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Es llamativo cómo hay actividades que explotan a otros animales que mantienen a lo largo del tiempo un prestigio incólume. Pensé que los zoológicos eran los más cercanos a tener una imagen favorable por parte de las personas, ahora me doy cuenta que no había pensado en la hípica.

La razón que me motivó a escribir esa columna, es que el senador Francisco Chahuán (RN) junto con otros legisladores está promoviendo un proyecto para modernizar la Ley General de Hipódromos que data del año 1978. Entre las iniciativas está permitir la transmisión en vivo de carreras de fina sangres que se corran en el extranjero para crear un fondo nacional de apuestas a distribuirse en cinco principales centros del país. Se busca también subir los premios a corredores y preparadores. Y lo más increíble, la eliminación del 3% del impuesto a la hípica. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, informó a los jinetes de este cambio en la ley que es un “hecho histórico y que refleja el compromiso del Gobierno de apoyar a esta industria y a las cerca de 140.000 personas que directa e indirectamente participan de ella”. Simplemente indignante.

La motivación de Chahuán, en sus propias palabras, es promover este proyecto en recuerdo de su padre que era propietario de caballos y amante de la hípica. Es decir, con un evidente conflicto de interés, quiere invertir en un negocio donde se explotan animales con los recursos de todos los chilenos. Se está promoviendo un proyecto de ley a través de sentimentalismos, en vez de utilizar los recursos en cosas más positivas y que benefician a más personas como la educación o la salud.

Estamos tan acostumbrados a ver en la publicidad de diversos medios de comunicación los resultados de este “deporte”, que nos termina pareciendo absolutamente normal e incluso llegan a conmover las historias de vida de los jinetes con sus “amados” caballos. Lo puse en comillas porque el amor no puede ser igual a posesión, no puede basarse en la utilización del otro para beneficio personal, el amor se basa en querer lo mejor para el otro, en teoría.

Pero es falso, el jinete por mucho que crea que ama a ese ser perteneciente a otra especie, lo único que hace es explotarle y sacarle un provecho económico. Ese ser, que tiene sus propios intereses, es subordinado para dedicarse exclusivamente a correr para ganar competencias con todo el sobreesfuerzo que esto significa. Algunos pensarán que no hay nada de malo en esto, el problema moral está en que ese ser sintiente nunca debió ser obligado, así como tampoco podemos verificar que apruebe que hagan eso con él. Simplemente no tenemos derecho alguno en usarlo para nuestros intereses.

Si bien la explotación en sí es algo que debemos rechazar tajantemente, sucede que esta actividad tampoco está exenta de sufrimiento. Creo que todos hemos podido ver por la televisión los “accidentes” que tienen los caballos. No nos engañemos, ese individuo se destrozó uno de los tobillos porque se les obligó a correr a velocidades extraordinarias, soportando el estrés que le causa su jinete para que llegue primero a la meta. Como no resulta conveniente que un caballo de carrera se lesione de forma severa, es más simple arrebatarle la vida. El jinete se lamenta porque perdió una importante fuente de ingresos.

Y la historia de un caballo utilizado en la hípica puede ser muy terrible. Este ser a temprana edad es separado de su madre, la cual seguirá siendo inseminizada reiteradamente para satisfacer la producción. Debe pasar una vida solitaria, aguantando pacientemente que todos los especialistas lo preparen para ser un ganador. Entrenando duramente desde pequeños. No deben decepcionar a su “dueño”, el que tanto lo adora mientras gane.

La realidad es dura y no provechosa para esos seres que sienten y sufren como tú. Si somos capaces de ponernos en su lugar, entenderemos por qué es tan importante que respetemos su vida y su libertad. Un caballo es un animal que no puede ser rebajado a la categoría de medio de transporte o forma de entretención. Eliminemos la discriminación por especie de nuestras vidas, rechacemos la hípica y todas las actividades donde los animales no humanos sean utilizados.

 

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Alguien comentó sobre “La inmoralidad de la hípica

  1. Hola, Leonardo:

    Ya que nadie lo ha comentado, lo haré yo. Su artículo es claro, conciso y muy didáctico para expresar por qué la hípica es tan injusta como cualquier otra forma de explotación animal. La enorme utilidad histórica del caballo, su actual desconexión con la gente urbana y la retroalimentación ejercida por la publicidad y las películas hacen creer en la existencia de algún tipo de vínculo o unidad en donde realmente hay un esclavo que obedece por miedo o alienación comportamental al haberse criado cual objeto.

    Por mi parte, el conocimiento de estas prácticas tan bien vistas a la par que desconocidas en sociedad, fui escribiendo una serie de artículos para incidir en los aspectos morales. Quisiera dejarle uno que se complementa con el suyo:

    http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/resulta-etico-montar-a-caballo/

    Un saludo amistoso.

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