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Semana 175

Las seis maneras de gobernar

Yessica Ulloa Publicado: 25 marzo, 2013

Las seis maneras de gobernar son principios que orientan la acción humana. Son enseñanzas muy antiguas y están basadas en la noción de mandala: un caos ordenado que conforma un centro y una periferia. El maestro Sakyong Mipham Rinpoche ha estado transmitiendo estas enseñanzas, contribuyendo a la creación de una buena sociedad.

Estos principios pueden aplicarse a un país, a un gobierno local, a instituciones y organizaciones  o a nuestros mandalas individuales: nuestra familia, nuestro círculo de amigos, todos nuestros grupos de pertenencia. En nuestros mandalas, nosotros somos el centro y podemos asumir este rol de manera más despierta.

Tres de ellos están relacionados con la visión –cielo- y se refieren a gobernar con sabiduría: ser benevolente, consecuente y auténtico. Los otros tres están vinculados a la tierra, a nuestras actividades cotidianas y se refieren a gobernar con poder: son la valentía, la destreza y la alegría.

La benevolencia se origina en la paciencia -la capacidad de percibir el espacio que rodea las situaciones y de no reaccionar intempestivamente. Esa mente amplia actúa como un antídoto para la agresividad. Se expresa en la capacidad de escuchar a los demás sin prejuicios y con interés. “Para ser benevolentes es preciso confiar en nosotros mismos y recordar el sufrimiento ajeno” (SMR)

Ser consecuentes es,  como sabemos, actuar de acuerdo a nuestros principios. Una vez que hemos trabajado nuestra propia mente, estamos familiarizados con nuestras emociones y, en lugar de dejarnos atrapar por ellas, las usamos como un medio para conocernos a nosotros y entender a los demás. “Ya no creemos que podemos conseguir lo que queremos por medio de la negatividad” (SMR)

La autenticidad, de la que se habla aquí, no nos pertenece. “Es como una estrella en el firmamento que todos podemos ver” (SMR). Se refiere a la manifestación genuina que es fácilmente reconocida por los demás. Somos capaces de examinar nuestras acciones de cuerpo (físicas), palabra y mente y hacemos lo que es preciso y adecuado a cada situación.

Dice el Sakyong: “el poder que depende de la manipulación de las circunstancias no es auténtico. El poder que depende de avasallar a los demás no es duradero”.

La valentía es la expresión natural de nuestra confianza, del conocimiento y de la comprensión de las cosas. Se trata de una valentía amable, sustentada en la compasión. “Si le tenemos miedo a nuestro propio poder, es que hemos perdido la conexión con el cielo. Si le tenemos miedo al poder de los demás, es que hemos perdido la conexión con la tierra” (SMR). Se necesita valentía para tomar decisiones. El poder no proviene de reprimir a los demás sino de inspirarlos. Es preciso no caer en los extremos de la vacilación (los demás no nos prestarán atención) o de la exigencia (los demás pueden resentirse y oponer resistencia).

La destreza es el arte de gobernar, equilibrando el aspecto interno y externo del poder. El círculo inmediato de las personas que nos rodean nos proporciona una base para extendernos a los demás, y eso requiere la disciplina de no dar un trato preferente a los amigos íntimos y familiares, ni ser seducidos por la adulación y el acuerdo fácil.  El principio es tener siempre en cuenta a los demás y comunicar nuestros planteamientos, de manera oportuna y con tiempo, para que los otros puedan asimilar las informaciones.

La destreza tiene que ver también con ser capaces de abrirnos a las situaciones difíciles en lugar de cerrarlas con nuestra negatividad. Un buen antídoto para esto es el mantener despierta nuestra curiosidad y abandonar la arrogancia, que es causa de ignorancia.  Además “somos diestros cuando somos capaces de reconocer los esfuerzos virtuosos de los demás y tomamos en cuenta sus intereses” (SMR).

La sexta manera de gobernar es la alegría, “la energía natural y festiva que surge cuando equilibramos cielo y tierra”. Puede aparecer en cualquier situación en que trabajamos juntos y avanzamos en nuestros logros, lo que nos lleva a un sentido de celebración. Cuando superamos el miedo y la agresión, hay menos discusiones, envidia y competitividad. Sentimos agradecimiento y celebramos la vida.

Una forma de familiarizarnos con estos principios es mediante la contemplación: escucharlos y relacionarlos con nuestra experiencia.



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