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15 años de América Solidaria

Nicolás Iglesias Publicado: 28 octubre, 2017

En el día 25 de octubre del 2017, América Solidaria, organización que me ha dado tanto, cumplía 15 años de vida. Ese mismo día, en vez de brindar con mis colegas y compañeros, me tocaba representar a la fundación en una feria laboral en el sur de Chile. Me pidieron un testimonio, este fue:

Hola buenos días. Mi nombre es Nicolás Iglesias, pertenezco hoy a un pequeño comité de América Solidaria en el sur de Chile, aunque antes trabajé como voluntario profesional de esta misma organización en Haití por un año y medio. Quiero decir antes que nada que es bonito estar acá hablando con ustedes en el mismo día que América Solidaria está cumpliendo 15 años de vida. Es gracioso celebrar el cumpleaños de una organización que bien en el fondo desearía no existir. Ya volveremos a eso.

Hoy vengo a contarles un poco mi experiencia transformando mi profesión, y no sólo mi profesión sino que también mi vida en un voluntariado, de los elementos positivos que eso me trajo, y de las problemáticas también. Esta experiencia se ve transformada por mi paso en Haití. Pero antes quiero empezar diciendo que en mi vida me ha atravesado una pregunta radical de la que todavía no encuentro una respuesta, y ojalá que con ustedes podamos ir develándola un poco más: esta es “¿Quién soy yo para ‘ayudar’ a otro?”.

dos

Cuando yo era chico mis padres me repetían constantemente dos cosas: primero, que pensara antes de hablar, aunque eso no tiene nada que ver, y segundo: “trata al otro como quieres que te traten”. ¿Al otro como quieres que te traten? ¿Cuántos de ustedes han escuchado esta frase? Hoy por hoy me doy cuenta que esto me marcó a fuego, ¿por qué? Primero porque me ponía del otro lado, del lado del que ayudaba, o “trataba” al otro, y segundo porque inevitablemente, y más inconscientemente al principio, siempre había algo que recibir, algo de vuelta.

Esta frase es muy parecida a otra frase que he escuchado mucho y que yo mismo he usado alguna vez: “fui a ayudar y me ayudaron a mí”, o “fui a misionar y me misionaron a mí”, “recibí más de lo que di” y así etc. Etc. dependiendo del contexto. ¿Y qué pasa si no recibo nada? ¿Si no me siento gratificado por mi trabajo o voluntariado? El voluntariado del día de hoy sufre de un individualismo excesivo donde parece que el dar por el dar se ha extinguido, puesto que si no me siento bien, si no me siento satisfecho y no encuentro placer en ello, entonces no lo hago, ¿para qué? Si no vine a esta vida a sufrir.

tres

Cuando era adolescente, y hacía voluntariados de construcción, o de educación, me sentía incompleto. Lo primero que me movía, es cierto, era mi propia realización, el sentir que estaba haciendo algo  bueno por el otro, el sentir yo mismo el abrazo o la gratitud de la gente. Pero eso inevitablemente se terminaba, tanto como por el plazo del proyecto o porque tampoco era necesario exigir eso. Y ahí dije: bueno, esto no es suficiente, habrá que trabajar por ello. Y decidí ser educador de párvulos, elemento que da para otra charla completamente.

Pero les cuento una anécdota. En mi tercer año de prácticas, me tocó ir a un colegio donde no nos llevábamos muy bien con las profesoras. Eso es común, claro, pero lo que me pasó fue que el último día de práctica no era nada especial, las profes y los niños no se percataban que nos íbamos, y era como si nunca hubiésemos pasado por ahí. En ese momento cometí un error. Cuando salimos al patio a jugar con los niños me dediqué a decirles que ese era mi último día y haciendo un fuerte énfasis en que los íbamos a extrañar. ¿Por qué esto fue un error? Esa noche miraba para atrás y me daba vergüenza entender que el paso por el colegio no fue sino una autosatisfacción enorme, y que no podía separar lo que daba de lo que recibía. Esperaba una respuesta de los niños diciéndome “yo también te voy extrañar”.

