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Tractatus

Gustavo Adolfo Becerra Publicado: 12 febrero, 2017

Chavela Vargas: “Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra”.
Poema que escribí cuando te fui a ver, pero no estabas en tu casa en San Joaquín de Flores (Heredia)

En ese Refugio Artificial, la Tierra
de la Langosta
está hambrienta,
y sus administradores venden eternidad.
Sobre la mesa del último bar, hay más miedo
acumulado que el posible de soportar.

Porque pueden sentir el Tiempo que no
regresa, eran hermosamente hermosas.
En el embrujo por hacer de la Teoría una Ley,
sobrevuelan su pasado junto al buitre
blanco que admira las bromelias y come peces
varados y lagartijas muertas. Para que sigan
existiendo los colores, atizan el fuego.

Preocúpate cuando no tengamos sol
que ponernos. Por ahora, vive
hasta cruzar las fronteras. Si hay noches
es porque alguien fabrica madrugadas.

Poeta, la poesía siempre está fuera
de ti. O sales de ti mismo o se agusanará
tu comida. Aunque el ocaso sea una mierda
y la vida misma también lo sea, en este Mapa
baldío los poemas son como la lluvia.

Cree en ese vientecito caribeño que hace
visible los corazones y habla cariñosamente
con el cabello de las muchachas.
En cuestión de horizontes, nada
está escrito. Sin esa certeza Dios sería
una pregunta y no un tequila.

En nombre de esos Vasos que el Agua
iluminó pero que el Vino llenó de estrellas,
vio deshacerse culpas y maquillaje.
Explora crueldades que incendiaron
el piso de su niñez. Para no ser
maltratada usa pistola.

Por cuestiones que no resisten análisis
hicieron una Isla -exuberante y exótica-
con pequeños objetos. Por ese final de ventanas
cerradas descubrieron que los atardeceres
tenían misterios que sólo juzgarán
otras existencias. Les mordió la mano la propia
muerte. Y sobrevivieron a la mano mordida.

Todo se mide en tragos cuando la alegría
visita al mar: al águila no le roba los huevos
una cualquiera. Ay, Chavela, nadie vive una vida
solamente aunque sea una la que comparte.

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