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Cambiemos Argentina

Alberto Cecereu Publicado: 23 noviembre, 2015

Sucedió lo que hace algunos meses atrás pensábamos incierto: ganó Macri por amplia mayoría electoral, inaugurando con él, una nueva etapa política y social en Argentina.

La centro derecha en Argentina, fue derrotada por Hipólito Yrigoyen en 1916, y hasta hoy, nunca más había vuelto a gobernar. Casi 100 años de supremacía y hegemonía de una estructura política que a ojos del mundo muchas veces parece incomprensible, pero que en los hechos, ha otorgado la formación de una sólida clase media junto con un Estado que ha sabido articular los movimientos sociales y trabajadores con indiscutido éxito.

De hecho, eso provocó que la burguesía nacional fuera particularmente abstraída de los procesos sociales y políticos, indiferente incluso. Más preocupados de administrar sus countrys, de las cuotas anuales de los Clubes de Polo, sus viajes a Milán o Miami, y de vez en cuando, aprovecharse de las granjerías que ciertas veces podían acordar con la clase política. He aquí el primer triunfo de Macri: articular la burguesía argentina en torno a un proyecto político renovador.

Pero no basta con lo anterior. Macri debe construir su poder, ya que hoy no lo tiene, a pesar de su triunfo electoral. Debe articular el poder y eso significa realizar pactos legislativos con todas las fuerzas del Congreso Nacional. El Peronismo estará esperando aquello. Por un lado el sobreviviente kirchnerismo inventará todas las trampas necesarias para que el macrismo vea difícil su autonomía, mientras el peronismo renovador de Massa, el federalista y las mil y una corrientes de poder que perviven en el territorio argentino, esperarán con ansias los espacios vacíos que la inmensa máquina heredera de Néstor irá dejando.

La Argentina tiene inmensos desafíos sociales y si Macri pretende realizar una política de shock comprometiendo el bienestar social, fracasará a los pocos meses de Gobierno. Todo lo contrario, el nuevo Presidente tendrá el inmenso desafío de estimular una agenda política de renovación del rol del Estado y de fortalecimiento de la ciudadanía, con un sello dialogante y aperturista. Del mismo modo, no puede caer en el juego del tecnicismo ni la mirada economicista – error tan típico de la centro derecha en Latinoamérica – sino que debe hacer un Gobierno primordialmente político e ideológico.

Posterior a la grave crisis de legitimidad de 2001, Argentina experimentó la era K, la cual permitió volver la cohesión social, pero sobre todo, la cohesión de las clases populares junto con un crecimiento económico con fuerte componente industrial. Así se abandonaba el terror neoliberal. Sin embargo, la maquinaria K utilizó las clases populares con el objetivo de extremar las divisiones sociales en divisiones ideológicas. Hoy Argentina entra a experimentar la opción Macri, opción que a todas luces, da más preguntas y cuestionamientos, que certezas. Qué sucederá de este experimento, es algo de una incertidumbre atroz. Pero a todas luces, la apuesta alegra y entusiasma, ya que puede articular voluntades para que Argentina – una vez y por todas – supere su pesado subdesarrollo.

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1 Comentario

  1. pilar clemente ha comentado

    Interesante punto de vista.

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