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Ayer me robaron

Nicolás Iglesias Publicado: 26 abril, 2017

Ayer me robaron. Sin que me diera cuenta me sacaron la mochila con la computadora adentro. Bah, ayer es un decir, fue hace como una semana. Bueno, como una semana también es un decir, fueron todos los días de mi vida desde que nací. Ayer fue esto. Hace como una semana me robaron en el supermercado con el valor inflado de cada producto, con los alimentos que vienen de la tierra, pero que son para la ganancia individual. Todos los días de mi vida me robaron porque alguien me hizo creer que hay sólo una opción en este mundo por vivir, que no me queda otra, que hay que ser egoísta, individualista y sólo acumular para uno.

Pero si, ayer me robaron mi mochila con todo adentro. Pero ya estoy acostumbrado a que me roben, sólo que no de maneras tan explícitas. Parece que pudiéramos aceptar el acto violento de excluir a los más pobres a la periferia pero no el robo de una cosa material concreta. Parece que podemos aceptar que la corporación ha atravesado la idea de clase social y que nos afecta a todos por igual bajo un triste lema de responsabilidad social empresarial.

Parece que la pregunta hoy en día se ha transformado. Ya no es más ¿cuándo acabará el capitalismo? Ahora es ¿cómo podemos hacer para vivir con él y no cagarla tanto? Al igual que los niños que hoy nacen (los llamados nativos digitales) no comprenden un mundo sin teléfono, e intentan pasar las páginas de un libro como si fuera una tablet, comprendemos el mundo de hoy como si las dinámicas de robo mediante el plusvalor siempre existieron, y pasamos las páginas de la vida construyendo edificios cada vez más altos con apartamentos cada vez más pequeños, y empresas de seguridad que te esperan en la puerta de tu casa para entrar. ¿Estaremos creando tanto nativos digitales, como nativos consumistas o individualistas? Socio-narcisitas (Levinas, 1961), dicen, por el enorme poder del conjunto para ir en un camino individualista (Paradójico, ¿eh?)

Estimamos que el origen del ser humano se genera unos 3.000.000 de años atrás, unas 176 mil generaciones antes que nosotros. Cómo nos vinculamos los unos con los otros actualmente surge hace unos 7000 años atrás, en una Europa de cultura patriarcal (Maturana, H. 2004), y se reafirma con las colonizaciones más o menos en el año 1942, cosa que hemos visto en la escuela. Pero esto quiere decir que antes de 7000 años atrás, unos dos millones novecientos noventa y tres mil años, existía otra forma de relacionarse, una forma que se basaba biológicamente en el recolectar y compartir (Maturana, H. 2004). Somos naturalmente seres que comparten.

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Cuando válidamente cuestionamos lo violento de la inseguridad no nos cuestionamos cómo estamos violentando nosotros primero separando, excluyendo, discriminado constantemente. No nos cuestionamos el valor histórico y biológico de este acto, es más, muchas veces ni nos importa. Y no es una cuestión de culpa, sino de responsabilidad como especie. Cuando alguien nos pide una moneda en la calle y nos negamos, no podemos dejar de sentir esa tensión que nos lleva en contra de nuestro proceso biológico. No miramos a los ojos del que nos viene a robar para empatizar con él, conectar y entender qué es lo que lo hace estar aquí hoy robándome, aunque sí lo hemos hecho toda nuestra vida con las grandes corporaciones que transforman al ser humano en herramienta, pero que no ponen las herramientas a función del ser humano.

