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Blade Runner 2049: Excelente pero no perfecta

Alberto Cecereu Publicado: 19 octubre, 2017

Ya anteriormente les había hablado del universo Blade Runner, y en definitiva de su matriz la película original dirigida por Ridley Scott y que marcó un antes y después en el cine de ciencia ficción. Ahora ya está estrenada su secuela, es menester realizar una crítica a esta cinta dirigida por el canadiense Denis Villeneuve.

Situada 30 años después de ese oscuro futuro distópico que retrataba a un mundo sobreviviente del colapso nuclear, observamos una sociedad sumida en las tormentas radioactivas, en el desenfreno sexual, y dominada por la cultura china y post-soviética. Pareciera que se solucionaron bastantes colapsos del año 2019 de la historia original: campos apoteósicos de plantas solares, kilométricas llanuras de cultivos transgénicos y sintéticos, granjas de proteína obtenida de insectos y una periferia de desechos y destrucción.

La realidad tangible es desplazada por la realidad virtual, demostrando una vez más que el humano se subsume en la reducción de su existencia triste, solitaria, subyugada a sí mismo. El humano, una vez más, no ve salida, sino que permanece encerrado en un círculo destructivo. Por eso, la inteligencia artificial y los nuevos prototipos de replicantes, parecen la esperanza. Del pasado quedan reliquias. La música, los libros, las mascotas, los adornos, son indicios que todo pasado fue mejor. Nos recuerda esa otra obra maestra que fue “Los Planetas de los Simios” de 1968, y así ambas nos advierte que toda civilización – construida por esclavos como lo dice el personaje interpretado por Jared Leto – decae en la degeneración y en el canibalismo de los demonios que se crean.

La cinta es una sucesión de fotogramas que rayan en la perfección, resaltando el dramatismo de la decadencia y la grandilocuencia de un Los Ángeles que parece interminable en su mezcla de publicidad y estructuras que unidas parecen anuncios propagandísticos sobre la salvación humana. Roger Deakins, nos regala una cinematografía maravillosa, donde juega con el dibujo con la luz, transformándose en un componente importante del guion mismo.

En esta entrega, nuevamente nos enfrentamos al recurso del “protagonista ungido con una misión de vida y salvación” que generalmente son usados en la narrativa distópica. Su fin es encontrarse a sí mismo y de paso redimir una causa común y solidaria. Ese papel lo cumple el blade runner K, interpretado por Ryan Gosling, que se debe enfrentar a varios antagonistas entre ellos Wallace (Jared Leto), el fabricante de replicantes. Aquí emerge un problema: ningún personaje es debidamente desarrollado y parecen ráfagas actorales para sostener el drama del protagonista.

Y otro problema: le falta densidad a la película. El drama ahorca los diálogos que podrían haber sido aún más profundos y líricos, por ende, la trama se ahoga en el perfeccionismo de sus imágenes. Hizo falta escenas icónicas como su película predecesora, y a pesar de que no nos soluciona casi ninguna duda que nos dejó la original, no abre nuevos cuestionamientos y reflexiones que nos puedan haber dejado instalados en un permanente mito fílmico.

Sin embargo, no seamos tan crucificadores. Blade Runner 2049 es una excelente película, que encumbra a Villeneuve, mantiene la inspiración de Philip K. Dick como las mejores del siglo XX, y te confirma una vez más, que más vale destruir la humanidad para dar paso a otra especie.

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