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Durkheim y el encasillamiento social del ser humano

Juan Rodes Publicado: 16 junio, 2013

Émile Durkheim (1858-1917) pensador francés que convirtió en ciencia la sociología dándole una nueva perspectiva que se hizo extensiva a la antropología o ciencia del hombre como ser social. Durkheim fue el primer tratadista en hacer comprender que la sociedad no dependía de la “psiquis” del individuo como se aceptaba hasta entonces, porque se consideraba a los fenómenos sociales dependientes de las acciones individuales, causados por la suma de los individuos, según su conducta y características.

Comprendió que es la sociedad la que impone la conducta y la mayoría de sus creencias al individuo a través de representaciones colectivas como el derecho, la moral y la religión. Vio la necesidad de establecer métodos científicos para el conocimiento de las sociedades. Comprendió que los valores compartidos por la sociedad y que conforman la conciencia colectiva son los que mueven a los individuos y ofrecen una base de la estabilidad social al crear los vínculos de cohesión y mantener el orden.

La sociología fue concebida por Durkheim como una ciencia tan rigurosa como la física, conservando las aspiraciones de la filosofía. Planteó diferencias de la sociología con la historia y la etnografía porque ni pretende el conocimiento en sí ni como medio de reconstruir formas caducas de civilización. Durkheim hizo de la sociología una ciencia positiva que explica una realidad humana, que sale del campo de la filosofía, que ignora las teorías sin valor científico, que adquiere su objetividad, y que, a pesar de haberse originado en las grandes doctrinas filosóficas, es una ciencia independiente donde el sociólogo hace su “obra de ciencia.”

La comprensión del pensamiento científico de Durkheim es propia del escenario histórico del siglo XIX, ante la situación decepcionante posterior a las románticas ideas libertarias de la Ilustración, cuando la Revolución industrial creó el desplazamiento del campo a la ciudad y el trastorno de la organización tradicional de la vida social. En ese contexto la sociología aparece para describir y entender los cambios dando repuestas a los desórdenes sociales. La representación científica de la vida social integra así la crítica social con  respuestas a los problemas más graves, rompiendo con la psicología que se aplicaba a estos problemas. Durkheim se desprende de la subjetividad que ofrecen los datos cualitativos creando un método apoyado en comparaciones estadísticas, considerando a la sociedad como un todo que comprende a los individuos y sin que su exactitud científica reduzca la ambición filosófica.

Él partía de que la sociedad ofrece una sustentación fija de la verdad como sucedáneo de la verdad absoluta, definitivamente imposible de conocer. La sociedad ofrece al ser humano una sustentación fija basada en “hechos sociales”, una objetividad no sometida a las desviaciones y distorsiones subjetivas de los individuos. Con la objetividad de la verdad del grupo social sustituye la verdad subjetiva del individuo conservando el orden como ideal básico de la sociedad y sin que ésta permaneciera impermeable a las ideas individuales, aunque sujetando la libertad de los individuos.

Los sociólogos anteriores no reconocían a la sociología una esfera autónoma de investigación, sino a través de acercamientos psicológicos individuales. Durkheim concibió la existencia de “hechos sociales” como fenómenos que constituyen las unidades de estudio que sólo pueden ser analizados con las técnicas apropiadas para el ámbito social. Asimismo redefinió la sociología como la ciencia que tiene por objeto el estudio de estos hechos sociales, los que explicó como “modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, y que poseen un poder de coerción por el cual se imponen a él”.

Aclara que los individuos actúan por muchos motivos, pero que sus resultados son hechos sociales con una lógica propia y una obligatoriedad específica. Decía que hecho social puede ser “todo modo de hacer, fijo o no, que puede ejercer una coerción exterior sobre el individuo”, siendo aquí cuando entra a operar el poder del Estado o de las autoridades establecidas. Dice que “el hecho social es general en todo el ámbito de una sociedad dada y que, al mismo tiempo, tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales”. Los hechos dice Durkheim “vienen a ser como unos moldes en los cuales nos vemos obligados a vaciar nuestras acciones”.

Los hechos sociales existen antes del ingreso de cada individuo a la sociedad por su nacimiento. Son exteriores porque no son parte de él; son colectivos porque corresponden a la cultura social, y son coercitivos porque las normas sociales someten al individuo por la educación, el rechazo general u otros medios. Durkheim amplía el sentido de los hechos sociales incluyendo en ellos el lenguaje, la escritura y hasta el sistema monetario.

El individuo adopta e interioriza los valores y la moral de la sociedad, lo que lo hace subordinado interior y exteriormente. El hecho social ejerce una sujeción coercitiva y eficaz en el individuo, la cual no puede reducirse a simples datos psicológicos. Existe además una conciencia colectiva que prima sobre el pensamiento individual, resultando que es la sociedad, y no el individuo, la unidad de análisis primordial de la sociología.

La esfera social tiende a adoptar posiciones que pueden diferir de las del individuo primando sobre él, pero siendo también mediadora entre él y la colectividad. El individuo resulta intercambiable en un mundo cada vez más organizado y debe adaptarse; cuando no lo hace puede verse relegado a la soledad y llegar hasta llegar la insignificancia. Sin embargo, es en ésta posición inferior donde el individuo redescubre su propia complejidad para no permitir ser absorbido por el conjunto social, para enfatizar el carácter insustituible de su posición social y para demostrar su empuje en la adversidad, su valor dentro de la diversidad y su capacidad para violar los preceptos.

Por otra parte, la sociedad se proclama independiente respecto a la aportación de los individuos aislados y exigentes, afirmando su autonomía, porque ella es la que tiene los instrumentos de coerción y no los individuos, la sociedad guía a sus partes, no viceversa. Para Durkheim, la sociedad no trata de rechazar la contribución individual sino de disciplinarla, pudiendo llegar a un acuerdo con las nuevas individualidades complejas que se van constituyendo como complemento del análisis de las funciones sociales e individuales en el carácter de representaciones colectivas que tienen los conceptos.

Durkheim aceptó a la religión como un componente esencial en la vida de la sociedad: “mientras haya hombres, habrá religión”, lo que puede considerarse una opinión no un “hecho social” y, a pesar de que nos resulta decepcionante a quienes consideramos infundadas y dañinas las creencias religiosas, hemos visto también a través de la historia que han sido excepcionales las sociedades sin religión. Sin embargo, Durkheim aclara que la sociedad con la religión se divinizaba a sí misma.

Somos muchos los que no compartimos los valores que conforman la conciencia colectiva de nuestro grupo social y preferimos considerarnos desadaptados sociales a aceptar la imposición de los valores de nuestra sociedad. Nuestra alternativa es entonces atacar con algunas posibilidades de éxito los valores que rechazamos, aceptando también que los procesos de cambio producen inestabilidad, y que mientras no logremos erradicar o sustituir los valores que rechazamos, ellos formarán parte de la conciencia colectiva, base de estabilidad y mantenimiento del orden.

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2 Comentarios

  1. Cristian López ha comentado

    como siempre un buen aporte, que más se puede decir …

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