Luego de recibirme en el 2011 comencé a trabajar donde me quedaría varios años. Era un programa de gobierno en el que ponían escuelas de primera infancia en los lugares más vulnerables o pobres del país. Durante varios años numerosas veces tuve la posibilidad de postular e irme a África. Siempre postulaba y me arrepentía a último momento. Una vez postulé, inquieto lo hablé con la que entonces era mi guía espiritual. Le comenté que estaba bastante inquieto porque no creía ser lo suficientemente humilde. Me dijo algo: “Nico, la humildad siempre viene con la humillación”. Si bien esto es un poco fuerte, fue ahí donde me di cuenta de que no estaba preparado. ¿Quién quiere ser humillado en esta vida? Y sin embargo es la esencia vital del voluntariado porque nos saca de nosotros mismos. Poder aceptar que si uno trabaja, puede cagarla, puede no hacer las cosas bien, y es más, hay que cagarla constantemente. El asumir que le estamos errando frente al otro es entender que yo no soy más que el otro. Es más, a ver, hay que asumir que la venimos cagando desde que nacemos. El error es lo más humano que tenemos para dar a los demás. Mi error es lo mejor que tengo para darte.

cuatro

Muchas veces me he encontrado con este discurso: ah no, pero son tercos, desagradecidos, no agradecen lo que uno le va a dar, ¡pero mijo! ¡Si no es por ti que estamos haciendo esto, es por los demás! A ver, perdón, no quiero ofender a nadie, muchas veces es a mí mismo que me hablo ¿eh? Jaja.

Y ahora sí hablemos un poco de Haití, algo de contexto. A veces uno no entiende exactamente qué tanto afectará la historia del otro a la hora de encontrarnos, y qué tanto pesa lo que otros hicieron antes que yo. Haití es un caso ejemplar, pero perfectamente lo podemos ver aquí mismo en Chile.

Pero veamos el caso haitiano. Haití fue el primer país en independizarse de América, como tal ha sufrido la desventaja de ser el primero: los bloqueos económicos, culturales y sociales se han representado en numerosas dictaduras, invasiones e intervenciones internacionales. Hoy por hoy, luego de varias invasiones estadounidenses en el territorio, la invasión ha tomado la forma de intervención llamada cooperación internacional, solidaridad, o como quieran llamarle. Los haitianos se han visto constantemente intervenidos en su cultura por las ong’s y gobiernos internacionales que llegan a manejar al pueblo al igual que en algún momento, han visto caídos miles y miles de proyectos supuestamente cooperativos, pero con un aire colonialista, y que caen luego de pocos meses por falta de dinero o desconfianza en el pueblo. Entonces, cuando llegas a Haití, y te impactan los gritos de “Blanco! Blanco, dame un dólar”, uno necesariamente tiende a preguntarse ¿Soy yo Colón, cuando en vez de espejos por dinero cambio recetas de superación de la pobreza por aceptación, satisfacción personal y una foto para el Facebook? ¿No corremos el riesgo también de ser diferentes Colones en nuestros propios voluntariados trabajos allá donde yo vaya? Entonces, de vuelta, ¿Quién soy yo para ayudar al otro?

cinco

Me acuerdo de un día en que teníamos que presentar nuestro diagnóstico a la organización con la que trabajábamos. Me acuerdo perfectamente de ese día. Nos sentamos a presentar nuestros avances y cada palabra que salía de nuestra boca era analizada. Nos dijeron que estábamos estigmatizando a la población, de que estábamos haciendo lo que muchos otros habían hecho antes que nosotros: decir que todos los haitianos son pobres y lastimosos. Seguramente no fueron estas las palabras que usaron, pero de seguro fue así cómo me llegaron a mí. Fue un bofetazo en nuestra cara, después de meses de estar trabajando en el documento que queríamos presentar era hora de volver a empezar, de volver a revisar nuestro entendimiento de la cultura haitiana y nuestro mismo lugar en su historia.

¿Y saben cuál fue uno de los momentos más satisfactorios de mi paso por Haití? Me acuerdo que habíamos planificado un taller para las profes de una escuela sobre cómo la historia personal de cada uno afectaba a nuestro rol docente. Teníamos serias dudas de si esto iba a funcionar ya que la confianza era algo que nos había costado mucho meses ganar. Pero ahí estábamos. Muchas veces íbamos a las escuelas a estar horas y horas y acompañar a las profes, y hablar su idioma, y vincularnos con los niños y padres, y ¿para qué? Para luego entender que todavía no habíamos generado el vínculo suficiente como para que ellas confiaran en el espacio de construcción que estábamos queriendo realizar con nuestros talleres. Llegaban tarde, se molestaban, y aunque finalmente enganchaban era bastante frustrante. Pero ese día fue diferente. Creo que hubo un quiebre. Antes del taller estábamos haciendo tiempo y charlando con todos cuando de repente se acerca una profe y me dice: “¡Nico! ¿Quieres que te cuente un chiste?”, honestamente no me acuerdo del chiste pero sí de esa sensación de mirarla a los ojos y  poder compartir un espacio tan informal que nos hiciera a los dos tener la confianza para contar un chiste. Y fue uno de los talleres más hermosos les puedo asegurar.

