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El Futuro

Andres Rojo Publicado: 24 septiembre, 2017

Entre la falta de propuestas atractivas y la virulencia de los seguidores respectivos, la campaña electoral está resultando poco interesante y amenaza con disminuir la ya escasa participación de los votantes.

La forma en la que se desarrolla la tarea de convencer a los ciudadanos a votar por uno u otro candidato no contempla la argumentación para lograr que las personas se decidan a salir de sus casas y concurran a votar, acto que es visto cada vez más como un desagrado.

Ni siquiera la transformación del criticado sistema electoral binominal a uno proporcional, con la posibilidad de incorporar nuevos actores políticos, está resultando llamativo.

La impresión que da la campaña es que está dirigida por personas que saben mucho de publicidad y poco de política y menos de realidad; que a los candidatos les acomoda la posición de producto publicitado como un yogur.

La otra impresión que da la carrera electoral es que, sean del bando que sean, los políticos conforman una suerte de club social en el que hay un pacto para no competir en serio y menos para pensar en grande el país que se requiere, porque en este acuerdo de no darse codazos se conforman con un par de ideas generales sobre empleo y seguridad ciudadana, además de frases y sonrisas repetidas.

Es posible que esa sensación sea injusta pero es la real, y es la que lleva a las personas a desconfiar de la llamada clase política, porque en el imaginario colectivo son todos parientes o al menos amigos, y mientras ellos se entienden entre ellos el mundo sigue avanzando y Chile sigue desaprovechando sus oportunidades para ser algo más que ese exótico país al fin del mundo.

La modernización del país es un asunto urgente y estamos perdiendo el tiempo en discusiones artificiales y superfluas.  Es responsabilidad de todos, pero a quienes tienen el propósito de actuar como líderes se les puede exigir más porque nadie los obliga a hacerse cargo de la tarea.

El problema es que seguir con el rumbo actual significa un serio riesgo de acostumbrarnos a la mediocridad, renunciar a los sueños y mantener en la marginalidad y la falta de oportunidades a muchos compatriotas, mientras progresan solamente los que son capaces de trascender a la sociedad en la que viven y arreglárselas por sí mismos, ya que está visto que a lo único que se puede aspirar es a subsidios que se pierden cuando se mejora de condición social.

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