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Tírame la eme

Sergio Arévalo Publicado: 8 octubre, 2015

Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile

Hablar del Mapu, es hablar de parte importante de mi juventud. Todo empezó en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, cuando conocí a mi amigo el Mota, que  era en ese momento el único militante activo en la escuela.

Conversar en los patios con el Mota, hacerme su amigo y pasar a militar en la Movimiento fue un continuo.

Uno de los primeros incentivos para integrarme al partido fue nuestro contacto, la Lucía. El Mota y yo estábamos medio enamorados platónicamente de ella. Cuando nos reuníamos en un punto, como se llamaba a nuestras mini reuniones clandestinas en algún rincón de la escuela, no sé si le dábamos más atención a la Lucía, con su hermoso rostro, su sonrisa y su forma tan cuica de pronunciar las palabras, o a la información política que nos entregaba.  Me imagino las caras de tontos que teníamos ambos, cuando la mirábamos, sentados en un banco del antejardín del edificio de dirección en calle Beauchef.

La primera tarea política fue hacer crecer nuestra incipiente célula; así que comenzamos buscando a un militante referenciado que ya militaba en el liceo. No costó mucho ubicarlo, porque se llamaba Didier, era rubio, barbón, chascón y usaba el típico chaleco nortino y su correspondiente bolsito artesanal. A kilómetros de distancia se cachaba que era de izquierda.

Nuestra cuarta militante fue reclutada por el Mota con fines político amorosos. Fue tan exitoso en esta última tarea que después se casó con ella y tuvieron tres hermosos hijos.

Con este pequeño equipo, más el flaco que se integró después, y con el apoyo de muchos otros compañeros de las otras facultades, participamos de grandes cosas. La creación de la revista Mambrú y del Taller de Acción Universitaria TAU, con quienes organizamos un hermoso acto de celebración del triunfo de la Revolución Sandinista. Unidos a otras fuerzas socialistas de la Universidad, construimos primero la Convergencia Universitaria y luego el Bloque Socialista y fuimos capaces de elegir a uno de nuestros militantes como Secretario General de la primera FECH democrática post golpe.

Entre mis recuerdos más presentes, está uno cuando nos conseguimos un equipo VHS y un video con un reportaje de la televisión mexicana sobre la ofensiva final que resultó en el triunfo Sandinista en Nicaragua. Este video lo exhibimos tantas veces que me terminé aprendiendo los parlamentos de memoria. Aún recuerdo que el Comandante Cero en medio de la selva, cuando aparecían los helicópteros de Somoza, ni siquiera se escondía; ya que decía que estas máquinas solo hacían ruidito.

En esa época el partido creó el Movimiento Juvenil Lautaro, como un espacio para integrar a la juventud poblacional a la lucha contra la Dictadura. Este Movimiento fue todo un éxito en términos de reclutamiento, pero después se le fue de las manos al partido; transformándose en una facción muy radicalizada, que inclusive se integró a la lucha armada.

Como anécdota puedo contar que, sin saber nosotros de la división de nuestra organización, pues estábamos bajo estado de sitio y las informaciones tardaban en llegar,  un militante bastante oscuro que se había integrado a nuestra célula, al que llamábamos Chapulín, nos empezó a entregar información y a conectar con la fracción Lautaro, sin decirnos nada. Solo después de un tiempo llegó nuestra Lucía a contarnos la verdad y a conducirnos de regreso al redil. Valga decir que nosotros ya encontrábamos raro el lenguaje y la estética de los documentos que nos entregaba el Chapulín; así como su actuar sigiloso y su discurso conspirativo, que no tenía nada que ver con lo que nosotros conocíamos como forma de hacer política de nuestro Mapu.

Agitación y propaganda

Pero mi participación en el Partido, no estuvo solo relacionada con mi vida estudiantil en la escuela de ingeniería. Tiempo después, me integré a un grupo que tuvo como objetivo, re organizar la brigada de propaganda, llamada Rodrigo Ambrosio, en honor a nuestro principal fundador. El grupo que formamos la brigada, era variopinto. Había gente mayor, principalmente profesionales, pero también obreros. La líder indiscutida era la Chica, que estaba casada con el Pelado, que era parte de la dirección. Esta pareja se transformó en un referente para mí, ya que además de hacernos grandes amigos con la Chica, lo que no era nada de difícil, por su simpatía y su personalidad comunicativa; su casa se transformó en nuestro centro de operaciones. Ella también me presentó a mucha gente del partido y me contó sobre la historia de la organización que se fundía con su historia personal, llena de mística y de mucho sufrimiento también.

En casa de esta pareja, tomando tecitos y acompañados de su sus dos pequeños hijos, pasábamos tardes y noches enteras, pintando lienzos, y organizando nuestras salidas nocturnas a hacer agitación y propaganda. Recuerdo lo aterrado que estaba siempre antes de cada acción. Me dolía la guata y salía muerto de miedo cada noche, tratando de disimular lo más posible el pavor que me producían estas salidas. Lo que más miedo me daba era cuando en días de protesta, íbamos a las poblaciones y nos quedábamos a pasar la noche en casas lúgubres, donde yo esperaba que de repente llegaran a detenernos. Vuelvo atrás y me veo sentado en un rincón de una casa oscura, sin puertas, con paredes sin pintar. Estoy sentado en el piso, blanco, mudo, muerto de miedo, esperando lo peor.

