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Comunicación y Humanismo: potencia tecnológica, desafíos humanos

Mauricio Tolosa Publicado: 9 noviembre, 2016

Ilusiones y frustraciones

Desde su aparición hace un poco más de una decena de años, la Internet 2.0 y los medios sociales han sido parte de hechos políticos de impacto mundial que alcanzaron gran notoriedad en los medios masivos. Las diferentes manifestaciones asociadas a la Internet 2.0 están mutando las formas de organización, estructuras y constitución del poder y la convivencia de las comunidades humanas como quizás nunca lo había hecho un medio de comunicación desde la aparición de la escritura.

Cada invención de un nuevo medio, desde la escritura hasta la televisión, ha suscitado debates y cuestionamientos sobre las transformaciones y consecuencias que traerán para las sociedades en que irrumpen. Pero la Internet 2.0 ha creado un quiebre en la lógicas mediáticas que conocíamos hasta ahora, profundizando esas preguntas y apuntando al sentido más profundo de lo humano y de la constitución de la comunidad.

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Libertad, igualdad y fraternidad. Fotografia de Mauricio Tolosa

En los últimos cinco años han ocurrido movilizaciones ciudadanas asombrosas e impredecibles, por su masividad y por su capacidad de irradiación mundial. Esas movilizaciones han encontrado en las redes sociales un soporte natural para coordinarse y romper los bloqueos mediáticos: quizás las más emblemáticas son las del inicio de la Primavera Árabe en Egipto y Tunisia, pero también recordamos a los indignados de España que ocuparon durante semanas la Puerta del Sol de Madrid, a los movimientos estudiantiles chilenos con sus marchas por la educación gratuita que volvieron a abrir las grandes alamedas, como predijo el presidente Allende en sus palabras finales, o el gigantesco movimiento contra el alza de las tarifas del transporte que paralizó Sao Paulo y varias ciudades de Brasil, o las movilizaciones por la defensa del Parque Gezi de Istambul en Turquía.

Estos movimientos, especialmente el que ocupó la Plaza Tahrir y terminó con el régimen de Hosni Mubarak, han forjado grandes debates al rededor de lo que se llamó la Revolución 2.0 que parecía tener la facultad de desinstalar dictaduras como quien desinstala una aplicación de un teléfono móvil. Se trata de movilizaciones pacíficas, jóvenes, tecnologizadas, eficientes y con una ideología más cercana a la aparente neutralidad y transparencia de la tecnología que a cualquier ideología política conocida, más próximas al brillo del éxito de Sillicon Valley que al de cualquier bandera militante del pasado. Para los entusiastas, los movimientos de 2011 anunciaban el rápido advenimiento de una nueva era de participación y ciudadanía que cambiaría los equilibrios del poder extendiendo la libertad y ampliando la democracia por el mundo.

Pero, la eficacia de las redes sociales para movilizar, coordinar o expresar la protesta está lejos de tener una equivalencia de la misma potencia al momento de construir y desarrollar alternativas políticas. Las movilizaciones  2.0 han chocado con los obstáculos propios del poder real. La luminosa y pacífica Primavera Árabe, se transformó en un oscuro invierno de incomprensibles guerras civiles, golpes de estado, intervenciones internacionales, terrorismo, muertos y trágicos refugiados; en Brasil, terminó produciéndose un golpe de estado civil que destituyó a la presidenta Dilma; Turquía estuvo al borde un golpe de estado militar; en Chile y en España, los líderes de los movimientos estudiantiles y ciudadanos han quedado atrapados en las redes de un poder electoral y parlamentario mucho más complejo que los 144 caracteres de Twitter.

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JJ Rousseau. Fotografia de Mauricio Tolosa

El enorme impacto político y mediático de los movimientos de 2011 hizo que así como muchos atribuyeron a las redes sociales el éxito de las movilizaciones, muchos otros las culparan por su incapacidad de crear revoluciones. Pero estas expectativas son demasiado grandes para un medio de comunicación; aunque sea muy potente una dinámica mediática no puede construir por arte de magia alternativas y fuerzas políticas, culturales y sociales que requieren largo tiempo para emerger, madurar y consolidarse, y sobre todo personas con capacidades, solidaridades y compromisos orgánicos. Todos reconocen el importante papel de la imprenta en la difusión de las ideas pero es difícil sostener que es la causa del surgimiento del Humanismo.