No somos conscientes de todos los actos violentos que generan el acto violento de robar. Ir contra nuestra propia esencia como ser es un acto violento e inseguro. Y no catalogamos como inseguridad que te paguen una miseria haciendo horas extras, que si sos mujer te paguen menos, o que te pregunten raza, género o religión en algunos llamados laborales. No catalogamos como inseguridad que este sistema educativo esté organizado de tal manera que los grados alcanzados van posicionando jerárquicamente y paguen menos a los que menos grados alcanzaron, pero más necesitan trabajar. No consideramos inseguridad catalogar a niñ@s y adolescentes por su capacidad de obtener un número en una prueba. No catalogamos como inseguridad que utilicemos la palabra “pobre” como sinónimo de “lástima” (o peor, de “ladrón”), ni catalogamos como inseguros o violentos a aquellos que dicen “¡Qué bien que exista la represión!”. No catalogamos como inseguridad que desconfiemos de todos a toda hora en cualquier momento, que haya cada vez más rejas, alarmas y sistemas de “seguridad” que nos aíslan del mundo. No catalogamos a la seguridad como inseguridad.

¡¿Dónde están las cacerolas para esto?!

Generamos planes de gobiernos y ong’s que trabajan con los sectores de contextos más vulnerables. En estos nos atrevemos a visitar y a entrar en la intimidad de sus casas indiscriminadamente. Pero aun habiendo asumido que la pobreza es consecuencia de la desigualdad y de una mala distribución de recursos, ni siquiera nos atrevemos a pisar las casas de los barrios socioeconómicos altos y no hemos generado ni planes ni programas que apunten a esa población. ¿Esto no es inseguridad? ¿Dónde están las cacerolas para esto?

Que se haya creado “El club de los millonarios” aun cuando asumimos lo perjudicial de la desigualdad, ¿no es inseguridad? ¿o es que algunos perjudicados importan y otros no? ¿no me están robando acá también? ¡¿Dónde están las cacerolas?!

Ojo por ojo. Nosotros, uruguayos, que nos creemos tan liberales dentro de Latinoamérica, ¿cuál sería la proporción de la población que aceptaría la pena de muerte? Lamentablemente ya no son sólo preguntas, qué triste es ver cómo nos vamos matando los unos a los otros aunque sea con la palabra. ¡¿Esto no es inseguridad? ¿Y las cacerolas?

Si no vemos a los ojos del ladrón y del asesino empatizando en vez de condenando, seguiremos creyendo que tenemos una verdad y un estilo de vida que es superior a la de los demás. Que atemos y ataquemos a los que infringen por nuestra propia mano, ¿Esto no es inseguridad?

¡¿Dónde están las cacerolas? ¿Dónde?!

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Honestamente, entiendo que deberíamos cuestionarnos cómo medimos la paz y la seguridad (y si una cosa es sinónimo de la otra), pero ¿hemos dejado de confiar en la gente? ¿Hemos dejado que el miedo nos atrape y así desconfiar de todos y ya no poder mirarnos ni si quiera a los ojos? Me da tanto miedo que estemos creando nativos capitalistas, como nativos del egoísmo y del miedo.

Entonces, si me tienen que matar mirando a los ojos de un ladrón o un asesino ¡mejor!, y si morí confiando en el otro ¡mejor!, será una muerte significativa, transformadora. Porque confiar en el otro hoy es un acto de rebeldía. Entonces será una muerte rebelde, y amando, amando eternamente a ese que me mató. Pero no nos olvidemos que hay otras cosas que nos matan lentamente: una contaminación extrema, la acumulación extrema de riquezas, la soledad, el egoísmo. ¿Dónde están las cacerolas?

No nos damos cuenta de cómo nuestras vidas están conectadas. Muchos han perdido la oportunidad para encontrar a un ser humano más integral. No tenemos ni idea de cuánto mi vida se vincula con la de la persona que me roba. De que por esto la vida es maravillosa y trágica a la vez. De que nos destruye que no haya esta conexión, que es biológicamente opuesto a nuestro ser. De que asumirla, nos construye e inunda de plenitud.

¿Dónde están las cacerolas? ¿Y las alegrías?

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5 Comentarios

  1. Andrés ha comentado

    Buen artículo. Hay que volver a la escencia, simplemente. Ya con casi 40 primaveras sobre los pies, ya no estoy pala el trajin y los 3-4 trabajos detrás d los q hay q correr para tratar de sacar la vida santiaguina a flote. Lo q es yo, renuncié, me bajo. Estando n Alemania lo aprendí: VIVIR SIN DINERO.

