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La importancia de los ritos

Andres Rojo Publicado: 5 enero, 2014

Se acerca una nueva ceremonia de traspaso de la autoridad, y da la impresión que cada vez se le tiene menos respeto al sentido republicano que tiene esta situación y hasta se trata en algunos casos de negarle validez a la decisión dada por la ciudadanía en las urnas.  Ni siquiera la alta abstención le debe restar importancia a la relevancia que tiene abandonar el poder y entregárselo a los elegidos de manera educada y gallarda.

Por ejemplo, dicen que fulano ha tomado medidas para dejar instalados a sus amigos en los puestos de trabajo que ocuparon durante cuatro años, para que no queden expuestos a un despido ignominioso en marzo ni vayan a reducirle sus remuneraciones.

Dicen también que una serie de menganos anda repartiendo sus antecedentes para ocupar precisamente esos mismos puestos y otros más que puedan aparecer en el camino, alguna comisión por ejemplo.   Se cuenta que entre estos se encuentran los que se mantuvieron en la administración pública a pesar de haber sido nombrados en el gobierno anterior y ser partidarios del próximo.   Se justifican diciendo que su trabajo era técnico y no político, lo que viene a significar que les da lo mismo con quién trabajen.

Por último, han aparecido los zutanos diciendo que los perenganos no pueden participar de la ceremonia porque, en el fondo, nunca han estado comprometidos con la democracia y su lealtad es dudosa.   Los perenganos dicen que los zutanos no tienen derecho a criticar porque nunca han estado comprometidos con la democracia y su lealtad es dudosa.

La ceremonia de traspaso del poder de un grupo de determinado signo político a otro distinto requiere más seriedad y respeto por las personas que, con su voto, resolvieron ese cambio.   No se trata de hacer reemplazos en un equipo de fútbol de barrio ni de repartir el botín del derrotado en manos del victorioso.

La mayoría ciudadana -la que fue a votar- tiene un conjunto de expectativas y es bastante claro que, dentro de este conjunto de aspiraciones, no se encuentra la idea de que el poder sea para distribuirlo entre los amigos.

Quienes tienen experiencia política saben que el poder es para ejercerlo y que su ejercicio requiere gente de confianza.   Pero la gente común, el ciudadano de a pie, no lo ve así y, sea razonable o no, la falta de elegancia es el inicio de la desconexión entre la clase política y los votantes.  Las formas pueden parecer poco importantes, pero hay que cuidarlas.

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