Las redes sociales siguen creciendo, estableciendo y reforzando nuevas dinámicas relacionales entre los distintos actores de la sociedad, que  amenazan y desploman las concepciones y las praxis piramidales en todos los ámbitos, tanto en las grandes estructuras de los gobiernos o de las religiones, como en las escalas más pequeñas de las empresas, de la sala de clases o de la familia.

Para el ejercicio de esa forma piramidal del poder era fundamental la supremacía sin contrapeso de los medios de comunicación que desde la invención de la escritura en adelante se caracterizaron por una cada vez mayor concentración de la capacidad de emisión,  la verticalidad distante y de arriba hacia abajo y las audiencias pasivas con escasa capacidad de expresión y respuesta.

La Internet 2.0 y sus herramientas y medios constituyentes de comunidades, modificaron, ampliaron y descentralizaron la producción y circulación de las narrativas y empoderaron la capacidad de opinión y reacción de la audiencias, afectando las bases de la organización de nuestras relaciones y modificando los mecanismos de legitimidad del poder, de constitución de la verdad y de las instituciones; y las formas de configurar los mundos y las realidades sociales compartidas.

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La lapidación de San Esteban. Fotografia de Mauricio Tolosa

 

La fragmentación

Los medios masivos establecían temas, formatos, racionalidades y órdenes informativos relativamente estables que permitían que el poder se desplegara sobre realidades compartidas por enormes audiencias, que aunque adhirieran a ideologías de signos opuestos funcionaban dentro de la misma lógica piramidal.

El debilitamiento del alcance de los medios masivos está originando un mundo fragmentado en múltiples grupos y comunidades que crean y comparten diferentes versiones de las cosas de acuerdo a sus propias lógicas, racionalidades y mecanismos de validación e intereses, donde priman la relación y la cercanía como criterios fundantes de la fabricación y apropiación de la verdad.

Cada vez es más difícil alcanzar a las grandes audiencias para establecer un mensaje común y un sentido y horizonte compartidos. La ausencia de estas masas que encarnen macro discursos debilita el ejercicio del poder de los gobiernos y los poderes dominantes pero también hace muy difícil la emergencia de movimientos y cosmovisiones que constituyan alternativas unificadas sobre el mundo. La fragmentación favorece la expresión de pequeños grupos organizados que logran esporádicamente teñir las agendas locales y globales con consignas y causas puntuales, pero que están muy lejos de constituirse en visiones o fuerzas unificadoras portadoras de una alternativa global al sistema.

Frente a esta atomización y fragmentación del mundo común que parece ser una tendencia que seguirá avanzando y profundizándose en el futuro, es válido preguntarse sobre los caminos que debería tomar la democracia hasta ahora tan íntimamente vinculada a los estados nacionales, al racionalismo, y a las grandes ideas unificadoras.

Es urgente indagar seriamente acerca de las instituciones que servirán para resolver los problemas de este nuevo mundo, muchos de los cuales siguen siendo los mismos de siempre, pero a los que se suman otros como el cambio climático, la hiperconcentración de la riqueza, las mutaciones y explosiones demográficas y todas las consecuencias apremiantes que estas acarrean.

Los gobiernos y las fuerzas políticas dominantes están entre los actores con menos deseos de hacerse y responder estas preguntas. Quizás auténticamente desconcertados y sin capacidad de reacción o quizás intuyendo que nuevas instituciones implican un nuevo reparto del poder en el cual no saldrían necesariamente favorecidos.

