según su raza o etnia, nacionalidad, religión, discapacidad, edad, sexo, identidad de género, orientación sexual, ideología o afiliación política. Es sintomático que, si ponemos al amplio arco de humor discriminatorio que estamos considerando ante el espejo de esta definición, sale bastante mal parado, al menos con mala conciencia. Algunos podrán considerar que ese tipo de humor es una incitación indirecta al crimen de odio. Otros, que si no es incitación al crimen de odio, a lo menos actúa como fundamento cultural que puede ayudar a banalizar el crimen de odio. Ese es un debate abierto que debemos desarrollar en Chile.

A este respecto, hay varias reflexiones que tenemos que hacernos como sociedad. En primer lugar, ¿por qué estos humoristas generan tanta aceptación en su auditorio, por qué generan (a veces) alto rating, en circunstancias que son rutinas y recursos humorísticos que se repiten majaderamente y que pueden resumirse en unas cuantas fórmulas con ciertas variantes? En cierto sentido, no hay que perder de vista que el humorista a veces es sólo el mensajero; la risa colectiva es el fenómeno de fondo: los prejuicios enraizados.

En segundo lugar, podemos preguntarnos si todo humor es discriminatorio. En lo personal, tiendo a pensar que no.  Creo que cuando el humor es hecho con sutileza y, sobre todo, no recurriendo a distinciones ridiculizantes y ofensivas, no sería legítimo hacer la equivalencia humor = discriminación. La parodia, por ejemplo, se ejecuta en una línea muy sutil donde no es fácil discernir cuándo se traspasa el límite. Pero es evidente que hay un amplio arco del humor que se practica en Chile que podría catalogarse como discriminatorio.

¿Qué hacer? Lo que es claro, es que el camino de la censura no es el adecuado. Más bien hay que apelar a la autorregulación y, también, al camino del recurso ante los tribunales  cuando una persona considere que han sido violentados su dignidad y sus derechos. (Asociado a esto está la pregunta sobre si avanzaremos hacia un debate académico, legislativo y de sociedad –que puede derivar en iniciativas de ley– sobre el concepto de crímenes de odio).

Que el camino de la censura no es el adecuado lo prueba la importancia que, históricamente, ha tenido la sátira política como género fundamental para la existencia de una sociedad libre. La ridiculización del poder, su parodia, es una forma de control social ejercida desde el ámbito de la cultura sobre el poder y sus arbitrariedades. (“La fuerza del Poder al fin no puede nada contra la debilísima escritura, contra la luminosa telaraña de las palabras”, Francisco Umbral). Desde ese punto de vista, es un humor que goza de un alto grado de legitimidad y tolerancia en sociedades democráticas [1] (las dictaduras, por cierto, lo combaten férreamente).

En tercer lugar, soy de la opinión que el humor como crítica social a prácticas abusivas es legítimo y necesario. Por ejemplo, en el Chile de los últimos años se han hecho sátiras geniales a los abusos de los bancos o de las empresas de servicios que no permiten o ponen una enorme cantidad de trabas al término de un contrato (una muy notable de Bombo Fica). También a ciertas prácticas deshumanizantes de la salud privada (se recordará una hilarante rutina de Coco Legrand al respecto). Hay allí crítica social, denuncia necesaria, e identificación (y por lo tanto descarga psicológica) por parte del público abusado. Aparece por tanto como una función positiva del humor el hecho que puede ayudar a modificaciones institucionales y corrección de malas prácticas. En la misma línea, ridiculizar a la clase política se ha vuelto un cliché, un lugar común en el humor local (y hay que decir que aquella entrega abundante material de base). El vector positivo de esa crítica es justamente una interpelación a la clase política para que mejore sus prácticas y esté a la altura de sus responsabilidades. Lo mismo puede decirse del vínculo creciente que el humor viene haciendo entre clero católico y pedofilia, en paralelo a la mayor transparencia que ha adquirido el tema, social y judicialmente.

Para ir concluyendo, respecto del escándalo más reciente sobre humor y discriminación, creo que hay que evitar demonizar a un solo personaje como el guionista del títere Murdock o a un determinado canal de televisión y/o programa. Un chivo expiatorio o una puntual depuración simbólica tan sólo contribuirán a la persistencia del fenómeno. Lo que me ha motivado a escribir este artículo es la convicción de que es la entera categoría del humor, tal como se practica en Chile, la que está puesta en juego y sobre la que debemos dialogar. Este debate interpela a todos los actores: a los que ejercen el humor como profesión; a los programas, festivales, eventos y canales que les dan espacio para ejercerla; a la Academia y las organizaciones ciudadanas que luchas por una sociedad sin discriminación; y, por cierto, también al público que debe cuestionarse sobre sus risas cómplices y/o su pasividad o bien su indignación o acción militante ante este tipo de prácticas.

