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Blade Runner: lágrimas en la lluvia

Fidel Saavedra Bravo Publicado: 4 julio, 2017

En 1982, cuando Ridley Scott y los productores de Blade Runner asumieron que la película iba a ser un fracaso de taquilla, es probable que hayan derramado más de una lágrima al comprobar que en su primera semana de exhibición apenas recaudó 6 millones de dólares. El desastre financiero fue peor aún, ya que la recaudación total en su primer año fueron magros 33 millones de la moneda estadounidense, que apenas superaron los 28 millones que costó producir el filme.

Hoy, cuando se cumplen 35 años de su estreno, pocos se atreverían a cuestionar el estatus de Blade Runner como una de las mejores, sino la mejor película de ciencia ficción de la historia y de lo mejor que nos entregó el cine en la década de los 80. ¿Qué fue lo que salió mal, entonces?

Entre las causas del fracaso inicial hay que retroceder en el tiempo y recordar que Bud Yorkin y Jerry Perenchio,  productores que ponían los verdes, quedaron estupefactos cuando vieron la primera proyección privada de la película que habían financiado. Lo mismo pasó con los ejecutivos de la Warner Brothers, a quienes no les gustó para nada lo que veían y abiertamente dijeron que una película tan densa no era lo que esperaban y según ellos tampoco era lo que esperaba el público, acostumbrado como estaba a obras en la línea de Star Wars que ya habían llevado al estrellato a Harrison Ford.  Lo que siguió fue una pelea entre Ridley Scott, Yorkin, Perenchio y los ejecutivos de la Warner que querían una película de acción y no un manifiesto filosófico sobre el sentido de la existencia, la búsqueda de los orígenes y otros temas que Scott quería representar. Como ustedes saben, el hilo siempre se corta por lo más delgado y Scott tuvo que capitular, recortando escenas, incluyendo un final feliz y añadiendo la famosa y repudiada narración en off que Harrison Ford hizo a regañadientes para la primera versión, todo con el objetivo de minimizar el riesgo y controlar el daño que los productores intuían podría provocar a sus finanzas. No obstante, ninguno de los cambios que Scott tuvo que hacer salvaron a la película de ser un gran fracaso de taquilla en el año de su estreno.

Las cosas cambiarían radicalmente a partir del estreno en 1992 de la versión del director, cuando Scott, a partir de una copia de trabajo encontrada y restaurada por Michael Arik, autorizó a este a eliminar la voz en off, el final con Deckard y Rachel volando en un cielo luminoso y añadiendo y cambiando varias escenas que fueron descartadas inicialmente por los productores, la más notoria la de Deckard soñando con el unicornio. Para entonces, la película ya tenía estatus de culto y había sido alabada por críticos y estudiosos que la consideraban una de las grandes obras de ciencia ficción del cine contemporáneo. En el 2000, Ridley Scott tuvo finalmente control total sobre todos los aspectos del montaje y edición, y de las cuatro versiones que se conocen, ésta es la que el director considera la única realmente de su autoría.

Hoy, a 35 años de su estreno, y ad portas de una secuela, Blade Runner está cimentada como una de las películas capitales en la historia del cine y del género de ciencia ficción, y junto a “Alien” son en mi opinión las mejores obras de la filmografía de Ridley Scott. Blade Runner consolidó además el subgénero bautizado como neo-noir, y su huella está presente en muchas películas y series de TV posteriores, prueba de su innegable influencia e importancia. En cierta forma, las tribulaciones que tuvo desde su estreno inicial son una metáfora de la búsqueda del origen y sentido que sus personajes realizan en la pantalla, sólo que a diferencia de lo que ocurre en la sala no hay final abierto, sino el triunfo final de un clásico del cine moderno, para alegría de nosotros, sus fans incondicionales.

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