SITIOCERO

Victoria Uranga HarboeMalucha PintoRebeca Araya BasualtoMauricio TolosaMariluz SotoAndres RojoCarolina CádizAlberto CecereuAlejandra YermanyPatricia MoscosoFesal ChaínMagdalena RosasJosé Manuel VelascoJuan FredesGustavo Adolfo BecerraSergio ArévaloMaría del Pilar ClementeCarolina FerreiraVerónica Grünewald

Rap en el parque

Patricia Moscoso Publicado: 13 enero, 2018

¿Le gusta el hip hop tía? me dice el adolescente que está a mi lado con un jockey negro dado vuelta y una sonrisa de oreja a oreja.

– Sí, cuando es bueno como el de ellos- le respondo, sin saber si ese “tia” es inclusivo o no, e indico a los chicos que están al centro del círculo moviendo la cabeza y agitando los brazos, mientras las palabras van saliendo veloces de sus mentes y bocas en esta competencia que congrega a un público cada vez más numeroso, bajo los árboles del Parque Bustamante

Cae la tarde en el Parque y la temperatura de verano todavía no da tregua. Hace un rato, en Lastarria, hablaba con una amiga acerca del agotamiento de las representaciones escénicas formales, del clisé de los nuevos lenguajes, la copia, la reiteración, los proyectos Fondart que prometen mucho y que luego son un fiasco arriba del escenario, aventurando que quizás el entusiasmo y la creatividad han migrado a otros espacios cuyos flujos no conocemos… Y entonces me he detenido en esta esquina queriendo saber qué hay en medio de un gran círculo de público  que sigue respetuosamente la representación de “algo”.

 

rap1fb

El escenario parece un cuadrilátero de ring y un animador al centro levanta los brazos cada dos o tres minutos marcando el tiempo y midiendo la velocidad de las repuestas y la calidad de la improvisación, mientras suena la música desde uno de esos amplificadores que todo rapero que se precie lleva consigo.

Los que van ganando la competencia deben tener entre 15 y 18 años y su apariencia no responde a la imagen del rapero del Bronx, ese de los pantalones caídos y la polera unas cinco tallas más grande, aunque su fraseo va en la línea del género que comenzó a hacerse popular hace más de 40 años y que  más que una moda fue una respuesta política a la destrucción del tejido social en la multicultural NY. Quizá también aquí y ahora ocurra lo mismo y el resurgimiento de esta forma de comunicar sea la contraparte de tanto debate político pauteado, aburrido y vacío.

Trato de entender lo que dicen quienes están al centro del ruedo, esos dos contrincantes que se enfrentan frase a frase, y escucho un diálogo sobre  droga, delirios, éxtasis, la lucha entre el bien y el mal. El relato parece sacado de algunas escenas de Transpoiting, aunque de seguro ellos estaban naciendo cuando la película fue exhibida en cines.

Me deja alelada esa narración en primera persona de experiencias vividas o no. Y al mismo tiempo me gusta esa facilidad para ir improvisando, escupiendo, con rabia, ironía, desparpajo. A cada intervención sigue un aplauso, mientras el conductor de la competencia repite metódicamente ¡Tiempo! determinando quien se queda. Parecen gallitos de pelea en el ruedo, pero aquí no salta sangre a la cara de los espectadores, sino polvo que brota del suelo cuando uno que otro integrante del público se entusiasma y zapatea ante el veredicto.

El círculo se agranda y se forman otros grupos más pequeños, cada cual con su música. Uno que otro joven de origen afro se agrega a la rueda, pero ninguno entra aun al improvisado escenario. Pasa un vendedor de “quequitos mágicos” y una recolectora de latas de cerveza, que da vuelta un basurero con gran estrépito para  luego compactar el contenido que va metiendo metódicamente en su saco.

El sol comienza a desaparecer y una buena parte de los chicos y chicas vuelven a sus casas calle arriba y el parque comienza a retomar su fisonomía habitual. Sobre un edificio asoma la luz incandescente del letrero de champán Valdivieso, con su botella que se descorcha una y otra vez desde hace más tiempo del que recuerdo, en una imagen que quedó fija aunque haya cambiado la copa ¿Cuántas generaciones han crecido mirándola? ¿Cuántos cambios sociales y políticos han ocurrido mientras su oferta de disfrute permanece impasible, como una aporía más del devenir cotidiano?

Intento hacer un rap sobre el aviso; pero como dice el manual “el rap es algo más que decir algo que rime”. Es un fluir de palabras que tiene que ver con un ritmo y los chicos que vi en ese círculo tenían ese flow, dominaban el beatbox y tienen algo nuevo que decir . No es poca cosa.

 

 

 

98 Personas han leído este artículo


Escribe un comentario

Los campos marcados con * son requeridos