Un signo alentador son los crecientes reclamos ante el Consejo Nacional de Televisión frente a rutinas humorísticas consideradas inaceptables. Esto indica que estamos en presencia de una ciudadanía mucho más activa en términos de intervenir sobre lo que es aceptable y lo que es inaceptable en esa especial plaza pública que es el humor y que siempre tendrá un espacio en toda sociedad.

Finalmente: no se trata de ser grave. Disfruto, como cualquiera, de muchas de las rutinas de algunos humoristas notables como Kramer, Coco Legrand y la generación del Club de la Comedia, por nombrar algunos. Se trata de aportar desde la crítica razonada al objetivo de hacer de Chile un país más inclusivo, democrático y con una cultura de los derechos humanos más desarrollada.

[1] Ver el Prólogo de Armando Uribe a mi libro de sátira política “Las aventuras del Alcalde Chanta”, Analythica/LOM, Santiago, 2005.

Fernando de Laire D. es doctor en sociología por la Universidad Católica de Lovaina.  En Twitter @FernandoDeLaire

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4 Comentarios

  1. Verónica Rodríguez Rowe ha comentado

    A los interesados en este tema, los invito al Seminario
    Comunicar a través de la risa:
    ¿Dónde están los límites del humor?
    Una mirada académica y diferente a un recurso hoy en polémica.
    A desarrollarse el martes 20 de agosto en UDLA sede Providencia. Entrada liberada.

    Excelentes invitados. Va programa.

    II. Bienvenida.
    11:00 a 11:10 hrs.

    III. “Libertad de expresión y humor”
    11:10 a 11:50 hrs.
    Expositor: Ciro Colombara.
    Abogado,
    11:50 a 12:05 hrs.
    Sesión de preguntas.

    IV. Conversando el humor con Daniel Muñoz
    12:05 a 12:45 hrs.
    Expositor: Daniel Muñoz
    12:45 a 13:00 hrs.
    Sesión de preguntas.

    V. Almuerzo (libre disposición)
    13:00 a 15:00 hrs.

    VI. “La psicología del humor”
    15:00 a 15:40 hrs.
    Expositor: Pilar Sordo
    15:40 a 15:55 hrs.
    Sesión de preguntas.

    VII. “El humor político en el Chile de hoy”
    15:55 a 16:25 hrs.
    Expositor: Juan Carlos “Palta” Meléndez
    16:25 a 16:40 hrs.
    Sesión de preguntas.

    VIII. “Humor sarcástico y el respeto a la persona”
    .16:40 a 17:10 hrs
    Expositor: Daniel Alcaíno
    17:10 a 17:25 hrs.
    Sesión de preguntas.
    17:30 hrs Cierre

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  3. Rodrigo G ha comentado

    El dedicar tiempo a analisar chistes deja muy claro que malgastan tiempo y energia. No priorizan lo relevante para un pais.

  4. VIVIAN GROSSMAN ha comentado

    Alguna vez vi esa serie y la encontré súper fome.
    Yo no sé que tanto rating tendrá, ya que en USA hay mas canales que estrellas, jaja. Por eso que no les importa. Y otra cosa, hay programas critican vestuario, y hacen rankings de todo tipo, pero siempre con respeto. Son muy pocos los casos en que actores,cantantes, etc, se querellen
    La mentalidad es diferente. Existe mucha discriminación hacia latinos , raza negra, etc.
    Hay casos, incluso en que al acusarse a una persona de color se le procesa, salta toda la comunidad diciendo que es un ataque racial, pero si la justicia demuestra que es culpable, se quedan calladitos. Hay una Institución, a la que le llamó la atención los porcentajes de latinos y gente de color que estaban en los pabellones de la muerte, empezaron a funcionar y fueron demostrando que muchos de ellos eran inocentes y ahí funcionan las querellas por millones de dólares hacia el estado. En países europeos hacer signos nazis es penado por la ley. Hay de dulce y agraz, pero es más controlado. Un abrazo

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