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Hollywood y su nula influencia

Macarena Polanco Publicado: 10 noviembre, 2016

No solamente el que tiene mucho dinero es poderoso. Una cosa es el poder que te da el dinero de adquirir cosas, bienes. Existe otro poder, alimentado por años por los medios de comunicación y, en las últimas décadas, por el marketing de la imagen y del arte y que le ha dado “poder” a quienes allí desempeñan un rol que, en un par de ocasiones, los ha vuelto relevantes. Y en este último caso, sin duda que el cine ha sido plataforma para otorgar poder a muchos “famosos” del cine y la música. Hay un paso de diferencia entre ser famoso y ser poderoso y las “estrellas” de Hollywood parecían haber dado ese paso; no en vano, Leonardo Di Caprio es recibido hasta por el mismo Papa Francisco en su cruzada por el cambio climático, Roger Waters es un constante opinante sobre la coyuntura política y Bob Dylan acaba de ser galardonado con el Nobel, es decir, la pantalla, el micrófono, el vestirse de un personaje habitual y reconocido para el público, te da poder.

Y los actores de Hollywood, millonarios, famosos, conocidos, admirados y seguidos por millones en el cine y en redes sociales, decidieron usar ese poder bajo el slogan “Unidos contra el odio” (“United against hate”), el que fue confeccionada para evitar que el polémico candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, ganara la elección presidencial del 8 de noviembre.

La más popular fue la cruzada de los Avengers, reproducida por todos los medios de comunicación del mundo hasta la saciedad, teniendo un alcance estratosférico, realizada por los actores con más exposición en una de las sagas más exitosas de la década (sino la más exitosa). ¿Qué podría presagiar que la influencia del llamado y del manifiesto firmado en julio por 120 celebridades iba a tener cero impacto en la conciencia del votante, el que, a su vez, asiste en masa a ver sus películas y compra todo su merchandising?

No es una reflexión menor. La historia de Hollywood está ligada íntimamente a la política norteamericana y ejemplos van desde Marilyn Monroe hasta Trumbo, pasando por el plan Argo y todos construyendo el mito de que los norteamericanos salvarán al mundo de su destrucción (hay tantas películas de esa temática que me aburre copiar los nombres). Y ojo, los Avengers van muy de la mano con ese discurso individualista y patriotero. Lo más lamentable es que ningún actor, cantante o famosillo jugado que apostó por Clinton, fue capaz de llamar a castigar el discurso de odio y racismo que perjudica a tantos grupos que han hecho a USA la nación más importante de este mundo. Latinos, afroamericanos, mujeres, asiáticos,  musulmanes, refugiados o la comunidad LGTB hoy dicen no entender y claro que cuesta entender, si los norteamericanos que todo el mundo identifica fueron intrascendentes en esta pasada. Porque una persona en África y Asia podrá no saber quién es Ban Ki Moon pero sí sabe quién es (el actor) el Capitán América.

Jane Fonda, Meg Ryan, Patricia Arquette, Julianne Moore, Bryan Cranston, Kerry Washington, Neil Patrick Harris, Michael Moore, Michael Mann, Macklemore, Moby, Shepard Fairey, Adam Mckay, Lena Dunham, Patricia Arquette, Robert Downey Jr., Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Beyoncé, Jay Z, Bruce Springsteen y tantos más estuvieron detrás de llamados que, amparados en su poder de llegada y convocatoria mediática, pretendían empujar el voto lejos de Trump y fueron intrascendentes ante el supuesto miedo e inseguridad del norteamericano blanco y con educación limitada.

¿La voz del cine, la música, del arte en general, es sólo fachada? ¿No ha ayudado a construir la identidad de un pueblo que hoy ha puesto en vilo al mundo? ¿O la crisis de identidad alcanza también a aquellos que se disfrazan de alguien irreal para hacerlo parecer muy real?

Aparte de no poder ver desnudo a Mark Ruffalo (con tal de “proteger al país”) hoy nos movemos en aguas inseguras, que se oscurecen y se tornan peligrosas, y que ni el  mejor efecto de Josh Wedon, en la mejor película de la saga, ni el discurso del mejor Di Caprio en su  momento más álgido de popularidad, han podido conmover al norteamericano que hoy decidió volverse proteccionista, decidió aislarse, para reencontrarse con un “no sé qué” autóctono que ya no tiene relevancia, conforme el mundo bilateral y global de hoy.

¿Qué te pasó Hollywood? Hoy diste un paso en falso y caíste desde la altura del discurso integrador para pegar en el concreto que destruyó, bastante, tu credibilidad y, de paso, rompió tu máscara mostrando tu real cara: la de la simple y muchas veces insulsa diversión.

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