¿Qué nos enseña esto? Volvamos a mirar los elementos influyentes en Haití. Si entendemos que el discurso es acción, debemos saber humillarnos, para abajarnos y entrar con el tiempo en el marco de confianza del otro para generar un trabajo más horizontal. Y miren, esto no es sólo en el día a día de un voluntariado, tiene que ver con todas nuestras concepciones que construyen realidad. ¿Qué es la pobreza y quién soy yo para ayudar al otro? ¿Es medible? ¿Es externa? ¿Es un problema? ¿Dónde está el verdadero encuentro con el otro cuando lo pongo en una categoría de “aquello que yo no soy”?

Para entender esto mejor tomemos por ejemplo otra palabra, como puede ser “libertad”. Imaginémonos hoy cómo surge la necesidad de uso de una palabra como libertad. O como conocemos realmente qué es la libertad. Evidentemente no puedo saber qué es exactamente la libertad si no conozco la falta de libertad, como no podría conocer la pobreza sin saber lo que es la no pobreza. Pero este razonamiento tiene un error ¿Cómo puede ser que sólo los oprimidos conozcan la libertad y los no pobres la pobreza? Debemos pasar de este razonamiento binario a un razonamiento vincular, que no catalogue al otro como pobre, sino primero como persona, y que genere un encuentro real.

Vemos que aquel que entra dentro de la categoría de pobreza es un problema a superar. El error no es que la pobreza como fenómeno estructural sea un problema, sino que alguien pueda decir “tú eres un problema y tú no”. Imagínense el trauma que pude llegar a provocar que constantemente te estén identificando a ti como un problema y no sólo como un ser humano o persona. Hablamos acá de la hiperseñalización del pobre.

La necesidad de orientar mi profesión hacia los sectores más necesitados lleva por un lado a que: es una consecuencia de muchas malas decisiones que se han tomado con el correr de los años y que han dejado a unos con menos oportunidades que otros, y por otro lado a esto, la hiperseñalización, que genera traumas. Yo, como voluntario, como ONG, como creador de política pública, etc. No puedo entender al otro como otro separado a mí, porque entonces sería aquel que yo uso y señalo para lo que yo voy hacer. El otro es una extensión de lo que yo necesito. Y por eso cuando nosotros presentamos el informe la primera vez, donde prácticamente hablábamos de lo mal que estaba Haití, todos saltaron a reivindicarse. Y gracias a Dios por eso. Claro, que había muchas cosas buenas, pero el lenguaje era vital en ese momento y no podíamos darnos el lujo de no cuidarlo y de cosificar al otro. Y esto le puede pasar a cualquiera ojo.

Tenemos que entender que el camino del voluntario no es el camino del héroe, sino el camino del antihéroe, que no busca ser más, que no busca el gesto gozoso de salir satisfecho porque estoy ayudando al otro, sino que el voluntario es ante todo consciente de la responsabilidad. De que si hay otros que están en condiciones de vida indignas, no se trata de vocación social, de ser un héroe, como muchos me han dicho antes de irme a Haití. Como decimos en muchas profesiones, o muchas personas “ah no, yo no tengo vocación social, prefiero los animales”, que no está mal ¿eh? Pero esa opción sigue siendo vocación social. Pero es otra cosa muy diferente ligar mis posibilidades, sean cuales sean, al voluntariado. Esto no se trata de vocación, sino de cuan responsables somos  como seres humanos.

seis

Y decíamos al principio que era curioso celebrar el cumpleaños de una fundación como AS que no quiere existir. Que ojalá no existiéramos, que no hiciéramos falta. Pero hasta entonces nos moverá siempre la responsabilidad que tenemos como personas frente a otras personas.

Gracias.

 

 

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