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La vocación social no existe

Nicolás Iglesias Publicado: 9 julio, 2017

La “vocación social” que tan en boga se ha puesto últimamente, refiere a esa característica del ser humano que le hace estar más o menos preocupado porque el otro la pasa peor que uno.

Nacemos en un mundo donde no hay escapatoria a la pregunta del sentido. La posibilidad del sinsentido de una vida muchas veces no entra en juego. ¿Para qué vengo? ¿Por qué existo? ¿Cuál es mi misión? ¿Cuál es mi vocación? Y además, ¿es social? ¿Qué quiere decir eso? ¿Existe alguna vocación que no sea social?

Es cierto que uno puede ir creándose determinadas perspectivas en la vida, metas o entendimiento sobre cómo nos realizamos como seres humanos. La muerte es, por sobre todas las cosas, la que más nos asecha en tal dilema. ¿Qué pasará cuando me muera? ¿Habré cumplido mi misión?

Estas preguntas, esenciales en la historia humana para las grandes transformaciones sociales, se han ido delimitando cada vez más a sectores más chicos de la población. Honestamente, algunos pueden preguntarse qué queremos de la vida y otros no. ¿Y qué pasa si mi vocación se ve truncada porque tengo que salir a trabajar? “¡Arre no más! ¡Que la vida es lo que toca!”, dicen algunos mientras otros contemplan años de terapia para entender su vocación. Y esta es una suerte, más que una suerte, una oportunidad.

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Vocación y profesión pueden ir de la mano. En general la sociedad mercantilista en la que vivimos te guía para que tengas una profesión como vocación. Porque la jerarquía es así: tan profunda en los inconscientes humanos que la carrera educativa nos ha generado un nuevo tipo de jerarquía, la jerarquía educativa. ¡Hey! No te olvides que si terminas el jardín, ya eres “más” que otro, y ya estás teniendo más oportunidades que otros. No, espera, no te sientas culpable, pero entiende tus oportunidades. La vocación se genera ahí. En esa carrera del ser humano a hacer de algo místico y con sentido, en conjunto con el poder y la jerarquía que nos empieza a dar el mundo educativo. Por lo tanto, mi vocación comprende parámetros sociales, culturales, pero sobre todo económicos.

Dios bendiga a aquellos capaces de encontrar su vocación en la pura bondad que le puedo hacer al otro. Pero todo el resto de las cosas ya no es sólo vocación. Si tengo la oportunidad de generar algo que los demás no pueden hacer, por las posibilidades que me ha dado la vida, entonces eso ya deja de ser enteramente vocación y se transforma, por lo tanto, en responsabilidad.

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¿Entonces… sería… responsabilidad social? Pues, tampoco. ¿Acaso existe algún tipo de responsabilidad que no sea social?

Que otro sufra, que tenga menos oportunidades que yo, y que yo desee radicalizar las mías para igualar un poco la situación, entonces, se convierte en algo… bueno… humano. Bajo todo este razonamiento, podemos decir que la supuesta “vocación social” no puede ser algo de algunos pocos, porque, si así fuera, serviría como excusa para aquellos que quieren evadir esta responsabilidad y otros no podrían alcanzarlo.

Amigos y amigas, la vocación social no existe. Existe dedicar mi profesión a eso. Existe la oportunidad de cultivar la sensibilidad para los más necesitados. Existe radicalizar mis oportunidades. Pero miremos al costado: que exista gente que duerma en la calle cada día se llama responsabilidad.

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1 Comentario

  1. Daniela Luz ha comentado

    Me encanta esta reflexión y me lleva a una enseñanza que Jesús nos dejo en la Biblia (Lucas 10:33-37) conocida como La Parabola del Buen Samaritano! No nos cansemos de hacer el bien!

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