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Habitualmente se dice que el ejercicio de la política es sin llorar, o que hay que tener el cuero duro, pero en estos días se está viendo que muchos lloran porque los acusan de errores en relación a la conducta tenida tras el terremoto del 27 de febrero de hace dos años.   Las acusaciones parecen ser peor recibidas en la medida que se las interpreta como un intento por manchar la fachada supuestamente inmaculada de figuras que han sido encumbradas por sus partidarios casi a la categoría de dioses.

Unos acusan que las autoridades de ese momento -doce días antes del cambio de mando- lo hicieron mal y que por su responsabilidad no se emitió una alarma oportuna para salvar a parte de las personas que murieron por el tsunami.   Los defensores de estos responden que son las Fuerzas Armadas las que fallaron, además de agregar que las autoridades que asumieron después no han avanzando en la reconstrucción todo lo que se debió haber hecho.

Ambas partes reconocen, como para terminar de redondear la descripción de los hechos, que este tema será relevante para las próximas elecciones municipales, es decir que acusan y se defienden por un interés electoral y no necesariamente por aclarar las responsabilidades políticas, administrativas, civiles y penales que les puedan caber a unos y otros.

También se llora cuando detonan reclamos ciudadanos, a pesar de todas las señales previas respecto a la disconformidad de la gente, porque es una forma de llanto decir que las protestas están orquestadas desde Santiago o que la gente alega porque no está informada de los beneficios que reciben.

Siempre parece ser mejor buscar excusas y culpar a otros que reconocer que uno es el que comete los errores, como si se tratara de ocultar que todos somos humanos y nos equivocamos.  Otra cosa es el delito, que requiere la intención deliberada de aprovechar una situación de poder para beneficio propio, pero errar es algo distinto de la que nadie está libre.

Es posible que muchos crean que las personas que han sido electas como autoridades no se equivoquen jamás y de hecho ellos mismos han reforzado esa creencia prometiendo un nivel de eficiencia que refleja dos posibilidades: O de verdad creen que están libres del error o piensan que sólo con mentiras es posible conseguir la adhesión ciudadana necesaria para alcanzar el poder.

Sin duda que no sería necesario que los actores políticos lloren si pudieran llegar a aceptar que son humanos, que se pueden equivocar y que el error los hace más humanos.   Les haría bien un poco de humildad y de capacidad de escuchar a la gente de a pie.

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2 Comentarios sobre “Los Dioses

  1. Andrés: comparto tu punto de vista, y añado: en Chile, desde los inicios de la República, hemos optado más por la institucionalidad y la obediencia, el “orden social”, antes que la libertad, y sus celadores han sido las fuerzas armadas/policiales. La clase política, esa casta privilegiada, vela por sus propios intereses y se mira el ombligo.
    Los movimientos sociales o ciudadanos van in crescendo, así como los planes represores que están a la vuelta de la esquina. Organización civil es clave como contrapeso. Saludos cordiales.

    1. Enrique, lo que es interesante en estos tiempos es que gracias a las nuevas tecnologías de las comunicaciomes, los movimientos ciudadanos pueden hacerse oir mejor que antaño. Si basta o no con eso, está por verse.

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