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El miedo y la ira fotografia de Mauricio Tolosa

Ante la dificultad de construir y acordar alternativas racionales y visiones globales, algunos  políticos han encontrado en los grandes miedos e iras ancestrales el pegamento social más rápido y sólido. El deprecio, la desconfianza y la rabia hacia el que profesa otra religión, el que tiene otras costumbres o pertenece a otra cultura, o canalizadas contra un sistema satanizado como un todo abstracto, sin rostro ni forma, se instalan como motores efectivos para conquistar cuotas de poder. En épocas pasadas sufrimos las consecuencias de la expansión de ese tipo de manipulaciones fundadas en discursos irracionales y totalitarismos pasionales como los nacionalismos, los chauvinismos, los populismos y los integrismos  de todo tipo. En la crisis, la manipulación de las emociones destructivas es un camino efectivo para constituir fuerzas que aunque por ahora no alcancen a ser mayoría, logran porcentajes que les permiten alcanzar una influencia significativa frente a la dispersión y la apatía de las mayorías fragmentadas. Donald Trump en Estados Unidos es un buen ejemplo de este fenómeno y creo que su éxito fortalecerá a otros seguidores de esa peligrosa fórmula en distintos lugares del planeta.

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El miedo y la credulidad. Fotografia de Mauricio Tolosa

 

El ámbito cotidiano

En un ámbito más personal, los desarrollos de la Internet 2.0 están transformando las acciones cotidianas y afectando la forma de vivir de cientos de millones de personas, creando constantemente nuevas opciones que inauguran o anticipan posibilidades y tendencias y que en otros casos hacen desaparecer prácticas, conductas y relaciones que habían estado presentes por décadas y hasta siglos entre nosotros. En la educación y el conocimiento, el trabajo, el juego y el ocio, la seguridad, el comercio, los medios de comunicación o la medicina, por nombrar solo algunos estamos en los inicios de una transformación de la sociedad mucho más profunda que cualquier cambio revolucionario de gobierno. Uber, Airbnb, Coursera, Eventbrite, E-Bay, Amazon, Netflix y miles de otras aplicaciones son solo la punta de un iceberg que emerge cada vez más alto y que no solo significa la posibilidad de hacer mejor y más fácil aquello que ya hacíamos, sino que frecuentemente nos invitan a concebir posibilidades de vida que no imaginábamos. El desarrollo digital está cada vez más entrelazado con las dinámicas sociales y culturales, en una danza creativa que une lo numérico con lo orgánico. Pero para beneficiarse de este proceso rico en posibilidades, las personas necesitan desarrollar capacidades sofisticadas y distintas, en su manera de convivir y crear, de amar y colaborar, de conocer y respetar.

Esto choca con la realidad de poblaciones como las de Chile donde un 72% de los hogares tiene acceso a Internet fijo o móvil y en que un 59% de los chilenos se conecta todos los días y 25% por lo menos 3 veces por semana, pero que en la prueba de Evaluación Internacional de las Competencias de Adultos PIAAC de la OCDE de junio de 2016 que mide elementos básicos para el desempeño en la vida cotidiana, un 67% de los chilenos tuvo un bajo desempeño en comprensión lectora y o razonamiento matemático y un 48%, casi la mitad, en ambas.

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Derrotar al demonio de la ignorancia. Fotografia de Mauricio Tolosa

Por otra parte, así como hace solo un par de décadas se hablaba de la brecha digital para referirse a quienes no tenían acceso a la tecnología y la conectividad, hoy el concepto podría aplicarse a enormes segmentos de la población, que por razones culturales, frecuentemente asociados a la edad y a la educación, tienen grandes dificultades para alcanzar los beneficios que ofrecen las nuevas tecnologías. A sociedades acostumbradas a excluir por distintas razones, dejar fuera del mundo 2.0 a generaciones enteras puede no importarles demasiado.

Otro aspecto poco auspicioso, para no insistir en todo lo relacionado con el control y vigilancia de los ciudadanos por parte de los aparatos militares y de seguridad de los gobiernos, es la forma que ha encontrado el mundo corporativo y la publicidad de aprovechar las ventajas de la Internet 2.0, sacando buen partido de esa mezcla de la dimensión de masas con el control y el seguimiento de los individuos en lo que llamo la alveolización de la experiencia personal.

