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Sobre campañas y canciones de propaganda política.

Juan Fredes Publicado: 12 noviembre, 2017

Estamos en una de las campañas políticas más tristes, desapasionadas, carentes de creatividad y sin propuestas claras que recuerda la historia chilena en los últimos 100 años.

No hay movilización social en torno a candidaturas, más bien indiferencia y resignación.

Los actos políticos de los candidatos se caracterizan por su discreción, no hay masas en las calles, todo se reduce a actividades marginales. La nueva ley electoral agrega incertidumbre, pero ello tampoco induce a un mayor interés.

Viendo las franjas electorales en la televisión abierta y escuchando la propaganda radial, se puede constatar la vulgaridad y la pobreza de la misma. Hay casi consenso entre los expertos que debe ser una de las campañas más anodinas y ramplonas que se recuerde.

Claramente nuestro sistema político atraviesa por una crisis profunda, con una desafección creciente de la población y un descrédito generalizado de la dirigencia.

Ello no siempre fue así. Ni la política y las campañas eran de una marginalidad absoluta como ahora y los líderes lograban movilizar a contingentes sustanciales de la población; y ello se expresaba con claridad en las campañas y la propaganda que la sustentaba.

La historia de las campañas políticas de los últimos 100 años nos da muestras notables de propaganda política que lograron identificar a generaciones y tradujo movimientos sociales que se expresaron en himnos y canciones poderosas y distintivas, que son parte ya de nuestra identidad nacional.

La campaña presidencial de Arturo Alessandri Palma, en 1920, que supuso la llegada de las clases medias urbanas al Gobierno, se apoyó en la utilización de la melodía de “Cielito Lindo” y que con letra de Juvenal Hernández, rector de la Universidad de Chile, dio impulso a un movimiento de masas relevante, que se tradujo en un gobierno reformistas, que redundó el Estado .

La letra es muy pegajosa y hay que imaginar que era cantada por estudiantes, oficinistas , trabajadores y profesionales liberales en apoyo a Alessandri:

Va en brazos de la Alianza

Cielito Lindo / el gran Arturo./ Y es natural con esto,/ CielitoLindo

triunfo seguro./ Una marca de fuego,/ Cielito Lindo,/ tiene Borgoño:

la de creerse libre,/Cielito Lindo/y ser pechoño.

Coro: Ay, Ay, Ay. Ay

Barros Borgoño,/ aguardase que Alessandri,/ Cielito Lindo,/ te baje el moño.

Una conquista haremos/ Cielito Lindo/ los radicales; / que todos los chilenos

Cielito Lindo,/ seamos iguales.

Los cronistas de la época llegan a afirmar que esta canción, profundamente anticlerical, llegó a ser más cantada que el Himno Nacional (Chile en el Siglo XX; Aylwin, Bascuñán, Correa et al, 1985).

Otra pieza de propaganda notable fue la Marcha de la Victoria, que celebró el triunfo del candidato del Frente Amplio Pedro Aguirre Cerda en 1936.

Pero quizás la canción de propaganda política más significativa que conozca la historia de Chile sea “Sol de Septiembre”, himno de la Marcha de la Patria Joven, el movimiento juvenil que aupó al demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva  como Presidente de la República. La canción, con aires que lo asemejan al Himno de Yungay de Zapiola, con letra de Miguel Arteche y música de Julio Amenábar fue más que un jingle, sino que un catalizador de una movilización popular que el país no conocía y que supuso la entrada en la escena político de un partido políticamente de cuadros técnicos católicos pero socialmente de masas, con fuerte apoyo de la juventud, los trabajadores y las novísimas clases medias, que buscaban la reforma política, social y económica del país, lejos del marxismo y de la experiencia cubana, pero tratando de superar los lastres del liberalismo, con un enfoque desarrollista.

“Sol de septiembre” claramente marcó a una generación.

Pero quizás lo más fuerte en cuanto a impacto y trascendencia en materia de canción de propaganda fue lo que sucedió en la campa presidencial de 1970. El himno de la candidatura del abanderado de la coalición de izquierda Unidad Popular, el socialista Salvador Allende, fue “Venceremos”, compuesta y musicalizada por Sergio Ortega Alvarado e interpretada magníficamente por músicos que integraron la Orquesta Sinfónica Popular. Venceremos en una especie de marcha, galvanizadora, potente, de fácil interpretación, que hace una síntesis de lo que se busca realizar la Unidad Popular  como coalición. Es un recorrido muy poético y bien armado, que logra emocionar y comprometer. Ha sido un himno imperdible en la izquierda chilena y hasta hoy se interpreta con emoción y devoción.

