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Partidos y personas

Andres Rojo Publicado: 12 febrero, 2017

            14 de abril.   Esa es la fecha límite para que los partidos políticos se reinscriban con un mínimo de 17.500 militantes, cifra equivalente al 0,25% de los votantes en la última elección.   No parece una meta imposible.

La historia es simple.  La suma de quejas y denuncias sobre el abultamiento en el número de adherentes, más la sospecha de fichas falsas, junto a la demanda por una mayor transparencia más el hecho que por sólo existir tienen derecho a financiamiento público, llevó a que los propios partidos -en un gesto voluntario- acordaran una ley que los obliga al refichaje de sus militantes.

Si se trataba de colectividades que presumían de tener cerca de cien mil militantes con elecciones internas en las que participaba entre el 30 y el 40 por ciento de ellos, cumplir con 17.500 adherentes se veía relativamente sencillo.   Sin embargo, la creciente desconfianza hacia la actividad política unida posiblemente a cierta dosis de soberbia ha llevado a que, de acuerdo a los últimos antecedentes sólo el P. Socialista y el PRI estarían cumpliendo la meta.  La DC estaría cerca y los demás muy lejos e imposibilitados de llevar candidatos.

Hay que precisar que estas son las cifras informadas por los partidos al Servel y que no han sido certificadas.  Resta aún la tarea de verificar que no se entreguen fichas falsas.  Ya ha ocurrido antes que una persona firma contra la cacería de las ballenas y descubre al tiempo que es militante de un partido político.

Ante el temor de la disolución de los partidos, el Servel autorizó flexibilizar el procedimiento con el envío de la cédula de identidad por correo electrónico, que posiblemente sirva como fuente de fraude gracias a la cantidad de documentos extraviados y la facilidad para crear un correo electrónico.   Así las cosas, los partidos están descubriendo la dolorosa realidad de comprobar que el desencanto no es un invento de la prensa adversa ni de las redes sociales sino una dura realidad.   Hasta ahora la reacción ha consistido en explorar la posibilidad de extender el plazo o reducir las exigencias en el número de firmas y en el proceso de refichaje.   En cuanto a autocríticas, sólo se conocen las de las figuras que han decidido no renovar su militancia pero ni una palabra de quienes están a cargo de mantener vivos a los partidos.

Se puede decir, como en el tenis, que lo del refichaje ha sido un error no forzado, uno que puede significar la derrota, pero el diagnóstico respecto del desapego de los partidos respecto de la ciudadanía queda tan evidentemente expuesto que ya resulta innegable y resultará interesante saber a continuación si la democracia se verá de verdad lesionada con la desaparición de algunos partidos si, en definitiva, depende más de las personas que de ciertas instituciones.

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