Compartir

Sin que hubiera un acuerdo previo ni una planificación, en distintas plazas del mundo mareas de ciudadanos descontentos con la situación en sus respectivos países han salido a manifestar su descontento, sin promover ni cuestionar a un sector político determinado sino al conjunto de un sistema político y económico que no es capaz de responder a las necesidades y esperanzas básicas de las personas.

Este es un fenómeno relativamente nuevo y aún está por verse hacia dónde encaminará sus pasos, pero ya es atractivo para la gente interesada en la política que las manifestaciones de las personas pidiendo democracia se produzcan tanto en las naciones árabes como ahora, en estos días, en España, del mismo modo que ocurrió años atrás en Argentina bajo el lema “que se vayan todos”, en alusión a una clase política que había sumido a esa nación en una de sus peores crisis financieras.

Hasta donde se sabe, no se piden medidas concretas ni se critica a un grupo partidista en particular, sino que sólo se demanda más democracia y un sistema económico más justo, y eso tiene ya una traducción a los hechos que pasa posiblemente por las ideologías de quien haga la interpretación.  Tampoco se organizan a través de los canales partidistas habituales, sino directamente por medio de las redes sociales y dejando absolutamente de lado a los partidos que se han visto sorprendidos por estas expresiones de descontento espontáneas en su origen.

Por otra parte, hay quienes descalifican estas manifestaciones de insatisfacción popular como síntomas de anarquía, como modas vacías e incluso como muestras de esnobismo, pero sin duda el alcance que han tenido estos movimientos, siendo que por lo general no hay liderazgos visibles sino solo una convocatoria autogestionada a través de las redes sociales, confirma por lo menos que responden a una inquietud real en esas sociedades.

También es interesante constatar que las demandas de estas manifestaciones no responden a aspectos puntuales del ordenamiento político y económico de esas sociedades ni exclusivamente a asuntos vinculados con la calidad de vida, sino que apuntan a las condiciones generales que determinan que existan condiciones de injusticia y desequilibrio, siendo que aparentemente se trata de naciones en las que existen democracia y un modelo económico moderno.

Como se trata de un movimiento relativamente nuevo, se ignora cómo se produce el siguiente paso, es decir el momento en el que se han aceptado los cambios exigidos y -se supone- que se responde a las críticas.   En el caso de Argentina, con el “que se vayan todos” cayó el Gobierno de ese momento, pero al poco tiempo volvieron al poder otros rostros de esa misma clase política que provocó el descontento popular.   Si se trata sólo de denunciar sin propuestas concretos ni tener una organización capaz de asumir el gobierno, estos movimientos parecen ser poco relevantes, pero aún es pronto para poder responder a este asunto.

 

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *