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Ya está dicho en muchas ocasiones que el sistema electoral binominal chileno -y como consecuencia todo el sistema político y de partidos- impone la polarización de la sociedad, creando una realidad en blanco y negro sin matices intermedios en que los partidos no son competidores sino prácticamente enemigos mortales.

Es el efecto de la centrífuga, que fuerza a las corrientes políticas a alinearse en dos únicos bloques, y como el binominal afecta la posibilidad que sobrevivan los partidos de Centro, que hacían antes de fiel de la balanza con el sistema proporcional, el efecto es que este alineamiento se realiza en posiciones contrapuestas y cada vez más extremas.

En estos días hemos visto un ejemplo claro de este fenómeno con la rendición de Renovación Nacional a la imposición por parte de la Unión Demócrata Independiente de la candidatura presidencial en la Alianza.

En la Concertación –ahora Nueva Mayoría- ha sucedido lo mismo en perjuicio de la Democracia Cristiana.   Después de dos períodos presidenciales dirigidos por la DC en aras de la gobernabilidad y de asegurar la transición de la dictadura a la democracia, se sucedieron dos presidentes socialistas, y ahora todo parece indicar que vendrá un tercer mandato para una figura socialista y, lo que es más indicativo de la polarización de las fuerzas políticas, la Democracia Cristiana no parece tener el peso necesario para colocar un candidato presidencial y tuvo que afrontar la humillación de que su representante saliera tercero en las primarias, detrás de un candidato como Andrés Velasco que no tenía un partido detrás.

¿Qué se hace en estos casos?  ¿Hasta dónde puede llegar el efecto de la centrífuga?  Hay un dato que nadie ha mencionado.  Siempre se considera a un gobierno exitoso como aquel capaz de entregar el poder a un sucesor de la misma línea.  El caso es que el Presidente Piñera (RN) ha sido el primero en proclamar como candidata a Evelyn Matthei (UDI).  Se puede argumentar que ambos pertenecen a la misma coalición, pero no se puede desconocer que estos dos partidos tienen diferencias profundas y una convivencia cada vez más ardua, por lo que se podría cuestionar que el Presidente le pase el testimonio a alguien de su misma línea.  Hay que recordar incluso que ambos tuvieron una confrontación hace años con acusaciones que terminaron en los tribunales e involucraron al Ejército en una maniobra de espionaje.  Se podrán haber reconciliado, pero es evidente que no son lo mismo.

La imposición de la candidatura de la UDI se ha hecho de una manera que augura que estas dificultades irán en aumento, así como lo fue el predominio del mismo partido en la actual administración en desmedro de Renovación Nacional, el partido del propio Presidente.

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