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2016: Entre las instituciones y las personas

Andres Rojo Publicado: 3 enero, 2016

Este nuevo año que se inicia estará determinado por el choque entre la institucionalidad negociada de la transición y el surgimiento (o no) de una nueva generación que se empiece a hacer cargo de la conducción del país.

Se acerca el momento en el que las tendencias que venían manifestándose en la sociedad desde la Revolución Pingüina del 2011 deberán brotar con firmeza, o simplemente dejar pasar su oportunidad.   La institucionalidad se demoró en darse cuenta del riesgo que representa el recambio, pero ya comenzó a defenderse y cuenta con todas las armas del poder.  La nueva generación tiene el entusiasmo y está por verse si tiene el respaldo ciudadano.

La prueba de fuego estará en la elección municipal a realizarse el 26 de octubre de este año.   Si los partidos tradicionales, cargados por un largo período de desconfianza y críticas por hechos de corrupción, logran resistir el embiste de una ciudadanía organizada precariamente en movimientos sociales sin experiencia, resultará difícil que los propósitos de renovar la política prosperen en las posteriores elecciones parlamentaria y presidencial.

Si, por el contrario, los movimientos alternativos a los partidos tradicionales logran éxito en una cantidad significativa de comunas se abre el escenario político para los siguientes comicios.

Hay que recordar que las parlamentarias se realizarán por primera vez en 44 años sin el sistema electoral binominal, por lo que, a pesar de las exigencias a los partidos en formación y las limitaciones a los independientes, hay una amplia incógnita respecto de los resultados, la que se ve incrementada por el hecho que se realizará paralelamente la elección presidencial y para la que, a dos años, no se ven muchas caras nuevas.

Por supuesto, todo esto depende en gran medida de la participación de los votantes y si se repite la abstención de la elección pasada la lectura evidente es que los votantes siguen tan distanciados de la actividad política que la promesa de cambios no es capaz de movilizarlos, y eso debería favorecer a los partidos tradicionales.

Los que hoy aparecen como alternativos y como novedad dejarán de serlo en cualquier momento, y su reemplazo por nuevas generaciones se verá acelerado en la medida que no demuestren la capacidad de demostrar que efectivamente cuentan con un respaldo significativo.  Las elecciones municipales son, entonces, el hito político de este año y junto con su impacto local, su resultado será altamente relevante para el futuro del país.

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