    Menos es más, hacer menos, pero con más SENTIDO. Si al final es lo mismo. El q vive del sueldo minimo o no tiene uno, tiene al final el mismo (nulo) tiempo de disfutar lo q tiene (y la vida), que el q es gerente en Chile. Yo lo comprobé el día q m quedé en la casa d mi hermana (abogada) hace unos anhos en Chile. Y si al final es lo mismo, para q darles el gusto a estos sátrapas y su dictadura de Consumo?

    En Alemania lo aprendí: tengo 1 solo trabajo (fijo) de unos dias a la semana, un arriendo barato (aunq m lleve a vivir lejos del centro y sin lujos), como menos, consumo menos, menos gustos, no voy casi al super, uso mucho el trueque, cocino con amigos n ollas comunes, m muevo en bici, la ropa la cambio o me la dan y resulta! Y es, de paso, la única alternativa como artista, tmb, debo decirlo.

    Antes cuando tenia las 2 o 3 pegas, tenia plata, p eri nunca tiempo para mi arte. Hoy si. OJO, no estoy contra el Capitalismo, estoy contra el consumo exagerado y el MONETARISMO y materialismo actual, si, y de Chile tmb y su sociedad del “cuanto cuesta” todo (sin importar si ese “algo” es de buena calidad, nos hace sentido, tiene su historia, cultura, etc).

    Vivir sin dinero se puede, y no es un suenho, como nos quieren hacer creer. el hombre vivió siglos sin dinero antes. Chile es un pais muy gringo, ya es hora se den cuenta. No en todos lados la gente vende hasta lo que le sobra y todo lo ve con signo $$. En otros lugares lo donan o regalan. Sino trueque.

    Otro mundo es posible!!!

  2. claudia Astete ha comentado

    Gran reflexión…que agresivo el mundo que hemos creado, sumarse al acto de rebeldía frente al mundo y mirar a los ojos, con eso me siento millonaria.
    Gracias por la invitación a hacerlo diferente.

  3. Pilar Clemente ha comentado

    Interesante tu artículo aunque creo que la pregunta central es qué proponemos hacer y construir después del cacerolazo. A través de la historia, el ser humano ha desarrollado una cierta maestría en cambios de régimen, revoluciones, golpes de Estado, golpes de timón, caídas de monarquías, democracias blandas, duras y ni chicha ni limoná. Dar un cacerolazo es relativamente fácil, saber qué hacer después, es hoy una de las grandes incógnitas, ya que muchos sistemas parecen haber fracaso e igual dejan la sensación de “robo”. En cuanto a las antiguas mentalidades patriarcales, pienso que no es solo Europa. Imperios antiguos han subido y caído en muchísimas partes del mundo: los mesopotámicos, los egipcios, persas, mongoles, árabes, otomanos, incas, mayas, aztecas…en fin. Ninguno de ellos própició matriarcados ni tampoco libertades a granel. Algo pasa con la evolución del ser humano. Quizás, como insinúas, la respuesta está en las comunidades pequeñas y no en las megaciudades.

  4. Adriana Arenas ha comentado

    Muy bueno Nicolás. Cómo siempre nos haces pensar y mirar de una manera diferente o igual, pero que no volcamos en palabras y menos en hechos. Mi trabajo fue acudar a los que nos roban o matan……Pero enfocado a ese ser individual “el ladrón” “el asesino”, y muchas veces fue difícil mirarlo a los ojos, porque sabés que nadie hizo nada para cambiar ese destino. No es que uno los justifique o apruebe su conducta. Y fácil actuar pensando en que uno es quién defiende a la sociedad y hasta suena lindo y uno se lo llega a creer porque lo hace importante, te nombran y salís en los medios. Pero dónde están esos ojos que nunca podés mirar ni culpar, esos que nos roban desde las corporaciones, esos que no llegan al sistema judicial selectivo. Por eso hay que preguntarse ” dónde están las cacerolas?”. Felicitaciones Nico!!!!

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