Sergio Ortega también fue el autor del otro himno que caracterizó el Gobierno de la Unidad Popular, “El Pueblo  Unido”, que ya es una canción universal de la izquierda y que desde una consigna logra dibujar macizamente las luchas populares. No debe haber ningún izquierdista que no haya cantado esta canción, surgida en el fragor de los intensos mil días del gobierno de Allende.

Otra canción muy significativa de este período y que si bien no es tan conocida como las dos anteriores, es la que argumenta más sólidamente el sentido y propósito del gobierno de Allende. Se trata de “Canción del poder popular”, de Luis Advis (el autor de la canta de Santa María) y Julio Rojas e interpretada por Inti Illimani.

Los primeros versos de la canción son una clara síntesis de la relevancia de la elección de Allende:

Porque esta vez no se trata de cambiar a un Presidente.
Será el Pueblo que construya un Chile bien diferente”

En la larga noche de la dictadura, los propagandistas del régimen también fueron capaces de generar música que diera batalla por conquistar adeptos y generar convicción, pero sus resultados no fueron felices y pocos pasaron del jingle más bien modesto y banal. La canción que mejor logró representar el gobierno de Pinochet fue “Alborada” (https://youtu.be/7eyqSZ9VAkc), con letras de Germán Becker y básica de Luis “Chino” Urquidi ( de Los 4 Cuartos), y que luego se transformó en una especie de marcha militar, torpemente ejecutada.

El fin de la dictadura está marcado por la campaña del No en el plebiscito del 5 de octubre de 1988. La música de propaganda política más importante y que representó una especie de gesta histórica que identificó a la mayoría del país, que movilizó activamente a la población, especialmente a los jóvenes, los profesionales y a los trabajadores. El Himno del No, logró transformar en una épica positiva y superar el carácter negativo del No. La campaña del no fue efectivamente una movilización alegre. Seguramente fue fuerte para los sectores más duros de la oposición, pues era una composición pop, que no hace alusiones a los duros actos de represión, sino que recurría a la emocionalidad y al reencuentro, desde una acción positiva y propositiva. El tema fue compuesto por Jaime de Aguirre con correcciones de Eugenio Rivera e interpretado por Claudio Guzmán y Rosita Escobar. Esta canción ligera, alegre y con un estribillo pegajoso, se ha convertido en el himno más recordado y querido por amplios sectores del país en las últimas tres décadas.

La campaña presidencial de 1989, que llevó a la Presidencia a Patricio Aylwin siguió con la épica del No. La canción Gana la Gente, interpretada por el integrante de Congreso Francisco Sazo, seguía la lógica de la canción del no, recurriendo a la emocionalidad, al reencuentro y haciendo alusiones a las históricas luchas del pueblo. Su estribillo, pegajoso y de fácil aprendizaje, fue el lema de toda la campaña.

De ahí en adelante no hay canciones ni jingles que logren recordarse y posicionarse como identitarios. Las canciones que acompañaron las campañas de Eduardo Frei y Ricardo Lagos no merecen destacarse, pues su composición es más que discreta. Pero fue en la campaña de 1999 donde se impuso el nuevo fenómeno de las canciones de nuevo estilo, muy sencillas y sin capacidad de comunicar mucho, pero si concentradas en una sola idea. Es el ejemplo de “Viva el Cambio”, el jingle de campaña de Joaquín Lavín, que estuvo a escasos miles de votos de conquistar la Presidencia. Su campaña, de nuevo cuño, mucho más popular, básica y sencilla, reposicionó a la derecha, ante el agotamiento evidente de la Concertación centroizquierdista.

Las campañas presidenciales de Michelle Bachelet se han destacado por sus canciones  muy directas y evocadoras, así como por resaltar los aspectos centrales de su propuesta. En la primera campaña, de 2005, la canción fue interpretada por Francisca Ancarola y era muy emotiva, lírica; en tanto que en la campaña de 2014 fue mucho más simple, en ritmo, contenido e intérprete (Leo Méndez en una especie de reguetón)

Las diferencias entre ambas campañas son muy evidentes.

Las campañas de Sebastián Piñera no se destacan por su aporte musical, pero eso ha sido la característica de las últimas campañas.

Lo que si es evidente es la pobreza musical de la última campaña. Sólo baste decir que la mayoría son jingles a partir de re escrituras de antiguas canciones ochenteras. Penoso.

La crisis de la política llegó hasta la propaganda.

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