Cuando pensamos los buscadores y las redes sociales, por nombrar lo más evidente, solemos tratarlos como medios homogéneos, sin subrayar suficientemente que desde el punto de vista del contenido y de los grupos creados al seleccionar sus comunidades, sus “amigos” o a “quienes sigue”, cada usuario crea su propio medio: existen tantos Facebook y Twitter como usuarios. Pero, y esto me parece un elemento al que no se ha prestado suficiente atención, esa selección constituye una primera capa, a la que luego se suman otras de algoritmos administrados por cada plataforma, que no son ni tan públicos ni tan conocidos, que crean una especie de celda digital en la que los usuarios están atrapados y disponibles para que el portador Google, Facebook u otro, venda esa disponibilidad cautiva a las empresas y clientes que pagan por el servicio de microidentificación. Nada impide pensar que esas decisiones de los portadores que hoy moldean un mundo personalizado con fines comerciales mañana no utilicen los mismos mecanismos pero con objetivos valóricos, ideológicos o políticos. ¿Cómo regulará la sociedad el poder de los nuevos editores de la realidad social, esos macroportadores como Facebook, Twitter o Google? En esta colusión de lo peor de los medios de comunicación de masas piramidales y verticales con la sofisticada personalización de la Internet 2.0, es posible fraguar una especie de hombre masa encerrado en su propio alveolo virtual en lo que sería una aterradora versión de un mundo orwelliano 2.0.

En muchos países, los estados han jugado una función determinante en el impulso y desarrollo de la televisión que continúa hasta hoy; en el caso de Internet, los estados apenas alcanzan a dictar algunas normas a posteriori, Claramente Internet es un territorio donde las mega corporaciones han adquirido un poder que muchos no quieren ver y menos se atreven a pensar en regular.

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Salida. Fotografia de Mauricio Tolosa

 

 

Pensarnos distinto

Los desarrollos de la Internet 2.0 están transformando profunda y velozmente nuestro mundo y la manera de habitarlo, nuestra manera de convivir y de vivir, pero estamos tan inmersos en el fenómeno que nos cuesta tener la distancia suficiente para aquilatar estos cambios en toda su dimensión.

Como es lógico, las primeras innovaciones y manifestaciones surgen de ideas y prácticas que responden a desafíos del viejo paradigma pero en su funcionamiento crean dinámicas que prefiguran un mundo donde las comunidades y las personas son cada vez más el centro del proceso, donde las transmisiones masivas de mensajes y verdades ceden ante las relaciones orgánicas y las redes humanas.

Este proceso creativo donde se imbrican los desarrollos tecnológicos con las nuevas prácticas humanas constituye un proceso tan sorprendente y entusiasmante como el las de las redes neuronales en continua transformación y reconfiguración en su relación con el entorno. Pero creo que quienes observamos y proponemos desde los fenómenos humanos estamos atrasados en relación a los que ensayan e inventan y desarrollan lo digital detrás de la pantalla.

La Internet 2.0 tiene esa plasticidad maravillosa que permite sistemas de comunicación expresivos, sin duda los más próximos a las dinámicas “naturales” de la comunicación humana directa. Por esto mismo la máxima potencia de la Internet 2.0 llega hasta el máximo desarrollo de las personas, de sus capacidades intelectuales, emocionales y conductuales. Creo que en este ámbito es donde debiéramos centrar nuestras observaciones y proposiciones. A la comunicación le haría bien tirar la cuerda hacia la filosofía y la política, el terreno de la técnica y la economía tiene ya suficientes defensores.

La Internet 2.0 ofrece el soporte para aplicaciones tecnológicas que todavía ni siquiera podemos imaginar, pero el rumbo que tomen esos desarrollos dependerá de nuestra capacidad de aprovecharlos desde una convivencia y un cerebro 2.0 más que de las propias tecnologías.

Estos son desafíos centrales para la red ORBICOM de UNESCO u otras que estén pensando en una mejor comunicación para la humanidad: indagar en cómo es ese cerebro 2.0, esa educación 2.0, esa convivencia 2.0, esa ética 2.0, quizás incluso esa conciencia 2.0, es decir lo que constituye un Humanismo 2.0 o el Humanismo Digital que nos convoca en este encuentro.

