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Nuestro país, nuestra cultura.

Yasmín Navarrete Publicado: 24 diciembre, 2017

Los Andes es el cordón montañoso más largo del mundo, es la cordillera que delimita nuestro país.

Por él generalmente sopla un viento intenso, turbulento. La energía cinética de su movimiento cual kundalini pudiese pasar por nuestras columnas (dicen algunos monjes budistas), es la energía shakti que según el hinduismo limpia y sana los vórtices energéticos de nuestro cuerpo. Los Andes, dándole forma a nuestra geografía, es la columna vertebral que le otorga estructura a nuestro cuerpo/país… Aquella energía-viento que circula por nuestra geografía es la energía que sana, podríamos decir que somos sanadores en potencia, si nuestro cuerpo pertenecen a estas Tierras, quizás podemos asegurarlo con más ahínco.

Es así como Chile en su estructura geográfica se forma como un país de extremos: extremos climas, pero también extremas divisiones, y a pesar de tener ese potencial sanador, aún estamos divididos por dentro y por fuera, podría afirmar imperativamente como Vicente Huidobro dice en uno de sus manifiestos “basta ya de nuestras guerras adentro de nuestra piel o algunos pasos más allá de nuestra piel” como un grito que nos logre remover, despertar.

Polarización

Si realmente fuéramos conscientes de nuestra capacidad de sanar, veríamos la riqueza en la diversidad, aun cuando existan ideas sumamente diferentes, ellas delimitan el espectro de las múltiples opiniones que finalmente podemos compartir a pesar de no estar de acuerdo. Las palabras crean realidad y las opiniones hechas de palabras delimitan su propia narrativa. Luego si existen diversas narrativas, existen diversas formas de crear y de percibir los estímulos externos, de tal forma que podemos enriquecernos de aquella gama de visiones: más que mal el lenguaje que utilizamos es el mismo lenguaje que nos une, ya que crea puentes que nos relacionan de distintas formas pero que nos relacionan al fin y al cabo, para bien o para mal.

Nuestros verdaderos monumentos son las palabras, nuestro español rico en modismos, nuestro español que dejó de serlo para convertirse en nuestro lenguaje Chileno, ebulle en él el numen de nuestra poesía, desde la profunda verdad creativa que esencialmente crea identidad porque a pesar de las imposiciones externas, a pesar del neoliberalismo forzado, nadie ha podido imponer otro idioma a nuestro lenguaje: poético, metafórico.. Lenguaje que insinúa y que finalmente danza en la realidad de las dinámicas sociales, dándoles vida, reinventándolas como en un juego lúdico. La literalidad y frialdad se la dejamos a otros idiomas y ni siquiera podríamos darle cabida a dicha frialdad a otros contextos porque incluso haciendo ciencia (un área objetiva) hacemos poesía, creamos desde el mundo de las metáforas, desde el mundo de nuestro lenguaje que ya ha estructurado nuestros cerebros con esa rica inventiva que algunos llaman “ingenio chileno”. Decimos que poesía eres tú, porque desde cada uno nace nuestra propia interpretación, porque la objetividad pura no existe en la fantasía de separar al observador de lo observado, en aquel lugar metafórico donde se relacionan se encuentra la riqueza de nuestro lenguaje que co-crea.

Poesía que sana nuestros espíritus, ergo nuestra materialidad, nuestros cuerpos del materialismo y positivismos despiadados que han negado al sujeto, al no involucrarlo en su propia experiencia de la cual participa al modificarla activamente, creativamente.

Estamos entonces invitados a crear la realidad que soñamos, a darle cuerpo y forma a nuestros poemas, a nuestros sueños e ideales hechos realidad, sanándonos a través del diálogo, a través de la palabra para lograr sanarnos e integrarnos a la riqueza de nosotros mismos, a la riqueza de nuestro país que conoce sus ideales y que es capaz de darles forma de manera activa, de manera creativa.

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