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El veganismo no se basa en el amor

Leonardo Vásquez Publicado: 6 abril, 2013

En jornadas de activismo para promover el veganismo, me ha tocado conversar con muchas personas que consideran que nuestro trabajo es necesario y digno de respeto. En algunas ocasiones, nos mencionan que ellos también “aman a los animales” y hace su aparición un lindo monólogo de cómo tienen un perrito o gatito especial con diversas características extraordinarias.

De buenas a primeras producen simpatía esas anécdotas, pero intento concentrarme en mostrarles que así como consideran que ese ser que están cuidando tiene derechos inherentes, otros animales también los tienen. El profesor y teórico Gary Francione explica con el concepto de “esquizofrenia moral”, la lógica de pensamiento que hace que respetemos a unos animales específicos y que promovamos la esclavitud y el sufrimiento de otros. Pero ha sucedido que el discurso de “su mascota” continúa y pareciera que no se detendrá en un buen rato. Finalizando la apología de su “hermano menor”, “hijo/a” o “integrante de la familia”, me queda la sensación de que esa persona intenta evadir el cuestionamiento ético que estamos haciendo o busca subterfugios para sentir que también es parte de una causa por los derechos animales sin ser vegano.

Dejando de lado el tema del veganismo, aquí es cuando reflexiono ¿Será positivo tal nivel de apego de un humano con un animal no humano? La verdad es que no le encuentro ningún problema, pero el asunto se puede complejizar. Muchas personas sienten un afecto especial a un animal en específico en detrimento de otros. Tampoco veo gran problema en esta parte, porque uno tiende a preocuparse de las personas más cercanas y a los que uno conoce.

El tema de fondo es que solemos olvidar que el amor no hace a un sujeto merecedor de derechos y que sus intereses y deseos no sean coartados, sólo es necesario el respeto. En ese sentido, el veganismo no busca la compasión, sino que sus ideas están amparadas en la justicia. Los veganos no tenemos esa mirada un tanto paternalista en la cual los demás animales son nuestros “hermanos menores”, sino más bien los vemos como iguales a nosotros en los derechos fundamentales, vemos a un alguien que no necesariamente tiene que agradarnos, pero que aún así debe ser respetado.

Entre reflexionar la cuestión en términos de justicia y derechos, o más bien en trato bondadoso y compasión, creo que la primera visión es la más acertada. Los animales no tienen que ser lindos, interesantes, estar en peligro de extinción o ser queridos por nosotros para respetarlos. Debemos tener precaución al momento de entregar nuestro mensaje para no caer en sentimentalismos que en definitiva no aportan a lograr un mundo sin especismo. Nuestras decisiones éticas debemos basarlas en argumentos racionales, no en lo que nos gustaría creer al respecto, aunque el valor emocional también es importante como motor de acción. Hay que comprender que mientras el amor a otros animales es una opción legítima, no debería serlo pasar a llevar los derechos de otro. Uno no ama y nunca amará a todos y si no entendemos que lo más relevante al momento de considerar moralmente a otro es su capacidad de sentir, no habremos comprendido las bases de la justicia. No sabremos, en definitiva, de qué se trata el veganismo.

 



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