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Acuerdos Básicos

Andres Rojo Publicado: 17 diciembre, 2017

Se ha dramatizado mucho con la elección presidencial, como consecuencia del afán de los dos candidatos por exacerbar las debilidades del adversario, y eso ha sido recogido por los respectivos partidarios que, sin dominar aún la ética de las redes sociales, han convertido las críticas en una guerra sucia y una cuestionada campaña del terror.

La verdad, sin embargo, es mucho menos grave.  Sin perjuicio de que ambos candidatos tienen visiones relativamente divergentes -alguien ubicado en los extremos del espectro político diría que son lo mismo- porque el país hace un par de décadas ya optó por un modelo económico y político bastante preciso: Economía social de mercado y democracia representativa.

Es sobre ese tronco que, diferencias más, diferencias menos, se ha desarrollado el país en las últimas tres décadas.  Se han hecho adecuaciones, correcciones, pero la esencia no ha variado porque hay un amplio consenso sobre este asunto.

Es cierto que hay un grupo aún incipiente que cuestiona estas definiciones, pero todo indica que la gran mayoría del país no tiene reparos de fondo a estos modelos.   Sí hay una creciente presión social por suavizar algunos aspectos del ordenamiento político y económico pero en la medida que se atiendan esas demandas y se hagan las correcciones pertinentes no se ve en el corto ni mediano plazo que existan las condiciones para un cambio de fondo, y mucho menos para un cambio brusco.

Precisamente el cambio del sistema electoral es una reacción a las quejas respecto de la rigidez del sistema de representación, y la reforma se realizó sin tensiones ni obstáculos porque todos los participantes entendieron que el poder no podía seguir siendo monopolizado solo por dos pactos.

No está en cuestión entonces en esta elección el modelo de desarrollo que se ha dado el país, sino los matices respecto de la forma en que se aplica, y eso significa que no hay más dramatismo que el propio de una elección reñida.

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