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La Mujer del César

Andres Rojo Publicado: 14 enero, 2018

Dice la historia que Pompeya Sila, la segunda o tercera esposa de Julio César (según cómo se lleven las cuentas), en su calidad de esposa de la primera autoridad romana, le correspondió organizar una celebración religiosa reservada a mujeres, pero un enamorado de ella ingresó disfrazado.  Nunca se probó culpa de la dama ni existencia siquiera de la infidelidad, pero César la repudió y se divorció argumentando que la mujer del César no sólo debe ser pura sino que además debe parecerlo.

Es probable que Julio César simplemente haya aprovechado la oportunidad para deshacerse de su mujer, pero la frase quedó como resumen de la necesidad de observar un comportamiento ético, y al mismo tiempo, evitar las sospechas sobre cualquier comportamiento reprochable, aun sin pruebas para una acusación formal.

Evidentemente, la prevención requiere que el potencial acusado sepa en qué terreno se desenvuelve, porque la inocencia o la ignorancia no sirven para responder las sospechas.   Vemos en nuestros días y en los más diferentes ámbitos que se responde al cuestionamiento público con un simple “no sabía” o un “no veo maldad en mis actos”.   Sin importar que la excusa sea creíble, no es suficiente y siempre lo mejor será evitar este tipo de situaciones en las que resulta más sencillo y automático pensar mal.

Ya está dicho que en la sociedad actual se tiende a olvidar la ética en favor del simple cumplimiento de las prohibiciones legales, porque no importa que un acto parezca reprochable si no está expresamente sancionado.   La mujer del César agrega otra dimensión a la responsabilidad de quienes gozan, directa o indirectamente, de los beneficios de los cargos públicos: La necesidad de evitar la simple sospecha, sin base alguna ni prueba, de prevenir las habladurías y las interpretaciones erróneas.

El problema es que quien lleva mucho tiempo disfrutando de un puesto de honor en la sociedad suele olvidarse de la manera en la que piensa el ciudadano común, y se le va haciendo cada vez más difícil entender la manera en la que operan los juicios sobre su persona.   Es muy sencillo: La autoridad nunca satisface a todos, siempre tiene un interés personal oculto y quiere un trato diferenciado.

No es que sea justo o no, es simplemente que de esa manera actúa la psicología de la masa: La autoridad está para cumplir con sus funciones, pero también para recibir todas las expectativas y frustraciones de los ciudadanos.   Por eso es indispensable que cuide su comportamiento ético hasta en el más mínimo de los detalles.   Por eso es importante que sepa las exigencias del cargo antes de postular.

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