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Semana 157

Trabajar gratis y agradecidos

Gabriela Warkentin Publicado: 8 abril, 2013

¿Alguien te paga por tuitear?

Pues no.

Pues por wey.

Igual y sí, porque los que ganan cuando lo hacen, ganan bastante bien. Un tuit patrocinado a 50 o 60 mil pesos, no suena mal. A poquito más de 150 pesos por caracter escrito… con lo que llevo del título hasta esta línea, ya me compro unas cositas. Pero no, a mi no me pagan por tuitear (porque así lo he decidido), y me pagan poco por producir contenidos (porque así lo han decidido).

¿Quién paga entonces por contenidos?

La paradoja más estudiada y diagnosticada de nuestra época mediática es que cada vez se requiere de más y mejor contenido, y cada vez hay menos posibilidades de que éste sea retribuido. Veamos: escribir un artículo de dos o tres páginas, con algo de investigación de fondo, te lleva unas cinco horas (en lo que le pensaste al tema, le diste vuelta, checaste quién más escribió algo sobre lo mismo, investigaste los datos, trabajaste el tono). Si cobraras por hora (¿no había algo así como propuesta en la Reforma Laboral?) pues tendrías para tus chuchulucos (o para pagar el Internet o para darle unas carnazas a tu perro, que espera ansioso que sueltes el teclado para salir a la calle). Pero la verdad es que un porcentaje creciente del contenido que se produce (y publica o transmite o archiva) no recibe remuneración alguna (o muy poca). Ante la pregunta sobre posibles emolumentos al trabajo realizado, suele venir la misma respuesta: “no tenemos presupuesto, pero te ofrecemos proyección”. Cierto, cierto, buena persona, sólo que de proyección no vive ni un astronauta.

Dirigí durante casi nueve años una de las principales escuelas de Comunicación en México. Y formamos ahí a cientos de profesionales de los medios y los procesos comunicativos. Sólo que nunca, o casi nunca, les dijimos: no te van a pagar por lo que produces. Sería un poco anticlimático decirlo, ¿o no? Pero habría sido más honesto [eso quiero creer]. También dirigí un medio universitario en el que las colaboraciones eran voluntarias. ¿Dónde trazar la línea de responsabilidad?

Hoy, las páginas y los segmentos de opinión de los medios están llenos de personas que escriben, hablan o se muestran… por el placer de hacerlo. La mayoría vive de otras cosas: son académicos, militantes en partidos, integrantes de organizaciones civiles, etc. Eso, lo otro, les da para vivir. Esto, el contenido, les da para ¿ser?, ¿soñar?, ¿existir?  Es un trabajo ya no mal pagado; es no pagado. Es gratuito.

Tendríamos entonces que repensar la ecuación.

¿Cómo exigirle rigor a quien te ofrece contenido por el placer de hacerlo? ¿Qué rigor exigirle? ¿Cómo tratarlo? ¿Cómo exigirle puntualidad y presencia, pertinencia y efectismo a quien te escribe o te graba en sus tiempos libres? ¿A qué acuerdo se llega con las instituciones académicas o las organizaciones de la sociedad civil o las instancias públicas, para que ellas reconozcan el valor de lo que sus voces producen y que no es remunerado por el medio que las amplifica?

Reitero: repensemos la ecuación.

Mientras tengamos más contenido a disposición y menos personas dispuestas a pagar por ello, tendremos un creciente intríngulis con implicaciones éticas. Los medios vivirán del favor de quienes les producen la parte amplia del contenido, y pagarán a aquellos que “hacen la diferencia” o que les “dan nombre”. El problema ya no es que unos cobran mucho y otros poco: el problema es que unos cobran mucho, y otros nada.

¿Qué les decimos a las generaciones en formación? Aquellas que pasan meses en prácticas profesionales escasamente remuneradas para después recibir un “gracias” y al que sigue. ¿Cómo trabajar nuevos esquemas de financiamiento que permitan a los medios contar con recursos para pagar a sus colaboradores? Tendríamos que estarnos haciendo ya las preguntas que en otros países llevan décadas de reflexión avanzada. La otra es que cada articulista u opinador se mire en el espejo: si de reconocimiento vive el alma, ¿qué son unos pesos que no llegan?

Cuando el mundo tuitero comenzaba a expandirse, y algunos ya merodeábamos por ahí con singular alegría, fueron muchos los que despotricaban en contra de la gratuidad de los 140 caracteres. ¿Por qué, decían, si soy periodista y vivo de ello, debo escribir en esta plataforma sin que nadie me pague? Y algo de razón había en el reclamo. Hace tiempo que apostamos por la gratuidad de los contenidos sin asegurarnos la sustentabilidad de sus productores.

Pienso todo esto mientras termino de dar clase. Tengo frente a mi a un grupo grande de jóvenes entusiastas, todos con un guión o un libreto o una novela o un reportaje bajo el brazo. Así estábamos también nosotros, mi generación, cuando estudiábamos. Y en aquel entonces lo que no había era salidas. Hoy sí, las hay muchas. Medios y plataformas se multiplican, todas ansiosas de consumir contenidos. Salidas hay, entradas muy pocas.

Santa paradoja, Batman.

Me dan un poco de ternura, nuevamente, aquellos que vociferaban en contra del tuiteo gratuito. ¡Jo’er!, si ahora escriben de manera gratuita. Pero también me da gusto aprender de todos esos nuevos esfuerzos que sí están dando resultado: otra forma de combinar y cruzar recursos que permiten a las estrellas de la nueva época de los contenidos… existir.

Será que en el repensar la ecuación ya comienzan a afianzarse nuevas fórmulas.

¿Alguien te paga por tuitear?

Pues no.

Pues por wey.

Y no, no se trata de cobrar por tuitear. Se trata de entender que la producción de contenido tiene su dinámica y sus exigencias. Y que el consumo del mismo tiene sus beneficios.

Ahora falta repartirlo entre aquellos a quienes corresponda.

Originalmente publicado en Animal Político de México: http://www.animalpolitico.com/blogueros-mexico-bizarro/2013/04/07/trabajar-gratis-y-agradecidos/#ixzz2PsvnEUJE



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