Eso sí, tengo que reconocer que fui muy afortunado en términos de mi seguridad. Al Mota y a Didier los miraban y los detenían. Yo tenía mi técnica que era básicamente no arrancar de los policía sino que caminar tranquilamente en dirección a ellos y pasar entre medio. Así me salvé muchas veces. Otras tuve que correr como desaforado, como una vez que hicimos un acto de aniversario en el Cementerio, en la tumba de Rodrigo Ambrosio. Allí tuve que arrancar y esconderme entre las tumbas. Obviamente el Mota se fue preso. También la Chica y otro compañero de la brigada, en una acción en la que por suerte no me tocó participar, fueron detenidos y encarcelados por mucho tiempo.

Casa quemada

Conocer a la Chica y al Pelado, hizo posible que después del terremoto de 1985, me integrara a trabajar en una ONG del partido, que se dedicaba a hacer acción política  con pobladores sin casa. Partí realizando evaluación de daños en los cités y conventillos de Santiago Centro y luego trabajando con grupos de autoconstrucción en la Población Lo Hermida. De mi etapa post terremoto quedó por ahí un video que hicimos con unos compañeros, que se llamó “El terremoto venía de antes”, donde yo hacía las entrevistas recogiendo los testimonios de personas que vivían en condiciones de oculta pobreza; compartiendo  con sus familias en piezas diminutas en las antiguas casonas señoriales, ya muy deterioradas del centro de Santiago.

De Lo Hermida me quedó una anécdota. Una día fuimos invitados a un asado por los pobladores con los que trabajábamos ayudándoles a construir sus casas. Cuando estábamos en medio del evento, un colega mira mi plato con un pedazo de carne y ensalada y me pregunta “¿sabes qué estamos comiendo?” y  sin esperar a mi respuesta me dice “es perro,  yo lo reconozco porque son puros pedazos pequeños con huesos chiquitos”. De ahí en adelante sólo comí pan y ensaladas en los asados poblacionales.

La ONG tenía sus oficinas en el segundo piso de una casona del Barrio Bellavista. En el primer piso funcionaba otra ONG ligada al partido, que se dedicaba a los temas agrarios. En esta casa ocurrió algo que me dejó muy marcado. A los pocos días del fallido atentado a Pinochet, una mañana tenía que hacer y reproducir un artículo político, por lo que estaba usando una máquina de escribir y una fotocopiadora que estaban en la buhardilla de la casa, que era el espacio de trabajo del diseñador de nuestro equipo.

Estando concentrado en mi tarea, de repente alguien sube corriendo, miro hacia abajo y veo un tipo de bigotes, con chaqueta de cuero negra y una pistola en la mano que grita apuntando desde la escalera, nadie se mueva están todos detenidos. No sé cómo lo hice pero rápidamente saqué el papel de la máquina, lo amuñé y lo tiré al basurero,  justo antes que el tipo subiera y me apuntara; ordenándome que bajara.

Lo mismo ocurrió con todos los que allí estábamos esa mañana, y nos fueron juntando uno a uno en una sala del primer piso. Los tipos que entraron a la casa eran tres; el que me apuntó y que se notaba que era el jefe, tenía la típica pinta de oficial de ejército asignado a la CNI. Mediana edad, atlético, bigote, educado, etc. El segundo tenía una barba delgada, y también parecía milico, pero de menor rango. El tercero era un tipo chico, flaco y panzón. Este último se paró de espaldas a la puerta de entrada, con la pistola puesta en el medio del pantalón, con cara de estar disfrutando de su poder Tenía una gran cicatriz en la cara, esa que es denominada en el hampa, la sonrisa eterna. Cuando lo vi, me hizo recordar que una vez había leído que la Dina y la CNI también reclutaban delincuentes comunes. Pensé para mis adentros, seguro que éste es uno de ellos.

Una vez que nos habían reunido a todos en la sala, el chico se quedó en la puerta, haciendo entrar a todo el que tocaba el timbre; así nos fuimos juntando un grupo cada vez más grande en ese espacio cerrado. Esos momentos fueron de mucha tensión, a mi en particular me preocupaba que en mi escritorio tenía muchos documentos del partido y ejemplares de la revista Venceremos que era nuestro órgano oficial; así que me lo pasé pensando en qué diría en los interrogatorios, cuando me hicieran las cosas espantosas que ocurrían en los cuarteles secretos y que había escuchado tantas veces. A pesar de mis temores, después de unas cuantas horas, sólo nos ficharon y nos advirtieron que ellos sabían que ese lugar era un organismo de fachada del Mapu.

