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Identificar las emociones a través del lenguaje

Gracia Brunet Publicado: 6 septiembre, 2015

Un aspecto fundamental en todo lo concerniente al desarrollo de las personas tiene relación con el lenguaje. De aquí la importancia de hablar a nuestros niños desde su mismo nacimiento y aún desde que están en el vientre de la madre. Suele preguntársenos a los psicólogos infantiles desde qué edad los niños entienden lo que se les habla o si un bebé de meses pudo comprender algún acontecimiento ocurrido en su familia. La respuesta es que los bebés sí logran entender lo que se les habla y perciben lo que pasa a su alrededor; existe un modo de relación y comunicación emocional entre él y sus cuidadores por la que esto se da y, por este medio, los pequeños siempre se dan cuenta cuando algo distinto ocurre y si no se les explican bien las cosas, podrían tener dificultades en la conformación de sí mismos. Y es que para la construcción de nuestra identidad es imprescindible un adecuado desarrollo emocional y uno de los pilares de éste, se encuentra en nuestra constitución como sujetos a través del lenguaje.

Qué es lo que quiero decir, se puede estar preguntando usted. Simplemente que se dé el tiempo de conversar con sus hijos, sin importar la edad que tengan y hablarles acerca de las cosas que acontecen a su alrededor. Explíqueles en palabras que ellos puedan comprender qué es lo que está pasando. Si se va a separar de su marido, dígaselo a su hijo con palabras sencillas, trate de mostrar sus sentimientos de una forma constructiva, para que él perciba que está bien sentir diferentes emociones, pero que la forma en que las expresamos debe ser acorde con el ideal de no dañar a nadie. Enséñele cómo se está sintiendo y entréguele la certeza de que ambos siempre van a continuar queriéndolos, a él y a sus hermanos, de la misma forma.

Lo mismo para las dificultades que nuestros hijos tienen y los sentimientos que van aflorando en ellos día a día. Pregúnteles, interésese en cómo se sienten, en qué les motiva, preocupa y en las cosas que les pasan. Dé un nombre a lo que están sintiendo, ponga en palabras las diferentes emociones que su hijo vivencia. Por ejemplo: “mi niño, escucha, esa mezcla de rabia y pena que sientes cuando me ves con tu hermanito chico son celos. Ese es un sentimiento completamente normal en este caso, porque para ti debe ser muy difícil ver que ahora la mamá ya no tiene sólo un hijo, sino que ahora tiene que preocuparse de alguien más. Pero yo te amo mucho y eso nunca va a cambiar. No debes sentirte culpable por lo que estás sintiendo, yo sé que a veces no quieres a tu hermanito, pero tienes que imaginar que en el futuro serán amigos, van a poder jugar juntos y podrán ayudarse el uno al otro con sus problemas…”

O bien: “hija, yo sé que te duele la guatita y por eso no quieres ir a clases. Esto está ocurriendo porque te sientes muy nerviosa cada vez que debes hacer una exposición frente a tus compañeros. No está mal que esto te pase, hay muchas personas que se ponen nerviosas cuando deben hablar frente a otros, sobretodo si los van a evaluar por ello. Pero debes comprender que, si bien esta angustia que sientes es positiva hasta un determinado nivel, si sobrepasa un límite, te paralizará y tendrás dificultades para realizar tu disertación, e incluso afectará tu salud física, provocándote, como ahora, dolor de estómago. ¿Qué te parece si damos un paseo para que te relajes y después practicamos juntas lo que debes decir mañana en clases?…”

Mucho de lo que hacemos los psicólogos en nuestro trabajo se refiere a esto. Ayudamos a las personas a entender lo que les pasa, a distinguir las emociones que sienten frente a determinados sucesos, les ponemos palabras a sus dificultades, mostrando cómo se va dando una determinada reacción, según la cual, por algún motivo A (no los dejaron hacer algo en la escuela), que les desencadena un sentimiento B (frustración, rabia hacia la autoridad que no los comprende y deja expresarse libremente), actúan de la forma C (molestando y agrediendo a sus compañeros).

Ayudarlos a conectarse con sus sentimientos, aprender a identificarlos y posteriormente, expresarlos en formas socialmente beneficiosas y positivas para sí mismos y los demás, es una gran ayuda que todos los adultos podemos prestar a los niños que nos rodean. Y para esto, lo primero es mantener con ellos una relación amorosa, abierta, cercana y en la que sientan que usted se preocupa por ellos y las cosas que les pasan.

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2 Comentarios

  1. andrea avalos ha comentado

    Muy bueno! Y fácil de comprender. Me gusta

  2. Maria ha comentado

    Me parece sumamente importante lo que menciona el articulo respecto a como muchas veces los chicos no saben darle un nombre a lo que les ocurre y por esto muchas veces expresan su malestar de formas que a la larga no hacen si no empeorar la situacion que estan viviendo.

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