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El reclamo del recambio

Andres Rojo Publicado: 23 agosto, 2015

Cuando empiezan a aparecer como principales candidatos a la próxima Presidencia de la República los ex-presidentes Sebastián Piñera y Ricardo Lagos y el ya dos veces postulante Marco Enríquez-Ominami, se empiezan también a escuchar las protestas de algunos respecto a la falta de renovación de la política nacional.

Se habla de la necesidad de un recambio, de una renovación de los liderazgos, de la necesidad de dejar espacio a los jóvenes, y lo que parece ser una protesta válida pierde gran parte de su sentido cuando se constata que son precisamente los jóvenes los que menos concurren a votar.

Entonces, si se trata de tener méritos para llegar al poder, queda claro que existe una marcada incoherencia entre lo que se pretende y lo que se hace para conseguirlo.   Una cosa es querer y otra hacer lo necesario para poder, y eso es algo que se aprende con la edad.

En la queja hay una importante cuota de voluntarismo, y cuando se trata de ganar elecciones no bastan los argumentos ni su validez, sino el trabajo en terreno para captar voluntades y sumar adhesiones.  No son suficientes las utopías si no se hace lo necesario para convertirlas en realidad.

Por otra parte, hay que reconocer que cuando se habla de dar espacio a la juventud, en realidad de lo que se está hablando es que los jóvenes con una postura partidista determinada sean los que lleguen al Gobierno.  Desde ese punto de vista, no se trata entonces que sean los jóvenes los que alcancen el poder sino una cierta corriente partidista, lo que nuevamente le quita validez al argumento de la juventud porque se trataría sólo de una triquiñuela.

Otro asunto que hay que mencionar es que el recambio no es necesariamente generacional, sino que se trata de una renovación de nombres, sobre todo cuando existe una alta frustración de la ciudadanía respecto de la gestión de quienes han estado al frente de la actividad política, tanto en el gobierno como en la oposición, hace un cuarto de siglo.  Los partidos no solo no están cumpliendo a cabalidad su rol de formación de nuevos cuadros, sino que además parecen bloquear el surgimiento de nuevos liderazgos.   Los jóvenes reclaman -y cuando se habla de jóvenes es fácil poner la barrera en los 40 años de edad- pero se les responde que no se han abierto los espacios por sí mismos.

Por su parte, los que votan y se enfrentan al dilema entre la experiencia y la renovación, han optado hasta ahora por la experiencia.  Son votantes mayores y a ellos no parece importarles mucho el argumento de la juventud.   Si los jóvenes no concurren a votar, serán ellos los que tomen la decisión respecto de las próximas autoridades.

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