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Hoy, grupos de personas que sepan colaborar y respetarse generosamente valorando su diversidad y sus distintas visiones, unidos con un propósito común tienen en las tecnologías de la información        y la comunicación herramientas maravillosas para cumplir sus sueños más ambiciosos, pero si las personas no tienen las habilidades de lectura y escritura suficientes para comprender lo que leen, si tienen altos grados de intolerancia y agresividad, lo más probable es que sus redes sociales solo sirvan para amplificar de manera exponencial sus miserias, egoísmos y frustraciones.

Es indispensable aprovechar las potencialidades comunicativas 2.0 para pensar e implementar nuevos modelos y metáforas organizacionales que permitan crear instituciones más orgánicas y flexibles, capaces de evolucionar y adaptarse a nuevos ambientes, más colaborativas y menos jerárquicas, con ritmos y espacios que no estén atados a las necesidades de los sistemas de control sino que fluyan de acuerdo a las necesidades de los seres humanos con toda su riqueza y complejidad.

La convivencia 2.0 en un mundo fragmentado y con múltiples verdades y maneras de construirlas requiere educar no solo para la  tolerancia sino para la paz y el respeto de todos los seres humanos, de la valoración de la diversidad como motor de la ampliación de las fronteras cognitivas y culturales que generan riqueza para los proyectos y experiencias. Esto puede sonar algo ingenuo pero me parece que son condiciones ineludibles del humanismo de nuestro tiempo global.

 

*Texto presentado en el Coloquio “Humanismo Digital: Valores y Modelos para mañana” organizado en París 26-28 de octubre de 2016, por la Cátedra de Unesco ITEN de Innovación, Transmisión y Ediciones Digitales de Francia.

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3 Comentarios

  1. Am I ha comentado

    El poder y la élite siempre va un paso adelante, les es fácil pues tienen el control y manejo de los medios comunicacionales y económicos y con eso les basta para transformar un elemento potencialmente perjudicial para ellos en uno que les brinde permanencia y favorezca sus objetivos.
    La gente no sabe filtrar, no sabe discernir, ver debajo del agua, cranear, analizar, discutir o argumentar. ¿Para qué hacerlo si es más fácil patalear, ladrar, vomitar las frustraciones en la red, para luego consumir y sentirse feliz de ser esclavo del capitalismo que le enseñó que el canibalismo, es eficaz. Y el canibalismo conlleva humillar, agredir, menospreciar, robar, mentir, usufructuar y ser más vivo que el resto?

    Tanto bombardeo de información ejercido de adrede por estos poderes fácticos, es el resultado de cómo pueden voltear cualquier cosa a su favor.
    Entonces, nunca alcanzamos a profundizar en nada, olvidamos rápido, la gente no atina a aunar datos para entrelazarlos y comprender una información o hacer un análisis, porque además, la sensación de estar donde las papas queman, sentirse partícipe con sólo un tecleo de dedos, creer que alguien los leerá, que son influyentes, que en algún modo pueden tener poder, enceguece a la masa manipulada que sin pegarse el alcachofazo, patéticamente son regalo en bandeja para el sistema.
    Le brindan alimento a ese pequeño ego y así lo mantienen controlado y lerdo, con una pequeña y casi invisible intervención en una plataforma virtual, que logra encandilar y siendo así, para qué pensar en la solución, si es más fácil obligar al resto que se haga cargo de sus problemas.
    Eso.
    Viva Chile y su pueblo, la masa para hacer pan.

    V.V

  2. Gabriela ha comentado

    Excelente articulo…

  3. claudia fernandez ha comentado

    hace pensar a la fragmentacion de la comunicacion afectiva cotidiana, las relaciones liquidas en lo afectivo, donde el deseo de amar un semejante, no tiene mas su tiempo real, tiene un tiempo inmediato, donde se instaura, no un deseo, se instaura una necesidad material.
    se sabe hacer, pero no se sabe pensar a lo que se quiere.
    no hay tiempo par dar lugar a los procesos psiquicos, se mira el resultado final, sin poder bancarse el recorrido natural de las cosas en el tiempo.
    para realizar una tarea, cualquiera sea, hay que estar destro de las situaciones, concreta y profundamente. hermoso articulo

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