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The Get Down: un caótico recorrido

Macarena Polanco Publicado: 25 agosto, 2016

Grafiti, breakdance, rap y todos los símbolos que los rodean: bandas callejeras, el Bronx de 1977 y un homenaje al mundo musical. Estos son los puntales sobre los que se sustenta “The Get Down”, que tras el fracaso de la apuesta de HBO, “Vinyl”, era la esperanza de los que amamos la música por sentir que la TV nos transfería algo de sentimiento basado en música. El resumen es que debemos seguir esperando.

No todo el mundo iba a disfrutar de la serie, ni generaría el éxito casi inesperado del reciente fenómeno de Netflix (“Stranger Things”). No era fácil estrenar tras la propuesta ochentera, pero ese no iba a ser el único desafío para The Get Down, otra historia contada por niños. La serie se lanzó con todo desde su primer capítulo, dirigido por el propio Baz Luhrmann. El afamado cineasta quiso plasmar, sin medias tintas, el nacimiento del hip hop en el New York de los ’70. Un intento complicado y maravilloso a la vez.

La idea inicial no era ni cercana a los 120 millones de dólares invertidos: las cosas se fueron de las manos, hubo problemas de todo tipo, desde el punto de vista creativo y financiero. Pero Netflix bancó el proyecto. El mundo de “The Get Down” es real y ambientado perfectamente; una Nueva York en baja, con altercados políticos y una visión distorsionada de lo que la cultura Hip Hop iba a representar (golpeando la mesa). El guion se arma únicamente con juegos de palabras, bailes improvisados, algunos rotuladores y tubos de spray y un grupo de adolescentes que sellará un pacto que irá creciendo capítulo a capítulo.

No podemos dejar de comentar el primer episodio, de tediosos 92 minutos, en la que debe ser la más terrible introducción de una serie; titulado “Donde no hay Ruina, hay esperanza para un tesoro” es desesperante, demasiado confuso y forzado, teniendo, curiosamente, el sello Luhrmann: totalmente barroco, atiborrado de detalles y exceso de color. Los fans de “Strictly Ballroom”, “Romeo y Julieta” y “Moulin Rouge” reconocerán tonos familiares en “The Get Down”.

Desde el segundo capítulo destacan más claramente los personajes de  Ezekiel “Books” Figuero y Mylene Cruz, chico y chica con sueños y una tensión amorosa que lucha entre lo imposible y la necesidad. El primero se enamora perdidamente de la cultura Hip Hop y la segunda sólo quiere cantar y largarse de allí. A ellos se unen los hermanos Kipling, tres jóvenes afroamericanos con un talento impresionante más el DJ “Shao”.

“Book” (Ezekiel) es también el ancla emocional del espectador, la ventana sensible para mirar cómo era ese 1977, lo que permite mayor conexión con la historia desde el segundo episodio, aunque cada uno de ellos comienza con el recurso de enlazar con 1996 cuando, ya mayor, Ezekiel rapea los créditos de apertura. Smith se basa consistentemente en las emociones de su personaje, el que representa la angustia del adolescente y el anhelo de conseguir algo más grande.

Y aquí es donde el guion muestra uno de sus más cuidados detalles: la poesía, la que desborda emoción, por ejemplo, cuando Book relata el asesinato de su madre o cuando le dice a Mylene que la ama.

Desde el tercer episodio “The Get Down” se vuelve un lío con bastantes defectos; el resultado, a oídos del aficionado a estos géneros musicales y a la cultura hip hop, huele a que algo no se terminó de cocer, que la creatividad se fue diluyendo y que hasta el catálogo pareció poco estudiado, como que se quisieron ir a la segura. Otro de los desórdenes se nota en la ejecución, con muchos cambios de tono, pasando de la caricatura a la cursi tragedia, algo común en recreaciones de los años ’70 porque cada escena, acto o situación suele ir acompañada de mucho diseño de producción. En “The Get Down”, algunas escenas se filmaron como si estuviéramos viendo “Glee”.

Tras el fracaso de “Vinyl” la esperanza era que “The Get Down” nos contara el nacimiento de una cultura, en sus multitudes y en su expansión. Lo logra a medias cuando utiliza la narrativa a través de objetos identificables: Bronx, casting negro, comedia negra en las situaciones familiares, género musical y un drama romántico de adolescentes. Para los que sentíamos que se iba avanzando lento, para el quinto episodio, “The Get Down” logró instalarse con su propio peso, tejiendo múltiples tramas en montajes musicales, pero es claro que la serie se toma varias horas (muchas, enrealidad) para alcanzar su propia zona de acción. Además, hubo que lidiar con dos narrativas: el romance de Ezequiel con Mylene y su intensa amistad con su compañero Shao. Es  una dinámica interesante, pero cada relación se sintió como un espectáculo aparte.

Fue demasiado.

Lo que salvó el show fue la brillante actuación de Smith como Ezequiel, el único personaje que lograba unir las muchas piezas fracturadas de esta historia.

Y ese caos en que termina convertida la serie se transmitió al producto final, el que vimos a medias (sólo se emitieron 6 episodios, los restantes 6 llegarán en 2017): caos visual, caos interpretativo, caos musical, caos Luhrmann .En su esencia “The Get Down” es el viaje de un niño que quiere convertirse en héroe y rescatar a su mundo de la oscuridad. Es una pena que en la era de oro de la TV aún no exista una serie que pueda transmitir el feeling, el sentimiento de la música creada en la calle y que dio origen a toda una cultura que sería la base para todo tipo de demostraciones culturales en las décadas venideras.

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