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Hace algunos años recuerdo haber visto el famoso cartel que homologaba la orina con el humo del cigarro, y en su momento me causó gracia aparte de encontrarle la razón. Hoy el tema ya no es un cartel en un negocio de barrio, es una ley desde el Estado y definitivamente no me causa gracia alguna.

Somos un pueblo acostumbrado a las soluciones parche, al facilismo y a delegar todo lo que implique una responsabilidad personal inmersa en un colectivo social. Y bajo esta lógica entendemos que en nuestra inmensa incapacidad propia necesitamos de leyes que nos “eduquen” y en caso de no cumplirlas, que nos “castiguen”, al igual que un padre lo hace con un crío desobediente. No beba si conduce, no fume porque a otro le puede molestar, coma sano, y una serie de leyes para disciplinarnos como buenos ciudadanos y que a fuerza de multas nos “eduquen” en como vivir mejor. De esta manera transformamos el concepto salud, educación y respeto en un abstracto que debe ser aplicado por fuerza de ley, desentendiéndonos de nuestras propias responsabilidades (y capacidades), del respeto social, de la vida en comunidad y algo mucho más grave, profundizando el individualismo negativo que el ideario neo liberal promueve, desentendiéndonos de cualquier sentido de comunidad y respeto hacia los otros.

Así, la imposición de conductas desde la represión del Estado no solo profundiza el individualismo negativo y la atomización social, sino que nos hace susceptibles a aceptar ciegamente lo que es “bueno” para nosotros, lo que es “positivo” para la salud, lo que es bueno para nuestra “seguridad”, deformando consideraciones básicas que necesariamente deben nacer de la interacción diaria y de una conciencia de base. Cubrimos y parchamos de esta manera, con este tipo de leyes, problemas estructurales graves como lo es en el ámbito sanitario, generando una falsa sensación de “salud” por limitar represivamente una conducta que con un mayor sentido de comunidad y respeto se debería dar de manera natural. Optamos por lo fácil, aceptamos lo fácil, tácitamente estamos aceptando que nos impongan conductas, lo que hacemos, lo que comemos, lo que vemos en la TV, lo que escuchamos en la radio, todo lo que debiese nacer de nuestra interacción diaria, del respeto hacia el otro y de nuestro sentido de comunidad. Se lo dejamos cómodamente al  congreso, al Estado, mientras nos quedamos satisfechos pensando que ahora enfermaremos menos, que la gente beberá menos alcohol (y que a punta de multas seremos más conscientes), que comeremos sano, que nos respetaremos más, mientras seguimos teniendo un sistema de salud paupérrimo, 45 minutos de colación para comer saludablemente, abusos en las jornadas laborales, rotación de personal, estrés, polución, etc., etc.

Sigamos encerrados en nuestras casas esperando que saquen una nueva ley para hacernos más educados, más respetuosos, más sanos, mejores personas, una magna ley para vivir mejor.

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4 Comentarios sobre “Ley Antitabaco. La salud impuesta con fuerza de ley.

  1. Entiendo y comparto en parte tu punto de vista, pero creo que no hay que meter todo en el mismo saco (educación, salud, etc.). Cuando fumas en un lugar público cerrado, estás pasando por encima de los no fumadores (convengamos en que dividir por áreas no sirve de mucho…), ¿quién cede entonces?, en este caso el fumador, otras personas no tienen por qué aguantar el olor a pucho, principalmente por un tema de salud. Hay leyes que sirven más, otras menos, pero ninguna es gratuita. Mi libertad no tiene por qué perjudicar a otros, sólo a mi mismo.

    1. La salud parte de una premisa básica que es la educación y el entendimiento de que la salud pasa inevitablemente por una serie de factores económicos, educacionales, habitacionales, culturales, etc. y no es para nada solo la ausencia de enfermedades. Por lo mismo es imposible no meter todo dentro del mismo saco. Más allá de un tema de libertades existe un tema de normas sociales nacidas del respeto y la convivencia en comunidad. Lo que entendemos como el respeto a la libertad del otro lo estamos haciendo en la limitación de la libertad de fumadores y no fumadores a través de una ley que para nada genera consciencia, si no que solamente reprime una conducta sin la más mínima intención de generar salud. Mientras más validemos este tipo de actos más estaremos delegando nuestras libertades, dejando que incluso el respeto y la tolerancia sean impuestas por ley.

      1. Claro, tratar cualquier tema desde la educación y el entendimiento es lo ideal, estamos de acuerdo. Si toda la sociedad funcionara así, al margen de las normas sociales y el respeto, casi no necesitaríamos normar con leyes. Lamentablemente el hecho de que una persona sea fumadora tiene tantas aristas, que es muy difícil abordarlas todas para generar un cambio efectivo (educación, entorno social, familiar, genético, cultural, laboral, aspectos psicológicos personales [estrés, ansiedad, depresión, consumismo, placer, etc.] y es por esto que sólo en este caso me parece que la intervención de las leyes como mediadoras es necesaria.

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