No sé si ese día o al día siguiente nos fuimos todos a almorzar a un lugar que se llamaba La Tetera, en la calle Manuel Montt. Recuerdo que llegamos más o menos a la una y  estuvimos como hasta las seis de la tarde. Nos tomamos todo el vino que había en las bodegas del local. Fue tan larga nuestra sobremesa que de repente yo levantaba la vista y veía gente almorzando, luego miraba de nuevo y ya no había nadie más que nosotros, después volvía a levantar la vista y veía gente tomando té.

Salimos de ahí todos absolutamente borrachos. Llegué a mi casa afirmado en el maletín; entré al dormitorio y me dejé caer tan fuerte sobre la cama que le rompí las patas. Por mi causa estuvimos con mi mujer durmiendo con el colchón en el suelo un buen tiempo. Esta historia, relatada por su madre, saca hasta hoy risas a mis hijos cada vez que se acuerdan de aquel incidente.

Días después, creo que fue un viernes, al final de la tarde me llamaron por teléfono para que fuera a la oficina. Cuando llegamos no había nada que hacer. Unos tipos habían entrado a la fuerza,  habían sacado al cuidador, para proceder a rociar la casa con bencina y prenderle fuego, quemándola por completo. Fue su venganza. A pesar de ello, al poco tiempo se buscó otra casa en el barrio y seguimos trabajando en lo mismo.

Ex Mapu

Seguí con mi militancia en forma ininterrumpida hasta que el partido se disolvió para integrase al PPD y al PS, decidido a entrar en la lucha electoral que se aproximaba.

Después de varios años y por razones, a mi entender muy justificadas; haber sido del Mapu se transformó en un estigma. Gracias a unos cuantos personajes que nunca conocí personalmente, ser ex Mapu se transformó en sinónimo de apitutado, maquinero e influyente.

A pesar de ello para mí, haber sido del Mapu ha sido siempre motivo de orgullo y agradecimiento. Esta organización me ayudó a formarme políticamente, a luchar contra la dictadura desde varios frentes; a conocer grandes personas, inteligentes, comprometidos y solidarios. Me dio también mi primer espacio de trabajo, donde terminé de formar mi conciencia social y mi capacidad para crear un pensamiento propio y sin dogmatismos. Y sobre todo me permitió ser parte de un grupo humano donde he hecho grandes y entrañables amigos y amigas que, a estas alturas tengo la absoluta certeza, son para toda la vida.

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6 Comentarios

  1. Sergio Faiguenbaum ha comentado

    Me divertí mucho leyendo los recuerdos de mi amigo y tocayo, que en gran medida son también los de mi propia historia; una pequeña corrección sobre el relato del incendió el local de Bellavista, del cual fui un involuntario partícipe; en realidad no “sacaron al cuidador”; la historia fue así: en ese momento, alrededor de las 8 de la noche, estábamos ahí trabajando, en el primer piso, con otro colega (Ramiro), cuando entraron los CNI armados, nos dejaron atados y tendidos en el suelo, subieron al segundo piso, donde no había nadie, prendieron fuego y se fueron; nosotros logramos soltarnos y recién ahí nos percatamos que en el segundo piso había fuego; más tarde, mientras los bomberos intentaban apagar el incendio, llegaron los pacos y nos llevaron detenidos, como sospechosos de haber hecho el incendio; nos liberaron al día siguiente; es lo que nos tocó vivir; felicitaciones a Sergio por el ejercicio de memoria!

  2. Otto Duran González ha comentado

    Precioso testimonio, evocador de un periodo muy duro. Fui uno de los 40 iniciadores del Mapu. Éramos dirigentes sindicales de la DC a quienes no nos dejaron participar en una Asamblea Nacional, nos reunimos en calle Cienfuegos, en La sede de la CUT y decidimos marginarnos y crear un nuevo referente, ingenuamente pensábamos que Chonchol nos apoyaría, no fue así se retiraría más tarde con la IC. Partimos a los pocos días a provincias en donde la Juventud DC y muchos jóvenes independientes nos apoyaron. De ese grupo estaba Antonieta Saa, Eliseo Richard, Jaime Cárdenas, Claudio Retamal, Jaime Gazmuri, Bernardo Bravo (era radical en ese momento). El Mapu nace básicamente de la diligencia sindical del agro junto con dirigentes nacionales campesinos como Manuel Oliveros, asesinado en el Regimiento de Linares.
    TIRAME LA A…..

  3. maria sol gutierrezp ha comentado

    Me gusta el relato. Me identifica mucho. Aunque vengo de otra raiz y de unas 1 o 2 decadas antes…es en la rama cercana y del mismo arbol en el que yo me siento en estos dias. Tambien vivì esos miedos que tragicomicamente me hicieron poner cara de cuica cuando llegò la CNI y le dije al jefe que nos mostrara identificacion; al ver su foto ,con voz coqueta me saliø un inesperado( hasta mi entonces marido palideciò): “Ayy..pero se ve mejor en persona..!” (Era la època de Carrizal y nos habìan allanado la casa a las 4am) . Fueron tiempos dificiles,sin duda. Pero de ese tiempo hay lazos que no se olvidan. Gracias por la mirada emotiva ,divertida que nos permite guardar la memoria del horror para trasmitirla a los hijos y nietos…como lo hago yo.

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