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Semana 178

Políticos prescindibles, ciudadanos comprometidos

M. Antònia Ferragut Publicado: 2 marzo, 2013

“La peor de las actitudes es la indiferencia, decir “no puedo hacer nada, ya me las arreglaré”  Stéphane Hessel

En estos momentos existe una ruptura entre el poder político y la ciudadanía que se siente maltratada por una clase política en la que depositó su confianza y que no está respondiendo a sus necesidades ni demandas.

Muchos son los signos de desacuerdo que la sociedad en mayor o menor medida estamos dejando ver, en manifestaciones, menos o más multitudinarias, en corrillos de café o en las redes sociales.

Pero también estamos viendo lo poco que eso está afectando a los políticos. Mires a donde mires no se observan cambios en la actitud de estos, independientemente del color que representen. Parece que lo que los ciudadanos pedimos a gritos en algunos casos, en silencio en otros, no vaya con ellos. Parece que los políticos estuvieran sordos.

Ellos siguen con sus discursos vacios, que no convencen a nadie; con sus desfasados mítines a grito pelado, que solo aplauden sus incondicionales; con sus luchas internas, que nos importan bien poco al resto de los mortales y con sus conclaves endogámicos dónde no perder la cuota de poder es la preocupación y la disconformidad se castiga con el destierro.  A esto se suma la corrupción que viene salpicando a unos y otros aquí y allá.

Esa sordera provoca que, al final, acabemos generalizando y las criticas e insultos lluevan sobre todos. Buenos (que alguno habrá) y malos. La coletilla “todos son iguales”, o, “no se salva  ninguno”, la repetimos hasta la saciedad. En Mallorca decimos “amb els collons d’uns poden penjar els altres”, nada más ilustrativo y machista, también es cierto, que el refranero popular. Esto acaba afectando a la Política con mayúsculas y provocando la desafección que el ciudadano siente hacia ella.

Muchas veces realizo un ejercicio mental para saber ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué no  escuchan los políticos? Quizá sea porque, hasta hace bien poco, el discurso era unidireccional. La única interacción o feedback entre políticos y ciudadanos eran las urnas. Ese era el único lugar dónde se nos permitía opinar.  Ahora, las redes sociales y los medios digitales, nos dejan decir públicamente lo que pensamos y la crisis y sus efectos colaterales nos han hecho mover a más de uno de nuestros confortables sillones en busca de respuestas a algunas acciones que nos han tocado la moral y/o el bolsillo o nos han revuelto las entrañas.

También puede ser que los ciudadanos estemos cada vez más preparados para ser críticos, activos e influyentes y los políticos, por el contrario, cada vez estén menos formados, sean más mediocres,  su discurso más pobre y les asuste el debate abierto y por eso hagan oídos sordos a las peticiones de la gente.

Ante esto, me resisto a caer en el desanimo, me resisto a limitarme a molestarme y a opinar negativamente sobre decisiones absurdas o que van contra la justicia social, indignándome sin realizar ninguna acción eficaz y positiva. Estoy convencida de que algunas decisiones que se llevan a cabo, con el desacuerdo de la mayoría de la sociedad, no son producto de la inteligencia de los que las dictan sino de nuestra pasividad y falta de decisión colectiva.  Albert Camus decía que “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”.

Somos una sociedad cada vez más preparada y formada, los jóvenes nos dan cada día lecciones de ello. La crisis está sacando lo mejor que tenemos dentro. Nos ha vuelto más solidarios, más participativos, responsables y comprometidos. Tenemos tiempo y ganas para dedicarnos, incluso de manera voluntaria, a plantear propuestas, defender posturas, proponer soluciones. Sólo falta que nos lo creamos. El político actual debe ver peligrar su “profesión” ante estas perspectivas. No es raro que actúen, en la mayoría de los casos, como burros con orejeras.

Últimamente me oigo a mi misma decir que no me interesa la política, pero no es cierto. No me interesa la política que están haciendo estos políticos. Me interesa una política más pensada y menos cutre. Me interesa la política, rama de la ética, cuyo fin último es el bien común. Quiero unos políticos estadistas, preparados y ejemplares, de los que pueda aprender cosas buenas; honrados, de los que no me avergüence. Que me transmitan seguridad, ilusión, confianza y conocimiento. Que me escuchen cuando les hablo y tengan en cuenta las opiniones de los demás. El perfil del político, como lo conocemos hasta ahora, tiene que cambiar, adaptarse a una nueva era. Si no, no los necesito, para mí son completamente prescindibles.

Me interesa tener no solo voto, también quiero tener voz. Reivindico el derecho de que los hombres y mujeres seamos protagonistas activos y críticos del funcionamiento social y de que se facilite nuestra participación. Reivindico que se escuche a la sociedad. Reivindico el ámbito político del individuo como desarrollo de su proyección social. Reivindico también que los políticos utilicen la tecnología de la información, no únicamente para hacer propaganda i marketing político sino también para interactuar con el ciudadano y llevar la participación pública a los procesos de decisión, utilizando técnicas como la e-consulta, la e-petición o el e-voto. Utilizar las nuevas tecnologías de manera colaborativa entre ciudadanos y políticos puede ser un gran paso hacia una verdadera democracia participativa.

En cualquier caso o empezamos a exigir con convicción un cambio y reclamamos a los políticos que oigan, se atrevan a dialogar para conseguir consensos y realicen una política dónde el ser humano sea un fin y no un medio o no podremos volver a confiar en ellos y la Política dejará de interesar definitivamente a la ciudadanía. O, es otra opción, buscaremos la manera de hacer la Política nuestra, sin necesidad de intermediarios.

 



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1 Comentario

  1. Malucha ha comentado

    Yo me comprometo, voy por mis derechos, estoy dispuesta a los deberes, voy por una democracia participativa en cada acción, en los hechos, en el espacio para las emociones, intuiciones, pensamiento, voy por la vida

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