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Blade Runner volverá

Alberto Cecereu Publicado: 25 agosto, 2017

Esta película de 1982, llevó a Philip K. Dick convertirse en un profeta de Hollywood, por su capacidad de traernos imágenes terribles y conmovedoras de la condición humana. El film, se basa en la novela de este autor, titulada “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, retratando un mundo en decadencia y superviviente de lo que queda de la lluvia radioactiva que se desencadenó en una terminal Guerra Mundial que destruyó gran parte de la civilización en el planeta entero. A partir de ahí, es que la población humana emigra a colonias en el espacio: una nueva etapa en la revolución industrial que combina nuevas formas de esclavitud, robots, y una nueva especie androides – los replicantes – que por su similitud simétrica al ser humano, son declarados ilegales. Los blade runner, son agentes de la policía que tiene como objetivo retirarlos de estas caóticas ciudades, donde ni las palomas sobreviven.

Los replicantes, son como la representación perfecta de Teseo, el mítico rey griego que derrotó al toro – o sea a la fuerza del destino y la brutalidad – y fue invitado al banquete de los Dioses. Los replicantes, son la combinación de belleza e inteligencia. Ridley Scott junto a los guionistas Hampton Fancher y David Webb Peoples, retratan con soberbio barroquismo y profundo lirismo, una película donde el protagonista es un blade runner contrariado por sí mismo y el mundo, Rick Deckard. Esa contrariedad, devela la naturaleza del ser humano, que es eclipsada por la maravilla de los replicantes, que poseen una estética sensual y un manejo del lenguaje teatral.

Sin embargo los replicantes son los nuevos monstruos del Dr. Frankenstein, especímenes que colocan en riesgo a la raza humana, que siempre con la finalidad de alcanzar la inmortalidad de la divinidad, son capaces de traernos el peor de los infiernos. Una frase de William Blake de su obra “América, una profecía” (1793), aparece como un detalle de terror: “Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc”.

Densa como la contaminación radioactiva de Los Ángeles y onírica como los viajes espaciales más allá de Orión, este film es una oda a la reflexión sobre la muerte y la insoportable levedad del ser, parafraseando a Kundera. Pero donde los humanos son quienes están apresados al sistema, enajenados y sin esperanzas, caminando solitarios en las fauces de la urbe sobrepoblada, mientras que los androides, son ellos los que miran al horizonte, los que se preguntan sobre el origen de la especie, su sentido y existencia, buscando su lado humano.

Hay una secuencia bellísima donde el diálogo se corona por una sentencia de Deckard: “¿Se acuerda de la araña que había en su ventana? Era naranja, con las patas verdes. La vio tejer una telaraña todo el verano. Un día puso un huevo. Luego el huevo eclosionó…” a lo que Rachel interrumpe diciendo: “Y salieron de él cientos de arañas… que se la comieron”.

Así son los replicantes. Reflexivos, metafísicos y también compasivos. Porque en la escena final, quizás unas de las mejores escenas que puede recordar el cine del siglo XX, Roy Batty, bajo la lluvia en una lucha descarnada por la vida y la muerte, Deckard está al borde de la muerte, pero Batty lo salva. Lo rescata con el sólo objetivo de demostrarle que el miedo es el sentimiento original de los esclavos – ¡vaya que declaración para nuestros tiempos! – y también para expresar la frustración que siente él como máquina de inteligencia artificial, cuando sentencia: “Yo… he visto cosas que ustedes no creerían: naves de combate ardiendo más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Con esa escena final, Rick Deckard desaparece.

Treinta años después – en una nueva entrega, “Blade Runner 2049”  dirigida por Dennis Villeneuve – el oficial K, otro blade runner, que tiene como objetivo conservar el orden de las cosas, descubre un secreto que puede devenir en la destrucción de lo que queda de civilización humana. Niander Wallace, fabricante de replicantes, anuncia algo que deberíamos constatar en nuestra Historia: “Cada civilización fue construida usando recurso de mano de obra descartable”.

Blade Runner es esa ópera fílmica que todo cineasta desearía realizar y que todo espectador espera de ver en la pantalla. Ahora vuelve con la continuación de la historia, que esperamos nos entregue la profundidad de la primera, la inmensidad poética de ese futurismo decadente pero tan esperable por los acontecimientos del presente. Una realidad que nos sobrepasa pero que nos está dejando inmóviles. Quizás, hemos perdido humanidad, reflexión y racionalidad. Por eso, Eldon Tyrell, el dueño de la compañía que fabrica replicantes, afirma “Nuestro lema es ‘más humanos que los humanos'”.  Para guardar algo de esperanza.

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