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Quien ocupe La Moneda, no podrá “pasar”

Enrique Fernández Moreno Publicado: 9 abril, 2013

“¡Paso!” Así de escueta fue la  no-respuesta de la ex presidenta Michelle Bachelet ante la pregunta de uno de los periodistas que cubrían la presentación del equipo que apoya a la ahora candidata en su intento por volver a La Moneda. Los profesionales de las comunicaciones, así como parte del comando, vieron cómo Bachelet daba la espalda a los reporteros y se perdía tras bambalinas. Luego, frente a cámaras y micrófonos, fueron presentándose uno a uno quienes jugarán distintos roles en la carrera presidencial de su abanderada.

El gobierno y los partidos que lo apoyan no dudaron en ironizar con la actitud de quien se perfila como la única con posibilidades reales de derrotarlos en las elecciones presidenciales, pues los demás candidatos –con la excepción de MEO que probablemente obtenga muchos votos- no tienen posibilidades.

Bachelet partió mal, parece desconocer que durante el período que ocupó un cargo internacional, lejos de las lacrimógenas, el Transantiago, marchas, revueltas ciudadanas y estudiantiles, el país cambió. La ciudadanía –liderada por el movimiento estudiantil- ha propuesto e impuesto nuevos temas en la agenda pública, pero aquello parece pasar desapercibido para quienes manejan los hilos de la política. Y si lo intuyen, no saben interpretarlo.

Cuando en 2006 y 2007, los llamados “pinguinos” salieron a las calles, la clase política les dio la espalda, y quienes no fueron cooptados por los partidos o tentados por la farándula televisiva, fueron perseguidos, estigmatizados y reprimidos por la fuerza policial.

Pasaron 4 años hasta que, estimulados por las protestas en Aysén, los jóvenes retomaran con fuerza las banderas de lucha que continuaban latentes. 2011 marcó un antes y un después. Tras 20 años de pasividad y hasta permisividad con las decisiones políticas y económicas adoptadas por los 4 gobiernos concertacionistas, el movimiento estudiantil regresó con nuevos bríos, La clase política se parapetó en el Congreso Nacional, institución cuyo nivel de desprestigio se profundiza cada vez más. A modo de ejemplo, el actual vicepresidente de la Cámara de Diputados ostenta un prontuario que incluye fraude al Fisco.

La derecha defiende sus privilegios, y hace oídos sordos a las demandas populares que insisten en una asamblea constituyente que dé paso a una Constitución Política realmente representativa, democrática e inclusiva. Por otra parte, rostros históricos concertacionistas se suben a última hora al grito de educación pública de calidad, pues lo de gratuita está en veremos, ya que muchos representantes del espectro político de ambas coaliciones han lucrado y siguen lucrando.

Michelle Bachelet, de resultar electa, deberá adoptar las decisiones correctas para responder a las demandas de miles de ciudadanos y ciudadanas que no están dispuestos a seguir soportando abusos laborales, educación para ricos y pobres, falta de participación real, el robo de las Isapres y las AFPs, salud pública deficiente y la entrega de recursos naturales a privados, entre muchas otras exigencias que se han consolidado durante los últimos dos años.

En los próximos días, miles de rostros jóvenes ocuparán plazas, calles y avenidas, exigiendo educación pública gratuita y de calidad, y lo más probable es que muchos adultos –como ha sido frecuente- acompañen esas manifestaciones.

Recientemente, trabajadores portuarios paralizaron sus faenas y tanto el gobierno central como el empresariado alzaron su voz pidiendo aplicar la Ley de Seguridad del Estado, una actitud opuesta a la que tuvieron Longueira y Chadwick cuando justificaron a los agricultores que cortaron calles y carreteras en La Araucanía.

La ex presidenta, o quien resulte electo en los próximos comicios, no podrá decir “paso” a un movimiento ciudadano y popular cada vez más organizado, si no quieren ser sobrepasados por miles de chilenos y chilenas que buscarán sus propios caminos.



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