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Lévi Strauss y su estructuralismo

Juan Rodes Publicado: 16 agosto, 2013

Claude Lévi Strauss (1908-2009), pensador francés, una de las grandes figuras del siglo XX, iniciador del enfoque estructuralista de la antropología. Dedicó alrededor de treinta años a un meritorio trabajo etnológico de campo en Brasil, Estados Unidos, México y el continente asiático, del cual resultó, entre otros logros, el libro publicado en 1955, Tristes trópicos, una obra además de etnológica, de reconocido valor humano y literario. Consideraba la etnología como una variante más del tema humanidad. Lévi Strauss sufrió en carne propia las injusticias de la Segunda guerra mundial. Por su origen judío perdió su empleo como profesor de filosofía en Francia durante el gobierno de Vichy. Se exiló en Estados Unidos en 1941.

Después de la horrorosa experiencia de la primera y segunda guerra mundial, el sentimiento humano de los filósofos de la postguerra, así no fueran víctimas directas de estos horrores, como sí lo fue Lévi Strauss, no estaba como para hacer transacciones con la agresividad humana de la civilización que vivieron. Además de la guerra, fueron testigos de las explotaciones del trabajo humano y del medio ambiente precedido de la revolución industrial. Es posible que la desconfianza en la civilización que vivieron les hiciera fijar su esperanza de mejorar el ser humano, buscando a través de los habitantes primitivos que no habían sido contaminados con las ideas de la civilización occidental. Volvieron al buen salvaje que había considerado Juan Jacobo Rousseau, base de su argumento de que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe.

Lévi Strauss se cuestionaba: “Desde el momento en que la civilización de tipo occidental ya no encuentra en su propio fondo un medio para regenerarse y adquirir un nuevo impulso, ¿puede aprender algo acerca del hombre en general, y acerca de sí misma en particular, a partir de esas sociedades humildes y durante tanto tiempo despreciadas que, hasta una época reciente, habían escapado a su influencia?”. Para él, el ser humano se encuentra solo, abocado a la guerra y a la destrucción del planeta por su rapacidad, para la cual no hay esperanza ni siquiera en el humanismo.

Gracias a Lévi Strauss muchos investigadores científicos empezaron a practicar la teoría de que existen patrones comunes a toda vida humana, los cuales se manifiestan en todas las culturas, esquemas lingüísticos, mitos y conductas. Los pueblos que antes se clasificaban de bárbaros, y para los cuales se utilizaba un enfoque etnocentrista de nuestra cultura occidental, despreciando las demás culturas, empezaron a ser reconocidos con valores más justos. Se empezaron a estudiar en todas sus manifestaciones la cultura oriental y las otras culturas antes consideradas primitivas. Se revaloraron clasificaciones como las que estas culturas hacen de la naturaleza y del diagnóstico de las enfermedades. Lévi Strauss se adelantó en más de medio siglo a la polémica del medio ambiente, hablando de un trato ecológico para la naturaleza, lo cual nunca antes se había visto en la cultura occidental.

El estructuralismo de Lévi Strauss hunde sus raíces en las ideas del método científico de Marx y en el protoestructuralismo lingüístico de Ferdinand de Saussure. El mismo Lévi Strauss cita a Marx cuando enseña que la ciencia social ya no se construye en el plano de los acontecimientos, así como tampoco la física se edifica sobre los datos de la sensibilidad: la finalidad es construir un modelo, estudiar sus propiedades y las diferentes maneras cómo reacciona en el laboratorio, para aplicar seguidamente esas observaciones a la interpretación de lo que ocurre empíricamente y que puede hallarse muy alejado de las previsiones. Por otra parte en Saussure encontró las herramientas para aplicarlo con una moderna base científica, como práctica mecanicista donde no cuenta el devenir humano. Fue esta idea precisamente la que le causó una famosa polémica con Sartre, el filósofo existencialista.

Para Lévi Strauss las cosas constan de estructuras que pueden ser descubiertas y analizadas en detalle. Considera que así como el lenguaje consta de unidades mínimas que se ordenan según una serie de reglas para producir un significado, la cultura, es comunicación y se constituye de unidades mínimas que se combinan según ciertas reglas en unidades mayores que forman un significado. Para él descomponer la cultura en sus unidades básicas y comprender las reglas mediante las cuales se combinan es entender el significado de la cultura. Considera que la mente organiza el conocimiento según una lógica de la que es provista genéticamente nuestro cerebro humano y la cual se aplica a diferentes cosas siguiendo unas leyes ya determinadas por su misma estructura biológica, lo cual es lo que nos proporciona el haber sido esa privilegiada especie de la que nos sentimos vanamente orgullosos.

En 1986, a los setenta y siete años de edad, Lévi Strauss hablaba así de la antropología en sus conferencias dictadas en Tokio y que fueron publicadas en el 2011: No importa qué tan lejos se vaya en el tiempo o en el espacio. La actividad humana está inscrita en marcos que arrojan caracteres comunes. El ser humano tiene un lenguaje articulado. Vive en sociedad. Fabrica y emplea herramientas. Establece reglas de reproducción que excluyen un determinado número de uniones biológicamente viables. Hay organizaciones institucionales que permiten consumar funciones educativas, religiosas, económicas, políticas. La antropología, en un sentido amplio, estudia todo esto. “El fenómeno humano”.

El pensamiento de Lévi Strauss es en mucha parte cuestionable y en algo puede haber sido científicamente superado, pero se trata indudablemente de un pensamiento profundo y original que todos debemos analizar para sacar nuestras propias conclusiones. Para estudiar a los hombres, decía Rousseau citado por el mismo Lévi Strauss, hay que mirar cerca de uno, pero para estudiar al hombre hay que mirar lejos, observar las diferencias para descubrir las propiedades. Debemos reconocer en Lévi Strauss a esa generación que recoge los horrores, la angustia y el vacío de una época suspensa entre el fracaso del ensueño de la Ilustración y la esperanza, a la cual no debemos nunca renunciar, de una sociedad libre y razonable.

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